Hemeroteca Esta semana
 
Nº 773 - 4/2/2008

Josu Erkoreka, cabeza de lista del PNV al Congreso por Vizcaya

"LA ILEGALIZACIÓN DE ANV TIENE TUFO

ELECTORALISTA"

"Buscaremos las bases para un acuerdo político en relación al futuro de Euskadi". Este es el objetivo que se marca Josu Erkoreka de cara a la próxima legislatura en el Congreso y el "eje en torno al cual forjaremos acuerdos con quien aspire al Gobierno", aunque, con el referéndum convocado por el lehendakari Juan José lbarretxe en el horizonte, Erkoreka subraya que si el acuerdo no es posible, "la iniciativa corresponderá a las instituciones vascas". Muy crítico con la actuación judicial en el caso Atutxa, explica que "el PP excluyó de la Ley de Partidos el que la ilegalización de un partido supusiera la supresión de sus grupos parlamentarios".

Por Manuel Capilla

Echando la vista atrás estos cuatro años, ¿qué balance hace de la legislatura en el Congreso? ¿Está satisfecho con lo conseguido por su grupo parlamentario?
— Nos hubiese gustado conseguir más. Si estuviéramos satisfechos sería una muestra de un conformismo impropio de un político ambicioso. Nos hubiese gustado que hubiera sido posible alcanzar un acuerdo sobre el marco político futuro de Euskadi, en el contexto de la propuesta de nuevo estatuto que defendió el lehendakari en el año 2005. Nos hubiese gustado alcanzar un blindaje efectivo del concierto económico. Nos hubiesen gustado muchas cosas más.
Creemos con todo que el balance ha sido positivo, que ha merecido la presencia en el Congreso y que el resultado para los intereses vascos hubiese sido peor si no hubiésemos estado.

— ¿Con quién se lleva mejor en el día a día del Congreso con Zapatero o con Rajoy?
— Con Rajoy he tenido muy poca relación. Algunos contactos puntuales, siempre correctos y cordiales. Con Zapatero he mantenido una relación más intensa. Zapatero es una persona afable, abierta y con la que la relación es fácil.

— ¿ A quién preferiría apoyar en una votación de investidura?
— Lo que yo preferiría sería ganar, ganar en Euskadi, que es donde me presento. Y segundo, que quien ganase en España necesitase, entre otros, de nuestros votos para conseguir la investidura.

— ¿Y en ese caso a quién preferiría apoyar?
— Yo soy respetuoso con la voluntad popular. Lo que los ciudadanos españoles decidan a este respecto será ley. Procuraré entenderme, otra cosa es que lo consiga, con quien gane las elecciones.

— ¿Uno de los condicionantes del PNV para el apoyo al gobierno surgido tras las elecciones será la permisividad ante el referéndum convocado por Juan José Ibarretxe?
— No hay partido político que apoye al candidato de otro para la presidencia del Gobierno si no es a cambio de algunas condiciones. Condiciones que tienen que tener relación con los planteamientos ideológicos o con los principios programáticos con los que ese partido ha concurrido a las elecciones.
Nosotros concurrimos a las elecciones apostando por alcanzar un pacto entre las instituciones centrales y vascas que nos permita llegar a un nuevo consenso para la convivencia en Euskadi. Ese será el eje en torno al cual forjaremos o no acuerdos con quien aspire a la presidencia del Gobierno en el momento inicial. Obviamente, la legislatura tiene cuatro años, y durante cuatro años pueden pasar muchísimas cosas y las circunstancias de los acuerdos puntuales pueden ser muchas y muy diversas. Pero en el punto de partida buscaremos establecer las bases para un acuerdo político en relación con el futuro de Euskadi. Un marco de convivencia nuevo para Euskadi lo más acordado posible, lo más consensuado posible y con un acuerdo lo más amplio posible, que acoja en su seno el mayor abanico de sensibilidades y sentimientos.

— ¿Cuál sería la reacción de su grupo si se impide el referéndum?
— Estamos situándonos en un momento bastante avanzado en el tiempo. Vamos a ponernos primero en el momento en que nos tenemos que poner. Lo que nosotros buscamos fundamentalmente es ese acuerdo y por él trabajaremos y por él lucharemos. Si el acuerdo no se produce y si los pasos ulteriores, por lo que sea, resultan imposibles la iniciativa corresponderá a las instituciones vascas que son las que están promoviendo la hoja de ruta. No sería ni pertinente, ni correcto, que yo adelantase ahora lo que en un hipotético futuro, que yo espero que no se produzca, se puede llegar a dar. Porque lo que yo espero es que lleguemos a un acuerdo que se ratifiquen por los ciudadanos vascos a través de los procedimientos pactados y establecidos en la ley.

—¿Esperaba la ilegalización de ANV y PCTV?
—He de reconocer que, tal y como evolucionaban los acontecimientos en los últimos tiempos, me lo esperaba. Me lo esperaba porque, en primer lugar, la evolución política en el Estado apuntaba a que el PSOE se reservara esta baza para el final, a efectos de contrarrestar el ataque del que pudiera ser objeto en pleno periodo electoral por parte del PP. Pero también me lo esperaba porque ha sido un poco decepcionan-
te la actitud de la izquierda abertzale, que una vez más ha demostrado su escasa altura de miras y su absoluta incapacidad para adquirir una cierta autonomía, apostando por las vías políticas y renunciando al ultraje de la violencia.

— ¿Quizá el Gobierno ha podido esperar a que estuviera disuelto el Parlamento para proceder a la ilegalización y no tener que dar demasiadas explicaciones al respecto?
— No sé cuáles son los motivos que ha llevado al Gobierno a elegir precisamente este momento para proceder a la ilegalización. Que tiene tufillo electoral no lo voy a negar. Pero la razón que usted me aduce no creo que sea determinante porque el asunto de la ilegalización de ANV, afortunada o desafortunadamente, se ha debatido hasta la saciedad en las Cortes Generales y muy especialmente en los últimos seis meses.

—¿Por qué se están centrando los ataques de la kale borroka en los locales del PNV de Vizcaya durante los últimos días?
— Ellos ven en nosotros el reflejo de su fracaso. Hay que recordar que la izquierda abertzale, ya en el año 1977, apostaba por no participar en las instituciones democráticas que se abrían en aquel momento. Ellos nos emplazaron incluso públicamente a que no participáramos en las elecciones del año 77 y no participáramos por tanto en el proceso constituyente que se iba a abrir entonces. Nosotros nos opusimos a semejante planteamiento, y desde entonces venimos participando a todos los niveles institucionales. El saldo que nosotros exhibimos como nacionalistas vascos después de 30 años está a la vista. Hay unas instituciones autonómicas, con limitaciones con problemas para abrirse camino pero que funcionan, que tienen unas cotas no desdeñables de autogobierno, y ellos sólo pueden exhibir muerte, destrucción y noes sistemáticos a todo.

— ¿Por hacer cumplir la ley el Tribunal Supremo se ha convertido "en refugio de ideas y grupos de ultraderecha", como ha afirmado Iñigo Urkullu ante la condena a Juan María Atutxa?
— Hay que precisar a esto que, el Tribunal Supremo, precisamente en el 'caso Atutxa' lo que no ha hecho es aplicar la ley. Y esa es una de las razones por las que tenemos motivos fundados para pensar que la actuación del Poder Judicial, de algunos sectores suyos, ha sido más inspirada por principios políticos que por criterios jurídicos. Yo fui ponente de la Ley de Partidos, cuando se debatió en 2002, y sé que quien impulsó la ley, el gobierno del PP, excluyó deliberadamente la posibilidad de que la ilegalización de un partido político pudiera comportar la supresión de los grupos parlamentarios que ese partido pudiera tener constituido. Y rechazaron esa posibilidad porque conocían la jurisprudencia que había dictado el Tribunal Constitucional, que diferenciaba claramente entre partidos políticos y grupos parlamentarios, y se temían que una previsión de ese tipo en la ley la podía hacer vulnerable ante la posibilidad de que alguien la impugnara ante el Tribunal Constitucional.
El problema es que nos encontramos con que la sala 61 del Tribunal Supremo, sin encomendarse a Dios ni al diablo y sin autorización legal expresa, se permitió hacer lo que el Partido Popular no se atrevió a incluir en la ley, porque suponía que esa previsión podía ser inconstitucional. Actuó claramente al margen de la ley, con un innegable uso político. A partir de ahí podemos hablar de las razones por las cuales el Tribunal Supremo decide pronunciarse ahora sobre este asunto o las razones por las que notifica su pronunciamiento en un comunicado a los medios y no a través de una notificación oficial. Podemos hablar de un montón de elementos extraños que han rodeado este pronunciamiento que permiten abrigar sospechas de que la actuación de los agentes del Poder Judicial que han intervenido aquí no ha sido precisamente modélica.

—¿Quién tuvo la culpa de la ruptura del diálogo, el Gobierno o ETA?
—ETA, sin duda. El Gobierno, durante el proceso de paz seguramente tuvo aciertos y errores, sin duda, pero sin perjuicio de que unos y otros nos podamos equivocar, quien debe corregir claramente su planteamiento es ETA. Son ellos los que tienen que darse cuenta de que en pleno siglo XXI y en el corazón de Europa, no es tolerable ni éticamente aceptable ni políticamente pertinente el avalar con gestos violentos sus pretensiones políticas.•


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