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Nº 773
4/2/2008

Idilio entre dos 'hermanos' que
estuvieron 'separados'

El 12 de agosto de 1888, en la Barcelona de la Exposición Universal —aquella ciudad de los prodigios que prodigiosamente novelara Eduardo Mendoza—, Pablo Iglesias fundó la UGT. Antes, el 2 de mayo de 1879, en Madrid, en una taberna de la calle Tetuán, Iglesias había impulsado la puesta en marcha del PSOE.

Pablo Iglesias debió de ser, como dice de sí mismo Rodríguez Zapatero, un optimista antropológico. El día anterior a su muerte en 1925 —dos años después del golpe de Estado de Primo de Rivera—, Iglesias escribió en El Socialista su último artículo: "El proletariado vencerá". Podía leerse: "El ideario de los proletarios está dictado por la razón e inspirado por la justicia, y hagan lo que hagan sus enemigos, vencerá (...)".

Los vínculos entre el PSOE y la UGT vienen, pues, de lejos y tienen un idéntico o parecido origen. Sus vicisitudes y contradicciones han sido numerosas y en ocasiones graves. Hasta la década de los 80 del pasado siglo, la sindicación en UGT comportaba automáticamente la afiliación en el PSOE y viceversa. Esta circunstancia se quebró entonces, aunque los vasos comunicantes entre partido y sindicato siguieran funcionando. La crisis en las relaciones entre el Partido Socialista, con Felipe González en La Moncloa, y la UGT liderada por Nicolás Redondo fue tremenda.

Fue una crisis con ribetes personales y también una crisis de calado en cuanto a la concepción de lo que tenía que ser la política socialista en aquel tiempo de expansión neoliberal. Sucedió durante la primera vez que el PSOE llegaba al Gobierno en solitario y con mayoría absoluta y, además, lograba mantenerse en el poder a lo largo de 13 años, récord de estabilidad de un Gobierno democrático en España. Por asombroso que pueda parecer,al Gobierno de González la UGT le montó más de una huelga general junto a CC 00.

Ahora, las cosas han cambiado sustancialmente y el idilio entre los dos hermanos que estuvieron a punto de separarse —hijos ambos del mismo padre— es grande. "Tengo vuestro carné, el de UGT, en la mesilla de noche", confesó Zapatero en su aclamada intervención del 39° Congreso de UGT, el año 2005. El presidente del Gobierno subrayó asimismo que él estaba "orgulloso" de pertenecer a UGT. Mientras tanto, Antonio Gutiérrez, secretario general de CC 00, que sucedió a Marcelino Camacho —y que había dejado hacia tiempo el cargo a José María Fidalgo— había sido elegido, el 14-M, diputado por el PSOE. Curiosamente o paradójicamente, Fidalgo parece que, de tanto en tanto, coquetea con Aznar y con la FAES. Pero ésa es otra historia.

¿Será ministro de Trabajo Cándido Méndez, si Zapatero revalida su presidencia? A Méndez y Zapatero sólo les distancia —según todos los indicios— el fútbol. Méndez es un madridista de tomo y lomo —como Alfredo Pérez Rubalcaba— y Zapatero es un culé. Méndez recomendó el nombramiento de Fernando Moraleda como secretario de Estado de Comunicación. Y Javier de Paz, en la actualidad consejero de Telefónica, es muy amigo del presidente, del secretario general de UGT y del propio Moraleda, otro hombre que procede del sindicalismo.

¿Ha vencido el proletariado, como vaticinó Iglesias? No como él, sin duda, hubiera querido, pero la situación socioeconómica y política ha cambiado profundamente y para bien. Ya lo pronosticó Alfonso Guerra en su época de vicepresidente del Gobierno y actualmente presidente, por cierto, de la Fundación Pablo Iglesias: "A España no la va a reconocer ni la madre que la parió". Y acertó.•

Enric Sopena

 
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