5 1 1 4 6 9 4
Hemeroteca Lista Temas de portada
Buscador
Nº 773 - 4 de febrero de 2008

Méndez lleva a la UGT a la vera del PSOE

El amigo del presidente


Se hablan por el móvil con relativa frecuencia. Se consultan. Se entienden. Ya antes de que Zapatero durmiera en La Moncloa el líder de la UGT, Cándido Méndez, había construido una relación de confianza con él que no se daba en la familia socialista desde hacía dos décadas. Incluso los cuatro años de gobierno, lejos de separarlos, parecen haber robustecido su amistad. Hoy, aunque con sigilo para no reabrir viejas heridas, UGT cuenta con un hombre de su confianza en las candidaturas del PSOE para el 9-M con escaño seguro; con otro, en el grupo de trabajo que esbozó el programa fiscal, y con más de un ex dirigente con cargo en la actual Administración. Sólo el reciente anuncio de la devolución de 400 euros a asalariados y pensionistas ha hecho torcer el gesto al sindicato. Mejor así, dicen en su seno, porque se empezaban a oír algunas críticas internas sobre una  “excesiva complacencia” con el Gobierno.

Por Inmaculada Sánchez

El 17 de noviembre de 1987 un treinteañero Cándido Méndez renunciaba a su escaño en el Parlamento andaluz. El mismo día Nicolás Redondo, entonces secretario general de la UGT, repetía el gesto en el Congreso de los Diputados por desacuerdo con la reforma de las pensiones del Gobierno de Felipe González: era el fin de la hermandad entre el partido y el sindicato que fundara Pablo Iglesias un siglo atrás. Ese mismo Méndez, hoy, con 56 años cumplidos y catorce como líder máximo del sindicato, dirige con mano firme un reencuentro histórico entre el PSOE y la UGT que lleva sello y firma con su nombre y el de Rodríguez Zapatero.

Este martes, día 5, la central sindical presentará en Madrid un balance de la legislatura que acaba de concluir. El título del documento ya dice mucho de lo que la organización de Méndez piensa sobre estos últimos cuatro años: “Una legislatura de diálogo social”.

“El diálogo social no es que se haya recuperado, es que ha habido un giro copernicano ya que el gobierno de Aznar lo mató”, explica sin complejos el “número dos” del sindicato, Toni Ferrer, secretario de Acción Sindical. Y añade, para quien crea que su sindicato se deja ver demasiado cerca del actual gobierno socialista, que “para los trabajadores es vital que las políticas que se han desarrollado en esta legislatura tengan continuidad”.

El secretario general lo tiene meridianamente claro. “Ha sido una legislatura de cambios sociales muy importantes que sólo tienen parangón con los que supusieron la universalización de la sanidad y la educación en los años ochenta”, declaraba a El Siglo el pasado noviembre (Ver entrevista en el nº 760: “Cándido Méndez: El pleno empleo no sólo es posible, sin probable”).

“Hechos, además, con un talante, o un procedimiento, que ha sido el del diálogo social. Yo diría que estoy razonablemente satisfecho”, añadía.

Ya entonces habían sonado algunas alarmas  en la economía pero el dirigente ugetista se sumaba al análisis que emanaba de Moncloa y Ferraz: “Vamos a seguir creciendo por encima de la media europea”, intentaba tranquilizar. “Y estamos bien pertrechados” para lo que pueda venir. Por si faltaba algún detalle, tampoco le importó apostar por el ministro de Economía, cuando aún no estaba claro si aceptaría seguir  en el cargo: “Aplaudiría que Solbes repitiese como ministro”. declaró a El Siglo.

Tan nítida complicidad con el actual gobierno socialista se ha visto recompensada en este segundo asalto de Zapatero a La Moncloa con algunas “intromisiones” del sindicato en la estructura del partido, aunque intencionadamente discretas para no enturbiar la tan dolorosamente conquistada autonomía entre las dos organizaciones.

La más llamativa de ellas ha sido la inclusión de Manuel de la Rocha en el puesto número nueve de la siempre apretada candidatura del PSOE por Madrid. De la Rocha es un histórico dirigente socialista, portavoz en los años ochenta de la corriente Izquierda Socialista, que ya fue diputado entre el 93 y el 96, pero que desde entonces se dedicó íntegramente a su despacho de abogado laboralista desde el que inició una fructífera labor de asesoría con la UGT que llegó a proponerle como miembro del Consejo Económico y Social en su representación.

Su cercanía a la ejecutiva confederal que preside Méndez ha ido creciendo en los últimos años y cuando la lista que presentó el PSM para las elecciones del 9 de marzo  fue modificada por Ferraz para hacer un hueco a De la Rocha en un puesto con escaño seguro nadie dudó de que el interés de José Blanco tenía la mirada puesta en agradar al sindicato. Aunque desde la calle Hortaleza, donde tiene su sede central la UGT, niegan cualquier intervención en la formación de la candidatura, el propio Méndez no negó que para su sindicato era “interesante” que “colaboradores” como De la Rocha, se incorporasen al futuro grupo parlamentario socialista.

A los ugetistas les interesa también guardar las formas. Algunas voces, dentro del propio sindicato, mantienen en privado que quizá “se está dando demasiada imagen de apoyo al Gobierno”, sobre todo en las federaciones donde el frenazo en la creación de empleo está siendo más duro. A pesar de lo cual, sin embargo, nadie discute la estrategia.

Incluso en la federación de Metal , Construcción y Afines (UGT-MCA), dirigida por un antiguo rival de Cándido Méndez en el liderazgo del sindicato, Manuel Fernández López, “Lito”, aunque señalan los peligros para su sector del cambio de ciclo económico, matizan que hay que “evitar el alarmismo”, al tiempo que hablan de “desaceleración, en ningún caso de crisis”, en palabras del mismo “Lito” en un artículo publicado en el diario económico Cinco Días, en línea con los mensajes del Gobierno.

“No hay que sacar conclusiones por la entrada de De la Rocha en la candidatura del PSOE”, explica el ya citado Ferrer, añadiendo otros nombres de actuales diputados del PSOE que fueron en su día dirigentes de UGT, como Isabel López-Chamosa, que ya cuenta con dos legislaturas a sus espaldas. Sin embargo, el cambio de dirección en el discurrir del sindicato socialista está fechado  en el momento en que Zapatero toma las riendas del partido y su hombres tienen todo el poder para confeccionar listas  y decidir cargos.

También con el programa. Más discreta ha sido la participación de un hombre de confianza de Toni Ferrer en uno de los grupos de trabajo formados por Jesús Caldera para elaborar el primer borrador de programa electoral. Jesús González, uno de los técnicos que trabaja con el Secretario de Acción Sindical ugetista y dirige la Unidad de Previsión Social de la central, participó como ponente en el grupo dedicado a política fiscal. “Nos pidieron a alguien desde el partido y no nos importó que participara un técnico sin cargo orgánico”, explican desde Hortaleza.

Ello no ha impedido que, después de que Zapatero anunciara la devolución de los 400 euros por parte de Hacienda para todos los asalariados y pensionistas si el PSOE vuelve a ganar las elecciones, el mismo Ferrer haya criticado públicamente la medida por considerarla más lineal que progresiva. Sin embargo, Ferrer aclara a El Siglo que en este asunto “tenemos reservas respecto a la incidencia que pueda tener en la suficiencia fiscal, pero con las propuestas fiscales del PP lo que tenemos es verdadera preocupación”.

“La posición de UGT respecto a los 400 euros no creo que distorsione nuestra actual relación. Cada organización defiende su espectro y el del PSOE es más amplio que el de UGT. Tampoco el sindicato va a suscribir el cien por cien de lo que digamos”, añade Cármen Menéndez, “Maru”, actual portavoz del PSM en la asamblea de Madrid y miembro del comité confederal del sindicato hasta que Rafael Simancas la llamara para las listas del partido en las últimas elecciones autonómicas y se convirtiera en diputada de Madrid.

Esta parlamentaria autonómica, reciente ejemplo, también, del fluído intercambio de información, personas y estrategias que mantienen socialistas y ugetistas en los últimos tiempos,  asegura que la relación entre ambas organizaciones “está totalmente normalizada”.  Apela al origen y al proyecto de sociedad que comparten para explicarla  y añade que los cuatro años de gobierno de Zapatero ha sido “un periodo muy fructífero” para las demandas de la UGT. Como ejemplos cita el incremento del Salario Mínimo Interprofesional, el de las pensiones, la Ley de Dependencia o la de Salud Laboral y el Estatuto del Trabajador Autónomo. “Eso es lo relevante y significativo, no que vaya éste o aquél en las listas del PSOE”, concluye.

Sin embargo, en UGT saben que en esta legislatura no todo hubiera ido igual de rodado con el Gobierno si el Ministro de Trabajo, Jesús Caldera, no se hubiese rodeado de gente tan cercana y sensible a las posturas del sindicato como Valeriano Gómez, Secretario General de Empleo hasta 2007 y técnico al servicio de UGT durante varios años como gestor de la liquidación de su frustrada cooperativa de viviendas, la PSV.

Tras dejar el ministerio Gómez no dejó de trabajar a la vera de Caldera y desde hace meses está instalado en Ferraz, a las órdenes del ministro, como coordinador técnico del programa electoral.

También en Moncloa el mismo Zapatero eligió a alguien cercano al sindicato socialista y al propio Méndez para sustituir a Miguel Barroso en un puesto clave, el de Secretario de Estado de Comunicación.  Fernando Moraleda fue fundador y líder de la Unión de Pequeños Agricultores (UPA) que puso en marcha la UGT hace una década y uno de los hombres de confianza de Méndez cuando éste relevó a Nicolás Redondo y hubo de enfrentarse a determinadas resistencias internas dentro de UGT para afianzar su liderazgo.

También el actual Secretario de Estado de Comunicación figura en un puesto con escaño seguro  en las candidaturas del PSOE para el 9 de marzo (es el número dos por Ciudad Real), con lo que se sumará a diputados como Jesús Membrado, que dió el salto en 2004 de la secretaría general de la UGT de Aragón al grupo socialista.

Membrado ha sido también un eficaz diputado-puente entre las dos organizaciones ya que ha puesto su voz en las comisiones de Economía, Presupuestos y Trabajo del Congreso, llegando, incluso, a ser portavoz del partido en esta última.

Un flechazo personal. Quienes conocen y han vivido de cerca este reencuentro entre el PSOE y la UGT no dudan en señalar a sus dos máximos dirigentes como los artífices del mismo. Y a un día clave: el 20 de junio de 2002, jornada en la que los dos grandes sindicatos habían convocado una huelga general contra el Gobierno de José María Aznar.

Zapatero acudió a la manifestación de Madrid y, por primera vez en muchos años, se situó codo con codo tras la misma pancarta que el secretario general de la UGT.

El joven líder socialista, al que todavía llamaban “bambi”, sabía muy bien que, en su camino hacia el control del partido y en el de su asalto a la presidencia del Gobierno el sindicato “hermano” era un aliado imprescindible.

No en vano la huelga del 20-J, que se saldó con gran éxito para los convocantes, marcó un antes y un después para Aznar y el PP. Después vino el Prestige,  el “Nunca Mais” y la guerra de Iraq, y una sucesión de manifestaciones que no sólo hicieron ver un creciente desapego de gran parte de la población española hacia el gobierno popular sino también una naciente complicidad de la izquierda para conseguir el fin del aznarato.

Zapatero y Méndez ya lo vieron mucho antes y, sobre todo, a pesar de su diferencia de edad, generación y experiencia política –el leonés acababa de llegar a su escaño en el Congreso cuando Méndez abandonaba el suyo por discrepar con el Gobierno de González–, se entendieron nada más conocerse.

Es el hoy presidente del Gobierno quien, al poco de conseguir la secretaría general del PSOE, quiso tener un encuentro con el líder ugetista  -sólo le conocía de contactos oficiales-. Tras esa primera cita, y animados por la amistad cruzada de personas como el hoy desaparecido Jesús Mancho, histórico dirigente de la UGT de Castilla y León, amigo íntimo de Méndez y tío del también íntimo de Zapatero y hoy consejero de Telefónica, Javier De Paz, se fueron fiando el uno del otro.

La química que surje entre ambos viene alimentada por “la conciencia histórica que Zapatero tiene del partido”, en palabras de un diputado socialista. Esa es la que le llevó a invitar a Méndez a llevar un ramo de rosas rojas a la tumba de Pablo Iglesias al día siguiente de las últimas elecciones generales, ya como presidente electo. O a recordar que guarda en su mesilla de noche su carné de la UGT. O a esperar durante una hora, siendo ya presidente del Gobierno, a Cándido Méndez, en un acto de homenaje a su abuelo asesinado, el capitán Lozano, porque el acto “no puede empezar si no está aquí el secretario general de la UGT”, como le dijo al llegar.

Esa misma conciencia es la que también le ha debido funcionar para aprobar durante su mandato la devolución a UGT de casi 150 millones de euros, además de varios inmuebles, en concepto de patrimonio sindical incautado durante la dictadura, devolución que ha saneado las cuentas de UGT .

Desencuentro con Fidalgo y Comisiones Obreras

Si algo está dejando ver, aún más si cabe,  la feliz relación entre UGT y el actual Gobierno socialista es, por contraste, la frialdad con la que discurre la de Comisiones Obreras con el mismo Ejecutivo.

Hace unos días el sindicato que dirige José María Fidalgo presentaba un informe anual sobre la situación de la economía española. Y apenas hubo un mensaje tranquilizador. Todo lo contrario. “Los trabajadores estamos en la bodega, somos los remeros y vemos una vía de agua tremenda, con mucha gente a la que el agua ya le llega al cuello”, dijo Fidalgo.

El redactor del informe, Miguel Angel García, miembro del gabinete técnico del sindicato, fue, incluso, más allá, y llegó a poner en tela de juicio el superávit público al que el Gobierno apela para tranquilizar ante las turbulencias.”Únicamente la Seguridad Social tiene superávit”, vino a decir ya que, según sus explicaciones, el resto de las administraciones ocultan déficit mediante la emisión de activos financieros, destinados a financiar infraestructuras, que no computan a efectos de equilibrio presupuestario, algo que fue rápidamente respondido desde Economía señalando que el Gobierno sigue las mismas pautas contables de toda la Unión Europea.

No es la primera vez que la cúpula de Comisiones critica duramente al Gobierno socialista. Desde que José María Fidalgo está al frente del sindicato la distancia con el PSOE ha ido agrandándose hasta llegar a la actual situación de frialdad que no niegan desde ninguna de las dos organizaciones.

“Hay un mal rollo personal entre Zapatero y Fidalgo desde que el Gobierno devolvió el patrimonio a UGT”, explica un dirigente de Comisiones, que  señala la decisión  como un hito en la historia de sus malas relaciones. Pero ésta tiene más capítulos y se inicia durante el Gobierno de José María Aznar.

Comisiones firmó en solitario con el Gobierno del PP  y la CEOE el Pacto de las Pensiones de abril de 2001 proporcionando a Aznar una foto “social” con la que adornar el inicio de su segunda legislatura y colocándose como principal interlocutor ante él. Ya con el PSOE en el poder Fidalgo ha acudido a cursos de FAES, la fundación que preside Aznar , en los que ha lanzado piropos al ex presidente y ha afirmado que durante su gobierno “el diálogo social tuvo una época muy brillante”.

Idilio entre dos 'hermanos' que estuvieron 'separados' por Enric Sopena


Hemeroteca
Lista Temas de portada
Buscador