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Nº768
28/1/2008

 

Si yo fuera presidente

Estuve el otro día con un viejo amigo que me estuvo comentando que está promoviendo un nuevo partido político. Me expuso a grandes rasgos sus ideas. Lo cierto es que hasta ese momento creía que era una persona sensata, pero a partir de entonces no pude por menos que colocarle la etiqueta de ido. Por lo gracioso y curioso del programa electoral de su nueva formación política, paso a exponerlo a grandes rasgos.
El elemento crucial y definidor sería la racionalidad y la eficacia. Hasta ahora bien, pero lo que sigue... Se promovería el independentismo español. Que se traduce en que esté el quiera estar y el que no, que se vaya. Así, se invitaría a todas las Comunidades Autónomas (aunque en Álava, matizaba, con votación separada) a que promuevan si quieren su independencia en el plazo de dos años. Si plebiscitan que se quieren salir, pues que se vayan. Con todas las consecuencias. Me insistía, sí, con todas. Luego con lo que quede, que es de suponer que quede bastante o todo se reformaría, lógicamente, la Constitución para posibilitar la secesión y se implantaría un sistema electoral que impediría la presencia nacional de los partidos regionales. Por ejemplo, me decía, que para tener escaño en las Cortes habría que presentar listas o candidatos en la mitad, por lo menos, de las circunscripciones y sacar en cada una, también por lo menos, el 10 por ciento de los votos. Y seguían los disparates. Se procedería a revisar el sistema actual de Autonomías, rediseñando el territorio según la historia real; y las competencias de las Comunidades.

En cuanto a la vida pública, los políticos responderían penal y civilmente por sus actos de gobierno. Se implantaría un código de respeto a la verdad y la cultura, con unos tribunales que enjuiciarían sus actos y programas, que serían las Reales Academias. Se modificaría el sistema de oposiciones haciéndolo humano y eficaz (no le dio tiempo a explayarse demasiado en esto). Supresión de todos los Ayuntamientos con menos de 1.000 habitantes. Sufragio directo en las Diputaciones Provinciales, si subsistieran según criterio de cada Comunidad Autónoma. Establecimiento de mayorías parlamentarias de por los menos tres cuartas partes para aprobar leyes en materias como educación, fiscalidad, sanidad o urbanismo. Todas lasuniversidades públicas dependerían del Estado central, reduciendo su número y con un sistema de becas absoluto. Los profesores, por supuesto, podrían ser destituidos por incompetentes.

Se eliminarían todas las restricciones a la libertad de establecimiento (incluyendo farmacias, notarías, estancos, grandes superficies, bares, radios y teles), salvo los casos de abuso de posición dominante, y el cumplimiento de los requerimientos técnicos, de seguridad y sanitarios. Se limitarían los premios de toda suerte de loterías, rifas y demás a cantidades módicas. En este apartado me dio hasta razones: no se deben generar ilusiones vanas, y que el dinero que no cuesta ganar se gasta de forma ineficaz. Y añadió en este apartado limitación de la cuantía máxima (pongamos de 100 millones) de lo que se puede obtener por herencia, que no significa que se confisque el resto, sino que el testador lo reparta en otros menesteres. Limitación de la riqueza máxima que puede gestionar una persona física (pongamos otros 100 millones). Siguiendo con las limitaciones. La velocidad máxima en autopistas (todas serían de peaje) a 140, y en carreteras a 120, con prohibición de circular a los coches con mayores prestaciones.

También pondría un salario a todas las madres por el hecho de serlo. Se sancionarían las faltas de urbanidad y civismo. Se prohibiría el tabaco y fumar. Y, y, y. Lo que dijo después no me atrevo ni a repetirlo.

No pude aguantar tantas sandeces, me di la vuelta y le dejé con la palabra en la boca.•

Fernando F. Trocóniz

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