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Nº 772 -28 de enero de 2008 |
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La caída de las Bolsas por Carlos Berzosa La importante bajada de las cotizaciones de las Bolsas en todo el mundo ha creado una sensación de pánico en el ámbito financiero y en la economía en general. Siempre que se produce una caída de esta naturaleza un fantasma recorre todos los mercados bursátiles, que en este caso no es del comunismo, sino el del martes negro de octubre de 1929, que fue el detonante de la mayor crisis que ha sufrido el mundo capitalista desde la Revoluciónlindustrial. Las caídas de las Bolsas que se producen de cuando en cuando tienen diferentes orígenes, pero siempre hay un factor común. Los valores que se cotizan tienden al crecimiento, en algunos casos desmesurado, y suelen superar con creces el valor real de lo que realmente representan. Esta diferencia entre el valor bursátil y el real tiene lugar porque, por lo general, las Bolsas funcionan con un elevado componente especulativo, por lo que antes o después se produce inevitablemente la temida caída. Esta puede ser mayor o menor, depende de esas diferencias, lo que se materializa en ocasiones en ajustes sin graves consecuencias o en pérdidas que pueden resultar dolorosas para quien las padece. El origen de la crisis actual se encuentra en las hipotecas en Estados Unidos y, por tanto, se encuentra estrechamente vinculada al sistema financiero norteamericano. No obstante, por detrás de ello lo que se estaba dando era un crecimiento sustentado en gran parte en el endeudamiento de las familias, tanto en estos créditos hipotecarios como en otros créditos al consumo. La forma que adquiere este crecimiento es una de las razones de la crisis actual, que ha conducido a una desaceleración que agrava la situación de las hipo-tecas de alto riesgo y las dificultades que todo ello está suponiendo para las aseguradoras de los créditos hipotecarios. Por tanto, no sólo hay problemas financieros de inversiones de alto riesgo detrás de la crisis, sino fenómenos reales entre los que se encuentra la forma en que ha tenido lugar este crecimiento. La globalización de los mercados la hace extensible a escala mundial, pero resulta muy difícil con los datos disponibles conocer a ciencia cierta las consecuencias negativas que pueda tener. Hay una falta de transparencia de la situación económica de los grandes inversores internacionales, y la información resulta excesivamente asimétrica. No se conoce el estado de salud con que cuentan los agentes económicos para afrontar las adversidades que se avecinan, y tampoco el grado de endeudamiento, el posible crecimiento de los impagados y el número de créditos de dudosa devolución. Ante esa falta de información no se puede disponer de un diagnóstico de la enfermedad, de su gravedad y de los posibles remedios para provocar la mejora económica. En todo caso, en Estados Unidos la crisis de las Bolsas supone pérdidas para los grandes inversores, pero gran parte son fondos de inversiones y de pensiones que afectan a múltiples pequeños ahorradores. Las economías domésticas se resienten de estas pérdidas, lo que significará menores niveles de ahorro y de consumo y una menor demanda que afectará a la producción de las empresas, con lo que el desempleo tenderá al crecimiento. A su vez, una pérdida del impulso de la demanda en Estados Unidos afecta a otros países que venden en este gran mercado, como es el caso de los asiáticos. Si estos países ven mermado el mercado de sus exportaciones, descenderán sus tasas de crecimiento y todo ello tendrá repercusiones en la economía mundial en su conjunto. No cabe duda de que estamos ante un cambio de ciclo, pero lo que resulta difícil determinar, por las razones apuntadas, es si esto será una simple des-aceleración, que también tendrá sus costes sobre el empleo, o estamos ante una recesión de mayor envergadura. Pero esto último dependerá de la situación económica de las empresas y de las intervenciones que los Estados puedan llevar a cabo. Uno de los agentes que está llamado a jugar un papel importante en esta situación es el Estado, que con sus actuaciones puede atenuar los efectos negativos o agravar las cosas, aunque se encuentra en buenas condiciones para poder intervenir correctamente, al menos en España y en la Unión Europea, debido a los saneamientos de las cuentas públicas que se han llevado a cabo en los últimos tiempos. Ante una posible recesión el sector público tiene que actuar con decisión y no dejarse llevar por el ímpetu del mercado.• |
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