, que es algo mejor que tener simplemente suerte. La
palabra árabe se aplica a aquellos seres privilegiados que han sido dotados de
un estado de gracia especial; también se aplica al bendecido por Alá. Tener
baraka se puede traducir en cristiano por quien nace con una flor en el culo.
¿Cómo no ser optimista antropológico si uno es distinguido por los dioses
aunque sea maldecido por sus sacerdotes de oficio?
Precisamente la maldición de los obispos
–su apuesta por el adversario– ha sido una bendición para José Luis Rodríguez
Zapatero. Hay quien piensa que en realidad la Conferencia Episcopal Española ha
pretendido con su polémico comunicado apoyar al candidato socialista.
Sinceramente, no lo creo. Aunque Dios acostumbre a escribir derecho con
renglones torcidos y aunque algunos prelados españoles sean tan retorcidos, no
parece que ésa haya sido su intención.
Han pretendido, por el contrario, apoyar
al Partido Popular en las elecciones del 9 de marzo pero han conseguido el
efecto contrario. Dieron la razón al democristiano Giulio Andreotti, tres veces
presidente del gobierno italiano, cuando observaba que en la política española
manca finezza. A diferencia de la proverbial sutiliza de la diplomacia
vaticana, a los prelados hispanos les falta finura. Queda por ver si el nuncio
de Su Santidad, monseñor Manuel Monteiro, enderezará este desaguisado en el
caldito que ofrecerá a Zapatero en la Nunciatura. Supongo que el presidente
rezará fervorosamente a sus dioses laicos para que no se produzca tan indeseado
arreglo.
Parece evidente que los obispos no han
medido la repercusión de su comunicado, no sólo en el resultado electoral, sino
también en algo más permanente, en el daño que pueden hacer a la afición. En
España predominan los católicos aunque no practiquen mucho, pero son
precisamente éstos –y no necesariamente los anticlericales– a quienes más
disgusta que la Iglesia se meta en política.
Los obispos no han terminado de asimilar
el mandato divino que obliga a los cristianos dar al César lo que es del César
y a Dios lo que es de Dios. Llueve sobre mojado, pues no es lo más grave que
los obispos, con escasas excepciones, apoyaran a Franco en la Cruzada y en su
cruel dictadura sino que ésta fue, más que un fascismo, un nacionalcatolicismo.
No están solos los obispos en su
contribución a la baraka presidencial. Han aportado su granito de arena
Alberto Ruiz-Gallardón y Esperanza Aguirre y, sobre todo, el mismísimo Mariano
Rajoy, el presidente oficial del Partido Popular que ha mostrado, una vez más,
su dependencia de José María Aznar, que es quien manda. También ha echado
leña al fuego el asunto Lamela, al empecinarse en el error cometido en el
hospital Severo Ochoa que, al salpicar a la presidenta de la Comunidad de
Madrid, daña también al presidente de su partido.
José Luis Rodríguez Zapatero cuenta
también con el valioso apoyo de Federico Jiménez Losantos, que desde la emisora
de los obispos y desde el diario El Mundo reprocha al candidato del Partido
Popular no ser suficientemente carca; y desde luego benefician al presidente
las continuas apariciones públicas de su antecesor, José María Aznar, el
elector e intelectual orgánico de Mariano Rajoy.
Y hasta Felipe González, que siempre fue
reticente con su sucesor en la Secretaría General del PSOE, se ha rendido a los
encantos de Zapatero. Hace años le preguntaron a González en una entrevista
televisada cuáles eran los mayores méritos del presidente. Después de pensarlo
detenidamente sólo se le ocurrió lo de la baraka. Hoy el viejo zorro sevillano
se ha rendido al ex bambi leonés, como contamos en nuestra portada, y
participará en más mítines electorales que el propio candidato socialista.
Y es que, a pesar de las evidentes
limitaciones de José Luis Rodríguez Zapatero, ningún dirigente socialista,
desde los tiempos de Pablo Iglesias había recibido un apoyo tan unánime de su
partido, de los barones con B, de los varones con V y, sobre todo, de las
mujeres. Mientras tanto, en las filas del adversario cada vez les cuesta más
disimular las disensiones internas que no sólo afectan a Esperanza Aguirre
versus Ruiz-Gallardón, aunque éstas sean las más divertidas, sino que se
extienden a Zaplana-Camps y las que empiezan a percibirse a partir de las
atrevidas posiciones públicas de Pizarro, el fichaje estrella.
Mariano Rajoy haría muy bien en conservar
su puesto como titular del Registro de la Propiedad de Santa Pola a pesar de
los bien intencionados consejos que desde esta revista le ofrecía la semana
pasada Miguel Ángel Aguilar. Y es que no se puede luchar contra la baraka desafiando a los elegidos de los dioses.