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| Nº 774 - 11 de febrero de 2008 |
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La Conferencia Episcopal, ¿correa de transmisión del PP?
por Santiago Carrillo E n uno de sus discursos electorales, Mariano Rajoy venía a decir que los socialistas se dedicaban a criticar a los obispos, mientras él se ocupa de problemas cotidianos de la gente de a pie. Oyéndole en televisión pensé: este hombre, ¡cómo se parece a un obispo español! Podría ser Cañizares o Rouco o Camino... con sólo colocarse la casulla y el solideo apropiados. Cada vez parece más claro que dirigentes del PP y obispos son intercambiables, como sucedió en otro tiempo con los dirigentes de la UGT y el PSOE, o también los del PCE y CC 00. Uno llega a preguntarse: ¿es la Iglesia la correa de transmisión del PP, o éste el brazo político de la Iglesia? Esta institución es sin duda, la organización de masas más numerosas funcionando en España. En cada pueblo, cada aldea, hay una Iglesia –cuando no más– con un párroco, o pastor que cuida y adoctrina a sus feligreses, su rebaño. Colateral-mente existen multitud de organizaciones especializadas en diversas actividades sociales. Ningún sindicato y ninguna asociación laica se acerca al control de masas que posee la Iglesia y que quizás podría cuantificarse con el número de españoles que inscriben la cruz en su declaración de la renta. No sería demasiado aventurado pensar que estas son la base electoral inconmovible que mantiene su apoyo electoral al PP; minoría, sin duda, pero considerable. Mas la comparación con otros movimientos de masas termina ahí. Porque el PP no es simplemente el brazo político de los obispos. En realidad éstos son también los que elaboran la ideología política paraaquél. Y esa ideología es puro nacional-catolicismo, algo que en otra época se amoldó fácilmente al fascismo y en ésta se amolda con igual comodidad al neoconservadurismo. Escribo sin rencor, objetivamente, sobre hechos reales. Las cosas en España son así. La Iglesia en España sostuvo siempre al viejo régimen hegemonizado por la aristocracia terrateniente; fue el adversario de la República democrática, conspiró contra ella; se identificó con los sublevados del 18 de julio y con el franquismo y, tras el paréntesis de Tarancón, ha vuelto a sus viejos amores. Hablo de la Iglesia oficial, que al mantenerse idéntica a su pasado se aleja de un sector cada día mayor –en el que se incluye alguna de sus jerarquías– de creyentes que han evolucionado con su tiempo y que piensan que sus creencias no son obstáculo para colaborar juntos con agnósticos y ateos a fin de hacer que este bajo mundo en el que convivimos todos deje de ser un valle de lágrimas. Católicos que respetan a los demás, como los demás les respetamos a ellos. Porque también la izquierda ha conseguido superar su sectarismo tradicional en la cuestión religiosa. Monseñor Cañizares, revestido de la púrpura cardenalicia, reaccionaba días atrás en la catedral de Toledo contra las críticas que la declaración reciente de la Conferencia Episcopal ha suscitado en todos los partidos políticos, a excepción del PP. "A pesar de sufrimientos e injurias padecidas, que ya conocéis, se ha de tener valor para predicar el Evangelio en medio de fuerte oposición", ha dicho el prelado. Ha faltado directamente a la verdad porque aquí y ahora nadie ha criticado los Evangelios. Aquí lo que se ha criticado es un documento que pide el voto para el PP y asume las posiciones políticas de este partido, de forma que resulta hasta obscena: un papel que rechazan muchos católicos. Pero ese papel nada tiene que ver con los Evangelios, ni con el cristianismo, ni con el mismo Dios, en cuyo nombre dicen hablar. Quien habla ahí es pura y simplemente la derecha política tradicional, la derechona. Se les critica como políticos, igual que se podría criticar a cualquier
político. Es el riesgo de
meterse activamente en
política. Le sucede a Rouco, Cañizares y Camino, como le sucede a Rajoy, Zapatero, Llamazares, o a cualquier personalidad que interviene en política. Nos obligan a olvidar que son además cardenales y obispos, aunque estos títulos no les dan una inmunidad que les preserve de la crítica. Que no nos hagan reír. No es por perseguir a la Iglesia que el Gobierno socialista debería ser criticado; si acaso hay gente que le critica, en ese aspecto, es por las concesiones hechas a una institución que si le das la mano se queda con todo el brazo. Y si le das el brazo trata de apoderarse del cuerpo entero. • |
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