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| Nº 774 - 11 de febrero de 2008 |
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Contra la zafiedad y los jocosos
por Miguel Ángel Aguilar Un buen amigo periodista aludía a Alfonso Guerra en su sección En voz baja del informativo Hora 14 de la Cadena Ser. Recordaba que cuando aquel político tan temido estaba al mando decía que en las campañas electorales sólo valen los trazos gruesos, los chafarrinones por su capacidad inmediata de impacto masivo. Para Guerra en esos momentos de pugna carecía de sentido el miniaturismo de pincelada fina, los matices preciosistas, que no pueden apreciarse a distancia y se pierden en la bulla. Esa doctrina parece que sigue todavía vigente como puede apreciarse en estos días. Pero una cosa son las técnicas impresionistas y otra muy distinta, en la que no deberíamos incurrir, es el recurso a la zafiedad al que algunos parecen lanzados. Así que ni Manuel Pizarro debería hablar de la mujer del presidente del Gobierno mientras ella siga sin entrometerse en política, ni debería ser candidato al Senado por la circunscripción de Albacete ese jocoso de la tortilla y el plátano de cuyo nombre no quiero acordarme. Todos saldríamos ganando y el conjunto del país nos lo agradecería. Así que avanza la precampaña que ya resulta indistinguible de la campaña porque vamos tan acelerados que nos estamos merendando la cena y es difícil imaginar qué puede quedar en la cesta cuando suene la campana la noche de la tradicional pegada de carteles. Ahora arrecia la polémica sobre los dos debates cara a cara que han acordado en televisión celebrar los cabezas de cartel del PSOE y del PP, José Luis Rodríguez Zapatero y Mariano Rajoy. Los negociadores de una y otra parte están concordes en que las fechas sean el 25 de febrero y el 3 de marzo y también en el temario. De modo quesólo quedaría establecer en qué canales habrían de celebrarse. Los socialistas quieren que uno de los dos se haga en TVE 1, los del PP excluyen a la televisión pública como si estuviera apestada y fuera un campo contrario. Declaran su preferencia por Telemadrid, culmen del sectarismo partidista. Cabría hacer los dos debates en la Asociación de la Prensa y dirimir los moderadores por sorteo entre una lista formada por los directores de los informativos de todas las cadenas. En esta ocasión no van a valer las excusas y el que se niegue al debate quedará como perdedor por haberlo rehuido. En Italia, poor Italy, concluía el editorial de The Economist, enseña la patita del regreso a la presidencia del Gobierno Silvio Berlusconi para dar otro impulso a sus negocios entre los que se cuenta nuestra Telecinco y avanza por la banda de los afines a Moncloa Roures con La Sexta, Público, la compra de las retransmisiones deportivas, la alianza con los editores de RBA y lo que te rondaré morena. Vuelven a repartirse las cartas pero las bazas no se cantarán hasta después del 9 de marzo tras el escrutinio de las urnas. Veremos. • |
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