5 1
Hemeroteca Lista Mundanal ruido
Buscador
Nº 773
4/2/2008

Consumar la tragedia

Robert Mugabe, presidente de Zimbabwe, ha anunciado que concurrirá de nuevo a las elec-
ciones, previstas para el mes de marzo. De una u otra manera, más bien de malas maneras, seguramente volverá a ganarlas. No parece haber condiciones para que en el país se celebren unas elecciones aceptables, con la población atemorizada y la oposición acosada; el Movimiento para el Cambio Democrático se encuentra muy debilitado, dividido por líneas tribales. Además, el control del presidente sobre las fuerzas de seguridad sigue siendo absoluto, con oficiales y soldados mantenidos con privilegios y bonificaciones en dinero y bienes de consumo, ausentes en la mayoría de la muy necesitada y temerosa población. Porque la situación del país ha llegado a ser insostenible no sería excluíble algún tipo de golpe de Estado o de revuelta popular, algún sonoro magnicidio, todo ello muy probablemente sobre una base tribal, de una tribu contra otra. Y que al menos a corto plazo la convulsión se prolongue en matanzas y guerras sectarias, como en Kenia, Congo, Uganda, Ruanda, etc., que en absoluto contribuirían a enderezar el panorama. Parece' que en Zimbabwe, como en Kenia si no se llega a tiempo, fuerzas poderosas siguen actuando con obstinación para que la tragedia se magnifique y consuma a fin de que una vez alcanzado el punto fatídico ésta sea difícilmente reversible.

Y para beneficio de nadie, con la excepción de los delincuentes que dirigen la destrucción, las joyas que en África quedaban se esfuman, sin que en el caso de Zimbabwe hayan servido de mucho las sanciones de la Unión Europea y de los Estados Unidos. Todavía algunos importantes líderes africanos prestan su apoyo a Robert Mugabe, como símbolo viviente de la liberación de la población negra y de la lucha por la independencia del país. A base de seguir echando la culpa a la experiencia colonial y el arbitrario reparto de África entre las potencias europeas, se acaba apoyando a dictadores implacables en sus maniobras para eternizarse en el poder; haciéndolo además sin preocupación alguna por la ruina del país y el sufrimiento de la población. El inventario de Zimbabwe al respecto, pese a que llegó a ser uno de los países más prósperos de África en el siglo pasado, no puede ser más sobrecogedor. Actualmente se calcula que el 85% de la población carece de trabajo, la mayoría de las escuelas y los hospitales está en situación de alta precariedad, en el pasado mes de junio la tasa de inflación alcanzó el 7.500%. Las Naciones Unidas estiman que unos cuatro millones de habitantes, un tercio de la población, están amenazados de hambruna.

Dispuesto a ajustar cuentas a la minoría blanca, Robert Mugabe las ha ajustado a fondo con toda la población de Zimbabwe. En 1999 el antiguo jefe de las guerrillas, que ya había detentado el poder por 20 años, puso en movimiento las tensiones que han destruido el país. Escribió de nuevo la Constitución para ampliar su mandato por otros doce años y convocó un referéndum para ratificar el nuevo texto. Nadie, ni mucho menos él mismo, esperaba ser derrotado pero lo fue con creces en las votaciones. Desde entonces ha buscado con enseñamiento vengarse de sus enemigos, en especial de los blancos y en concreto de los seis mil granjeros que constituían uno de los principales elementos de la prosperidad del país, proporcionando empleo a un 40 por ciento de la población negra. La práctica totalidad de esos granjeros ha dejado el país, como cientos de miles de la población de color en unpaís que era un formidable exportador de productos alimenticios y que hoy se ve reducido a los límites estrechos de la miseria, la pobreza y la ayuda internacional. Zimbabwe ostenta, gracias a Robert Mugabe y sus amigos, el lamentable récord de la contracción económica más rápida y más drástica nunca experimentada en un país que no se encuentra en guerra.

Con graves problemas de subsistencias, desaparecidos importantes servicios sociales, sin reservas en divisas, la inseguridad y el crimen en incremento constante, menudean los testimonios escritos de los blancos que dejaron el país y que apoyaron en su día a Robert Mugabe, que difícilmente pueden ser considerados nostálgicos y reaccionarios. Escritores como Peter Godwin, Alexander Fuller, Aidan Hartley, Rian Malan, etc., ponen en evidencia esos designios de un dictador que con el paso de los años y el abuso del poder, de manera progresiva se convierte en un personaje enajenado y cruel, menos interesado en remediar las injusticias coloniales que en aferrarse al cargo, al coste que sea y quitando de en medio a todo el que le estorbe. Los resultados catastróficos de su gobierno y las presiones occidentales, con el desprecio ostentoso con que se le obsequia en las capitales que prohíben su entrada, no impiden a Robert Mugabe seguir insultando a los Estados Unidos y la Gran Bretaña por los males nacionales, recibir ridículos testimonios de solidaridad racial y repetir las amenazas contra sus adversarios. Una legitimidad cada vez más pírrica por su lucha contra el colonialismo británico le permite todavía mantenerse en pie y perfeccionar de esta manera la tragedia de Zimbabwe, país ya condenado como lo puede ser Kenia, cerrándose algo más el círculo catastrófico de África.•

Ignacio Rupérez

Hemeroteca Lista Mundanal ruido
Buscador