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El Solbes-Pizarro y otras formas de desencuentro mediático Se está hilando muy fino en las técnicas
de comunicación. La última moda es el cara a cara sin verse las caras al que se
han acogido, en la modalidad de diferido, Manuel Pizarro y Pedro Solbes en
Radio Nacional, el primero el lunes y el segundo el jueves y en el mismo día y
hora pero en distintos canales de televisión, Zapatero y Rajoy, el primero en
TVE y el segundo en Antena 3. A ambos dirigentes les cuesta encontrarse cara a
cara en un debate con posibilidad de réplica y dúplica. Los padrinos de los
duelistas, José Blanco por el PSOE, y Pío García-Escudero por el PP, llevan
semanas y semanas debatiendo dónde debatirán, en qué tele se producirá la
esperada esgrima. No podría sospechar Marshall McLuhan que los políticos
españoles se iban a tomar tan al pie de la letra su aserto: “El medio es el
mensaje”.
La aludida novedad de debates sin encuentro viene a sumarse al uso y abuso de las ruedas de prensa donde no se admiten preguntas, que más que ruedas de prensa parecen ruedas de molino. Junto a estas innovaciones permanecen vivas perniciosas prácticas de más solera como la fabricación de la noticia que Telemadrid ha perfeccionado con vídeos falsos. A falta de un auténtico cara a cara entre las lumbreras económicas de los partidos que pueden gobernar, me he aplicado a la recreación virtual de lo que debió ser un pugilato dialéctico y devino en la declamación de monólogos sucesivos. No es fácil deducir programas alternativos de las palabras del uno y del otro aunque sí pude observar el contraste de biotipos. Vi a Manuel Pizarro demasiado acelerado y con un punto de sabidillo que puede perjudicarle proporcionando una idea que los que le conocemos personalmente sabemos que no responde a la realidad. Hubo un exceso de “yo sé mucho de esto” referido a los asuntos más diversos; tampoco contribuirá a ganar amigos en la nueva singladura que afeara a uno de sus entrevistadores una laguna formativa que todos, incluso el propio Pizarro, podemos padecer en algún momento: “Usted que se dedica a escribir de economía debería saber que …” (la cita es de memoria) fue la forma en que cortó el financiero metido a político al compañero. El liberal Pizarro acusó a Solbes de inacción desviándose de la doctrina que comulga: que cuanto menos intervenga el Estado mucho mejor para todos. En un alarde de erudición y de patriotismo aragonés, calificó a su adversario de "quietista" una mística acuñada por el jesuita turolense Miguel de Molinos, que murió en las mazmorras de la Inquisición. Por lo demás, Pizarro, pico de oro, tuvo momentos elocuentes, pegadas que dieron en el blanco e ironías inteligentes. Acertó al señalar fallos estructurales en la economía española que afectan a su competitividad aunque entró en demagogia al responsabilizar de ellos en exclusiva a los socialistas, olvidándose de que su partido los ha mantenido vírgenes en sus ocho años de Gobierno. Más pertinente, aunque acercara el ascua a su sardina, fue su referencia a la necesidad de generar confianza pública en las épocas difíciles que se avecinan. Naturalmente para Pizarro no hay duda de que la derecha proporciona más confianza que la izquierda, lo que daría pie a las ironías de Solbes pues la confianza del primero no llegaba hasta el extremo de concebirse como gestor de su proyecto al frente de un ministerio. El ex presidente de Endesa acertó en sus reproches a la descoordinación del Gobierno en materia económica donde –dijo– “no se sabe quién manda”. La verdad es que tal descoordinación, evidente en el pasado, es improbable en el futuro pues Zapatero ha aceptado las condiciones que Solbes impuso al respecto. Pero el futuro está por ver y Pizarro acertó al señalarlo. La sobreaceleración del turolense le puede jugar malas pasadas en su propio partido como cuando se ha manifestado –fuera de la comparecencia que comentamos– a favor de la privatización parcial del sistema de pensiones. La intervención de Solbes fue más previsible. Creo que es preferible dejarse sacar una muela antes que debatir con este personaje. El alicantino maneja con admirable virtuosismo el arte de anestesiar al oyente. Es prácticamente imposible extraer de sus palabras una propuesta concreta pero deja en el oyente una confortante sensación de serenidad, la convicción de que es un hombre razonable que actuará con sentido común, lo que no es poca cosa cuando barrunta tormenta. El vicepresidente se refiere a la amenaza de crisis como si hablara del tiempo. Las embestidas de un Turbopizarro contra este hombre impasible tienen el efecto de quien cocea a una pared. Pedro Solbes se permitió una leve alusión irónica a la intervención de su opositor pero no se aplicó a rebatir sus puntos de vista. Justificó con ingenio el invento de los 400 euros, que algunos llaman 400 zapateros, como una indemnización al sufrido consumidor por la subida de los precios pero afirmó que no está por la rebaja de impuestos pues el Estado necesita dinero para financiar las políticas sociales. |
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