Nº 773 - 4 de febrero de 2008
Hemeroteca Lista Tribuna
Una derecha muy extrema

por Juan Antonio Barrio

La elaboración, bastante tardía, de la listas electorales por parte del PP está teniendo algunos incidentes más que coyunturales. En primer lugar, la no inclusión de Alberto Ruiz-Gallardón, en dichas listas. Lo menos que se puede decir de la actuación de Mariano Rajoy en torno a este tema es que resulta patética. El supuesto gesto de "autoridad" de la supuesta decisión "salomónica" ("les he dicho a ambos que lo mejor para el partido es que ambos sigan en la función para la que acaban de ser elegidos") resulta sencillamente grotesco. Es evidente que la pretensión de Esperanza Aguirre con su supuesta "oferta" no era ir "de verdad" en las listas, sino impedir que fuera Alberto Ruiz-Gallardón. Es nuevamente evidente que de mejor o peor gana, Rajoy ha cedido a esa pretensión. Y también resulta bastante claro que la forma de la propia reunión resulta en una humillación gratuita hacia Gallardón; si la decisión iba a ser ésa, Rajoy podía haber buscado una fórmula menos traumática, no haber querido o podido encontrarla es un punto más en contra, un argumento más sobre su pésima gestión de este asunto que se añade a lo ya sucedido en el caso de Piqué.
La cuestión no es si Alberto RuizGallardón es menos de derechas que Esperanza Aguirre. Los que le conocemos, desde los tiempos de líder de la oposición en la Asamblea de Madrid tenemos argumentos para decir que tampoco son tan distintos.

Pero en política la percepción general es muy importante, obviamente.

Y ésta es bastante clara: los gestos de Alberto Ruiz-Gallardón respecto al mundo de la cultura, las bodas homosexuales, la consideración del grupo Prisa, han tenido su efecto.

De este modo la resultante es clara: el sempiterno viaje al "centro" se retrasa una vez más. Y más aún si consideramos el fichaje como número dos de Manuel Pizarro.

Para "compensar" la ausencia de Gallardón, el empresario de gran éxito. Bueno, convendría detenernos un momento en eso. La idea que algunos tenemos del "espítiru empresarial" es más bien la de un señor que, por ejemplo, vende una cadena de hoteles por 30.000 millones y en vez de rascarse la tripa a contrapelo él y sus descendientes, construye otra cadena de hoteles y se la vuelve a jugar. Más o menos. Pero este señor, el adulador de "Don Mariano", convencido por sus divinas palabras ¿qué tipo de empresario es? Sí, claro, no sólo se forró él con su resistencia numantina en Endesa, sino que como "beneficio colateral" también lo hicieron los accionistas. Sólo faltaría. Ahora nos explica que en su actitud no había nada "personal" contra Cataluña, que era unacuestión de dinero, cosa que los catalanes, claro, "deben entender fácilmente". Ya. Es una pena que no vaya a ir allí a explicarlo. A lo mejor así entenderían que haya pasado de "marqués del apagón" (su gestión como presidente de Endesa antes de la OPA fue un desastre para los usuarios sin mayor valor añadido para la empresa) a "duque del finiquito". Nada personal, dice. Como tampoco lo habría contra el resto del personal –el que quede– si llega a ser él el encargado de gestionar la crisis que tanto pregona. Ajustes, reconversión, reestructuración. Lo de siempre pero para los demás. Como siempre, pero más. Más brutalmente como reclamaba Arias Cañete, otro desplazado hacia atrás por el "gran gestor". Claro que otras voces dicen que lo que quiere es ser ministro de Justicia para aportar "seguridad jurídica a las empresas". Si lo consiguiera, apaga y vamonos. Bueno, ya apagaría él, que es el especialista.•

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