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Nº 772 - 28 de enero de 2008

El Príncipe se juega la Monarquía

Felipe VI o  República III


Don Felipe cumple esta semana 40 años. Las circunstancias históricas le han permitido tener mejor formación académica que su padre y no ha habido sobresaltos políticos que hicieran presagiar el fin de la monarquía. Su condición de Heredero, por tanto, no entraña discusión. Sin embargo, a su padre le quedan años de reinado y de aquí a que le suceda, la sociedad española puede ser otra. La Corona mantiene un alto grado de aceptación entre los ciudadanos pero, aunque de forma residual, también avanzan las posiciones republicanas. La tarea del Príncipe se antoja pues tan decisiva para la institución como la que tuvo que solventar el Rey.

Por Virginia Miranda

El reconocimiento sobre el papel que desempeñó don Juan Carlos durante la Transición es prácticamente unánime. Y a pesar de las casi tres décadas transcurridas desde entonces, el Monarca sigue despertando el mismo respeto entre los políticos que le acompañaron durante aquel difícil periodo de la reciente historia de España y los que ahora le han conocido en momentos mucho más relajados aunque no exentos de crispación. Quedó patente el pasado 9 de enero en la celebración del 70 cumpleaños del Rey; 462 invitados asistieron a un acto reservado a los representantes institucionales de los últimos 30 años de democracia.

A su Heredero se le suponen mejores condiciones para reinar. Sucesor de don Juan Carlos desde la cuna, atesora una brillante formación académica –y militar, ya que la sucesión implica también el mando supremo de las Fuerzas Armadas–, lleva 11 años  ensayando el oficio con una intensa y prolija actividad oficial [ver Las marcas del Príncipe] y además tiene el ejemplo de su padre, que ha sabido meterse en el bolsillo a una mayoría de españoles carentes de fervor monárquico.

Por otro lado, el panorama político, por muy virulentas que hayan podido ser las sesiones de control al Gobierno, incluso por muy exacerbados que continúen los ánimos entre la prensa más follonera, dista mucho de ser aquél en que estaba en juego no sólo la democracia, también la supervivencia de una monarquía a la que la extrema derecha no le perdonaba el pecado de haberle entregado sus poderes a los partidos políticos. El propio Príncipe se encarga de decir en sus discursos que la España de hoy puede presumir de ser abierta, moderna, próspera.

Sin embargo, ahora que el reemplazo de la Corona goza de las mejores condiciones para el puesto y el ordenamiento institucional está consolidado es cuando comienzan a surgir las críticas a la monarquía. Desde diversos frentes y por diversos motivos e intereses. De forma en ocasiones anecdótica y con un eco desigual en los medios. Pero lo que ahora no deja de ser una actitud minoritaria –las preguntas parlamentarias de ERC, IU-ICV y PNV sobre las cuentas de la Casa Real son rechazadas de forma sistemática–, quién sabe las dimensiones que puede tomar dentro de años, puede que décadas, cuando a don Felipe le llegue la hora de subir al Trono.

La reforma constitucional está pendiente. Uno de los cambios fundamentales previstos es el del artículo 57.1 de la Carta Magna, que eliminaría la discriminación por razón de sexo en la línea de sucesión dinástica. Los grandes partidos están de acuerdo en que se abordará cuando sea posible someterlo a referéndum junto al resto de modificaciones previstas para evitar que la consulta se convierta en un plebiscito sobre el modelo de la jefatura de Estado. Pero no podrán evitar que los grupos minoritarios planteen el temido debate, en sede parlamentaria, sobre monarquía o república. En una entrevista publicada en El Siglo el pasado abril, el diputado de ERC, Joan Tardà, anunciaba: “Tarde o temprano habrá que debatir aspectos que giran alrededor de temas de gran calado con respecto a la monarquía. Esto tendrá lugar –al menos, el debate ideológico–, por ejemplo, el día que se abra la discusión de las reformas constitucionales, donde los grupos republicanos puedan plantear cuáles son los sujetos de soberanía y poder introducir elementos de la configuración de la forma del Estado”.

Los palos también le vienen a don Juan Carlos y, por extensión, a la Familia Real, desde la derecha. Conocidas son las soflamas del director de La Mañana de la Cope, Federico Jiménez Losantos, pidiendo la abdicación del Rey. Pero ni las de 2007 fueron las primeras, ni él ha sido el único en darle un disgusto desde el sector más conservador. En mayo de 2005, la revista Época acusaba al Rey de estar “escorado a la izquierda”. El reportaje estaba acompañado de dos artículos firmados por Ricardo de la Cierva y Enrique de Diego. Éste último, que tituló su texto Los Borbones pueden ir al paro, empleó la expresión Caveat Rex, que significa el rey se esta cavando su propia tumba, aunque dijo mencionarla “en voz baja”.

La pelota está ahora en el tejado de Zarzuela. La Corona contribuyó a apuntalar el andamiaje de la España que hoy conocemos. Cierto. Pero las voces críticas cuestionan que siga haciendo falta. Sobre todo si la institución colisiona con las intereses de cada una de ellas; las unas por aspirar a la instauración de la república, las otras por los celos que despierta entre la extrema derecha que el monarca se lleve mejor con la izquierda. Así las cosas, a la Familia Real le corresponde demostrar que sigue siendo útil en la sociedad española. Y ciertamente, se están afanando en ello, dentro de las limitadas posibilidades de actuación que le reserva la Carta Magna a la Corona.

En medio de la campaña contra el Rey, don Juan Carlos visitó el día de Nochevieja a las tropas destacadas en Afganistán, el punto más caliente del planeta. Logró la complicidad de los principales medios de comunicación del país para apuntalar su imagen pública con la excusa de la celebración de su 70 aniversario. Y organizó una cena de cumpleaños en el Palacio de El Pardo a la que asistieron casi todos los invitados, los representantes de las instituciones establecidas en la Constitución del 78 que arroparon al monarca en un acontecimiento sin precedentes [ver portada número 769, El Rey, en campaña]. También don Felipe está haciendo los deberes. Si bien con más dificultades, debido a la ausencia de cometidos del Príncipe de Asturias.

El Heredero de la Corona celebra el 30 de enero su 40 cumpleaños. Tras su boda con doña Letizia el 22 de mayo de 2004 y asegurar su descendencia tras el nacimiento de las infantas Leonor y Sofía, sólo le queda seguir perfeccionando el oficio de aspirante a Rey manteniendo y reforzando su estrecho vínculo con su padre. La cena del 70 aniversario fue un acto de reafirmación del monarca y de espaldarazo al Heredero, que como él mismo dijo, intervino “rompiendo el protocolo” para darle las gracias por su “permanente ejemplo de vida intensa entregada al servicio de la nación. Ese es el legado que vas conformando día a día y que se convierte sin duda alguna en ‘carta de navegación’ fiable para los que te seguimos en la vida y damos continuidad a tu vocación”.

El ejemplo del que habla no le permite sin embargo aprovechar la mejor de las bazas de su padre. El carácter del Príncipe dista mucho de ser el de don Juan Carlos, lo que le obliga a redoblar esfuerzos para convencer a quienes deberían aceptar una monarquía representada por Felipe VI. La celebración de su cumpleaños era la oportunidad de demostrar mayor cercanía, y para ello ha contado con la ayuda de la prensa.

Efe televisión ha seguido al Heredero durante tres meses, por distintas localidades españolas y también en sus viajes al extranjero, como Brasil, Marruecos y China. En este último país, dice ante las cámaras el secretario de Estado de Industria y Comercio, Pedro Mejía, se ultimó el acuerdo sobre la exportación del jamón gracias a la visita de los Príncipes. También ha rodado sus audiencias y reuniones en Zarzuela, su visita a la base de Torrejón para viajar a la base gaditana, incluso ha filmado el trabajo de despacho con su padre. El reportaje está disponible para que hagan uso de ellas las cadenas de televisión, que estos días han venido emitiendo programas especiales sobre los 40 años de don Felipe, y las fotografías tomadas durante el trabajo de la agencia han aparecido en toda la prensa escrita, ocupando portadas y páginas especiales.

A pesar de que las imágenes de padre e hijo trabajando en torno a una mesa tiene mayor carga simbólica para la dinastía, las más vistas y celebradas han sido las de los Príncipes de Asturias paseando con las infantas por los jardines de su residencia, construida por Patrimonio Nacional en las inmediaciones del Palacio de la Zarzuela y donde don Felipe se trasladó a vivir en 2002, y la de la pareja sentada en torno a una mesa camilla mientras las pequeñas se entretienen con sus cuentos infantiles.

Lo que pudiera resultar anecdótico, como es la rutina de unos padres con sus hijas, ha cobrado más protagonismo que las conversaciones de trabajo del jefe de Estado y su Heredero. Sin embargo, lo que en otro caso habría sido una frivolidad, tratándose de la Familia Real tiene todo el sentido. Uno de los principales puntales que sustentan a la monarquía es la empatía que sea capaz de despertar entre los ciudadanos. La asistencia de Reyes, Príncipes e Infantas a actos oficiales no siempre se valora en función del peso social o político de cada uno de ellos. Influye más su carga emocional e incluso la “improvisación”, “la sorpresa y cambiar el paso de vez en cuando” que don Felipe atribuía a su padre en su discurso del 9 de enero tan celebradas por el común de los españoles: ni muy monárquicos ni muy republicanos, conformes con el sistema porque funciona.

Lo que nadie puede garantizar es que la oleada antimonárquica no prospere y la legitimidad del Heredero se vea en entredicho, en cuyo caso tal vez sea el momento de responder a los más críticos dotando de mayor transparencia a la Casa Real, la cuenta pendiente de don Juan Carlos con los españoles. 

Frases para  la historia

Diciembre de 2001. Reunión con periodistas en el Palacio de la Zarzuela.

“Hemos decidido –don Felipe y Eva Sanum– por razones estrictamente personales y particulares, que cada uno va a seguir su propio camino en la vida”.

Enero de 2003. Entrevista con la agencia Efe con motivo de su 35 cumpleaños.

“Tengo plena conciencia de cual es mi responsabilidad frente a la Corona, frente a la sociedad española [...]. Y también, por tanto, en lo que afecta al matrimonio [...]. No por satisfacer esa necesidad abandonaré la pretensión de abordar el matrimonio con una persona de la que me sienta enamorado”.

Mayo de 2004. Entrega de la Medalla de Honor de Madrid al Príncipe.

“Me acompaña mi prometida [...] en vísperas de nuestro matrimonio [...]. Ese compromiso es el que me ofrecerá la oportunidad, el próximo día 22, de dar el necesario y feliz paso que habrá de garantizar una continuidad dinástica”. 

Mayo de 2004. Almuerzo del día de la boda de los Príncipes de Asturias.

“Me he casado con la mujer que amo. Conjugar  la razón con la fuerza del amor y del sentimiento ha sido siempre un objetivo en mi vida [...]. El compromiso que Letizia y yo hemos asumido hoy transciende de lo meramente personal. Desde muy pequeño he sido consciente de mis responsabilidades y la lealtad al Rey junto al sentido del deber han guiado mi vida”.

Enero de 2008. 70 aniversario del Rey.

“Gracias, querido Patrón [...] por tu permanente ejemplo de vida intensa entregada al servicio de la nación. Ese es el legado que vas conformando día a día y que se convierte sin duda alguna en “carta de navegación” fiable para los que te seguimos en la vida y damos continuidad a tu vocación”.

Los “records” del Príncipe

Con motivo de su 40 aniversario, Zarzuela ha hecho públicas las cifras relativas a la actividad oficial del Príncipe, que comenzó en 1996, cuando finalizó su preparación académica y militar, hasta 2007. Estas son las marcas del Heredero:

Actividades oficiales. 4.350, con una media 377,5 al año.

—23,27% de carácter institucional.
—20,32% del ámbito cultural.
—16,78% de tipo económico-empresarial.
—16% relacionadas con la educación, asuntos sociales y voluntariado.
—8,95% del ámbito militar.

Actos en el extranjero. 1.147 actividades oficiales.

—651 institucionales.
—221 culturales.
—104 económicas.
—48 de cooperación.
—123 de otros ámbitos.

Del total de actividades oficiales, dentro y fuera de España, el año más intenso fue 2006, con 493 eventos, y el menor fue 2004, cuando contrajo matrimonio con Doña Letizia, en el que asistió a 268 actos.

Viajes al extranjero. 170, con una media de 14 al año.

—46 de ellos para asistir a las tomas de posesión de jefes de Estado iberoamericanos.
—33 visitas a países y organismos internacionales.
—28 desplazamientos al extranjero han tenido carácter eminentemente cultural.
—25 relacionados con actos de Estado.
—17 de contenido económico.
—15 para apoyar el deporte español.
—6 por catástrofes naturales.

Distribución por continentes y regiones

—82 en Europa
—58 en Iberoamérica
—12 en Estados Unidos
—14 en Asia
—3 en África
—1 en Oceanía

El 2002 fue el año más prolífico en viajes al exterior, un total de 21, mientras que en 1997 y en 2005 hizo ocho cada año. Además, el Príncipe de Asturias ha tenido contactos con setenta jefes de Estado de visita en España y con una decena de altas autoridades de organismos internacionales.

Viajes oficiales por España. Todas las Comunidades Autónomas con la excepción del País Vasco, el Principado de Asturias y las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla. Las primeras que visitó fueron Cataluña y la Comunidad Valenciana, en 1990 y en 1995, cuando aún no había finalizado su formación. También ha visitado casi todas las localidades españolas con más de 100.000 habitantes y el 80% de las de más de 70.000 vecinos.

Audiencias. Ha recibido a 13.405 personas de diferentes sectores sociales –la media es de 1.117 al año–.

Discursos. 719, además de los encuentros de trabajo que se celebran sin presencia de medios de comunicación.

Enredos de familia

Don Felipe lo tenía claro: no contraería matrimonio hasta que no encontrara el amor. Lo ha dicho en repetidas ocasiones [ver recuadro Frases para la Historia], y también han sido repetidas las veces que lo ha intentado. Sin éxito. No lo de enamorarse, que se ve que siempre ha estado predispuesto. Sino lo de contraer matrimonio con su amada. Y así fue hasta que llegó Letizia Ortiz.

Cuando anunció a un reducido grupo de periodistas que él y la noruega Eva Sannum había decidido por razones “estrictamente personales” no continuar con su relación, negó que su padre el Rey hubiera tenido algo que ver en la ruptura. Sin embargo, poco después saltó la noticia en elconfidencial.com de que quien fuera jefe de la Casa Real, Fernando Almansa, había negociado con la pareja el fin de su relación. Una negociación que en realidad no ofrecía contrapartida alguna, sino la indicación sin condiciones de don Juan Carlos de que su Heredero no podía casarse con una modelo de lencería por el interés de la Corona. La consecuencia inmediata y conocida fue el relevo del diplomático al frente de Zarzuela, a quien don Felipe y su madre la Reina responsabilizaron de un desenlace que en realidad habría sido propiciado por el Monarca. La reacción de doña Sofía siempre se ha interpretado como el consentimiento de la madre del Príncipe a la relación, aunque hay quienes dicen que fue ella la que se opuso al noviazgo entre su hijo e Isabel Sartorius, que la Casa Real se limitaba a calificar de “buena amistad” aunque la siempre correcta Hola la elevó de rango anunciando el fin de la unión sentimental en agosto de 1991.

Sartoruis y Sannum son las dos parejas del Príncipe más conocidas. Pero hubo más, aunque bien es verdad que algunas relaciones resultaron más verosímiles que otras. Si lo fue la que mantuvo con la estadounidense Gigi Howard, a quien conoció siendo estudiante en Washington. Más original que verídica la que se le atribuyó un verano con la hollywoodiense Gwyneth Paltrow, que comparte con don Felipe los amigos comunes Kyril de Bulgaria y Rosario Nadal.

Mientras él seguía buscando pareja, los años iban pasando y, cuando celebraba los 35, tenía que contestar a la entrevista concedida a la agencia Efe sobre su futuro matrimonial. La respuesta: sabía que era su “responsabilidad” pero no se casaría hasta estar “enamorado”. A finales de octubre de 2003 se supo que encontró el amor al lado de la periodista de la segunda edición del Telediario, Letizia Ortiz. El resto de la historia es de sobra conocido. Pero don Felipe no es un Príncipe Azul ni este un cuento de hadas para que nadie pueda decir aquello de “colorín colorado...”. La boda no ha dado por concluidos los comentarios sobre las relaciones del Heredero y el resto de la Familia Real a cuenta de su pareja: que si doña Letizia mantiene buena relación con doña Sofía pero don Juan Carlos no la traga y sus cuñadas las Infantas no la pueden ni ver... El Rey bromeaba sobre el supuesto enfrentamiento en el corrillo de prensa tras la celebración de la Pascua Militar cuando se acercó su nuera. Y a renglón seguido, manifestaba su disgusto por la proliferación de rumores sobre supuestas desavenencias. Más, no puede hacer mientras haya quien filtre noticias, falsas o no.

Las razones son obvias, ¿no Alteza? por Enric Sopena


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