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Nº 773 - 4 de febrero de 2008
Contradicciones de los 'neocon'

por Santiago Carrillo

Asistimos a la demostración de las contracciones del neoconservadurismo. Esta tendencia ha logrado que el mercado, libre de controles políticos, gobierne plenamente la economía. Y con la globalización, el mercado se ha convertido en un monstruo mundial que escapa casi enteramente a cualquier control nacional. La política económica de los gobiernos influye muy escasamente en la marcha de los asuntos relacionados con ese renglón tan decisivo, por otra parte, en la marcha de los Estados. Eso no empece para que los Gobiernos se apunten éxitos que nos les corresponden cuando la coyuntura mundial es favorable, y las oposiciones les reprochan fracasos cuando esa coyuntura es desfavorable, sin que en realidad tengan culpa en lo que sucede.

En realidad nos gobiernan los bancos, las grandes entidades financieras, cuyos centros de decisión están muchas veces a miles de kilómetros de nuestras fronteras. En la mayor parte de los casos, las personas que toman decisiones tan importantes para la vida del común, nos son totalmente desconocidas. ¿Quién las designa? Otras igualmente desconocidas. Lo que sí está bastante claro es que esas personas, cualesquiera que sean, nadan personalmente entre millones de euros o dólares. Se preocupan de atribuirse y de blindarse unos sueldazos y pensiones, con una cantidad de ceros que marean. Son una casta, bastante considerable en esta época. ¿Quién les controla? Prácticamente nadie. A veces para pertenecer a esa casta basta con pasar por la política. Si se ha sido mi-nistro o aún mejor jefe de Gobierno, se tiene acceso a ella. Ahí están para comprobarlo personajes como Aznar o Rato; el mismo Pizarro, sin haber conseguido tanta categoría. O el ex presidente del Gobierno alemán, Schroeder, o Blair. Pero no todos salen de la política. De la mayoría de ellos no hemos oído nunca.

Actualmente estamos sufriendo una crisis financiera cuyas proporciones desconocemos aún. La han desencadenado esas gentes. Disponían del dinero de todos y lo manejaron mal. Como consecuencia, muchas personas están abocadas a perder lo poco que tenían, incluidos sus hogares. Nadie va a responder del desastre. Pero las consecuencias van a pagarlas muchos.

¿Y qué hacen los banqueros enuna situación así? De golpe se acuerdan de que existen los Estados, los poderes políticos, a los que en tiempos de bonanza habían negado el derecho a intervenir en la economía, y les exigen que resuelvan los desaguisados que ellos han cometido protegidos por la libertad de mercado. Y los poderes del Estado tienen que tomar medidas, obligando a los ciudadanos a apretarse el cinturón para que el mercado pueda recuperarse y todo continúe como siempre. Es decir, con blindaje de los beneficios, los sueldos y pensiones de los mismos.

Así funciona esto que llamamos democracia; también en las dictaduras. Algo falla en estos sistemas. La solución la propusieron ya hace tiempo unos señores que veían lejos.•

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