Mariano Fernández Bermejo, ministro de Justicia
"YO NO ME DEJO
INTIMIDAR"
Se le nota irreprimiblemente contento. El fiscal perseguido por el PP durante el
gobierno de Aznar es ahora ministro de Justicia, y aspira a seguir siéndolo si el
PSOE gana las próximas elecciones. Para ello ha aceptado ser candidato en las
generales. Para frenar al PP y su política "del rencor", como la califica, y para
continuar la labor de uno de los ministros que le observan en el despacho desde su
retrato: Alonso Martínez, a quien le gusta citar como iniciador de la modernización
de España y de la reforma de la Ley de Enjuiciamiento Criminal. Con ANV asegura
que el Gobierno ha actuado sólo cuando ha habido "pruebas sobradas"
Por Inmaculada Sánchez
A penas un año en política, como ministro, y ahora, candidato a las elecciones. ¿Cómo lo vive? ¿Qué tal se le van a dar los mítines?
—Me lo estoy pasando magníficamente bien. Esto es apasionante. Tengo una enorme ilusión por lo hecho y, sobre todo, por lo que sé que vamos a hacer. Que me hayan ofrecido la oportunidad de ir en las listas es una auténtica gozada a nivel personal, además de un gran honor.
—¿No cree que para su debut como candidato le han enviado a una plaza especialmente difícil, como es Murcia, donde lleva una década ganando el PP?
—Me alegro mucho, por muchas razones. Soy un hombre de retos. Yo no he ido nunca a ningún sitio cómodo ni he venido a la función pública a tener, simplemente, un medio de vida sino a hacer cosas, a poner ese grano de arena para que el servicio público de la justicia lo sea cada vez más y lo sea, además, desde un planteamiento de izquierdas. Sé que esto irrita mucho, cada vez que lo digo. Parece increíble. Si será de derechas... no este país, sino las gentes que han gobernado este país toda la vida, con un sentido tan patrimonial de lo que es la gobernación, que cada vez que alguien osa, desde la función pública, decir que es de izquierdas, se pone el grito en el cielo. Podían haberlo puesto por tanta gente como hay de derechas en la justicia.
—Su Ministerio acaba de instar a la Abogacía del Estado para que ANV y el PCTV sean ilegalizados, algo pedido reiteradamente por el PP. ¿Ha actuado usted a tiempo?
—No estamos hablando de una cuestión temporal, sino de fondo. No puede ser de otro modo porque, pese a quien pese, y siempre pesa a los mismos, cuando hablamos de ilegalizar a un partido político estamos poniendo el dedo en la espina dorsal del sistema. El minuto ha llegado y vamos a actuar en consecuencia. En este caso toda prudencia es poca. La Ley de Partidos fue discutida porque, al afectar a lo que afecta, está en el límite del sistema. Por eso, que nadie se asombre de que hayamos sido tan prudentes. Estamos afectando a la médula del sistema y los filtros de constitucionalidad son muy exigentes. Yo comprendo que el Partido Popular, que lleva así toda la legislatura, siga diciendo barbaridades. Pero no me dejo intimidar, sobre todo cuando se trata del
ejercicio de un derecho como el de sufragio Yo sé que, a lo mejor, a los que ahora diri gen el PP no les dice mucho. No fueron ellos lo que lucharon por la existencia de este de recho. Pero quienes sí luchamos le tenemos un gran aprecio, y por eso somos exquisitos Ahora tenemos pruebas sobradas que acre ditan que ANV es una mera continuidad del complejo Batasuna. No descartamos ningu na acción cautelar y le puedo asegurar que ANV no estará en el proceso electoral.
—El Tribunal Supremo también acaba de dictaminar sobre el "caso Atutxa" conde. nando al ex presidente del Parlamento vas co y haciendo caso omiso de la llamada "doctrina Botín", que impide juzgar cuando la fiscalía no acusa y no hay perjudicados personados. ¿Qué opinión le merece?
—Sería un irresponsable si opinara de esa resolución cuando aún no la he leído. Hay que leer la fundamentación para saber qué la distingue del "caso Botín". Lo que sí sé es que ha sido una decisión discutida porque han sido cuatro los votos particulares. Las sentencias no se legitiman por lo que dicen sino por cómo se fundamentan.
—¿Cree que el PP continuará usando la política antiterrorista del Gobierno de aquí a las elecciones o ya no tiene recorrido?
—A mí no me gusta hablar del Partido Popular, porque es injusto. En el PP hay gente muy valiosa y con ideas de derecha civilizada que me merecen una opinión que nada tiene que ver con la de quienes han dirigido, o mejor, maldirigido, el PP en los últimos tiempos. Es decir, el señor Rajoy, el señor Acebes, el señor Zaplana y el señor Aznar. Aclarado esto, no le quepa la menor duda de que seguirán traspasando líneas rojas, las que haga falta. Porque cuando se tiene la irresponsabilidad que tienen estos señores, cuando no se tienen argumentos para atacar al Gobierno no han tenido pudor alguno en traspasar todas las líneas rojas. Primero decidieron que volvía la mala gestión, que no seríamos capaces de crecer y seríamos unos manirrotos. No hace falta explicar que no es que hayamos crecido al tres, sino al 3,8 en la legislatura. Además, hemos dejado las arcas del Estado con un superávit de más del 2 por ciento del PIB. Luego, cuando se habló de modificar estatutos, desde la irresponsabilidad más absoluta y aprovechando que el de Cataluña andaba por ahí, España "se rompía". Han sido tan irresponsables que para denunciar el "España se rompe" han armado la que han armado en el Tribunal Constitucional. Eso significa pasar líneas rojas gravísimas, porque están en juego las instituciones. No han dudado incluso, en presentar una recusación, que vergüenza le debía dar al señor Astarloa, que le ha supuesto una recriminación por parte del propio Tribunal. Y han traspasado las demás líneas. Cuando España no se rompía había que decir que el Gobierno poco menos que la vendía a los terroristas y que Navarra iba en el lote. Cuando Navarra no iba en el lote porque las mentiras tienen poco recorrido había que seguir metiendo el dedo y decir que el Gobierno negociaba con no sé quién. Y resulta que el Gobierno no podía negociar con terroristas para buscar la paz
porque eso sólo lo podían hacer ellos...
—¿Le van a recordar en la campaña cuando dijo aquello de "se volverán a dar las condiciones" de la resolución aprobada por el Congreso que permitía la negociación?
—Y si me lo recuerdan... qué.
—No se arrepiente de haberlo dicho, después de roto el alto el fuego?
—Yo no me arrepiento de haber dicho nada. Cuando digo mis cosas, las digo. Y cadauno que las interprete. Se lo voy a poner en pasiva: Con quien ejerce la violencia no hay posibilidad de diálogo, con quien ejerce la violencia, hay cárcel, véase. Me da igual que me lo quieran recordar. Es intrascendente. Que sigan en la incoherencia, en la irresponsabilidad. Me da igual. A mí se me entiende todo, me expreso con mucha claridad. Tengo, creo, las ideas claras y, sobre todo, las sostengo. Pero no nos engañemos, ellos seguirán cruzando líneas rojas, porque la derecha que dirige en estos momentos el PP está bastante claro que se ha escorado tanto hacia el extremo derecho que está dispuesta a cualquier cosa. Son gente que está actuando desde el rencor más absoluto. No sólo desde la frustración, sino desde el rencor. Su frustración, cuando perdieron las elecciones el 14-M, la puedo entender, es un proceso psicológico comprensible. Lo que puedo entender menos es el rencor. Y lo que ya no entiendo es la irresponsabilidad de la mentira sistemática, el intento de mantener la enorme mentira que, sin duda, coadyuvó a que perdieran las elecciones. Querían mantenerla todos los años posibles. Nunca pensaron que seríamos capaces de hacer un juicio modélico, ejemplo para todo el mundo, donde quedó claro todo lo que había pasado. Y, pillados en su tremenda mentira y en su manipulación, la han sostenido. Ahora ¿qué queda?, ¿qué queda cuando te
quedas con tus vergüenzas al aire...? O te vas a casa, o te queda el rencor. Lamentablemente no se han ido a casa.
¿Ha leído el libro de Elisa Beni, mujer del juez Bermúdez, sobre el juicio del 11-M?
—No.
—¿Cree que puede tener algún efecto de desprestigio hacia el juez y, como consecuencia, hacia el juicio?
—Me ha dado mucha pena que eso haya ocurrido. Porque ha sido un proceso ejemplar y creo que ha habido, además, una dirección ejemplar de ese proceso y la justicia, como organización, ha ganado mucho con él: se ha producido en soporte informático por vez primera, algo que estamos generalizando en la Audiencia Nacional... Cuando la imagen ha sido tan buena me ha dado mucha pena que haya habido ese nubarrón. Pero confío en que en
modo alguno afecte a una carrera profesional que tiene para mí todo el respeto.
—Se acaba de desarrollar el IV Congreso Internacional de Víctimas del Terrorismo al que no ha acudido el presidente del Gobierno y sí la plana mayor del PP. ¿Por qué no va el presidente a un foro como ése?
—El presidente podría ir perfectamente pero supongo que ha tenido sus razones. En todo caso ha ido una representación institucional importante y el Gobierno ha estado bien representado.
¿Ha logrado el PP, entonces, arrebatar al Gobierno y al Partido Socialista un espacio que debía ser, en principio, de todos?
—Es gravísimo lo que ha hecho el PP. Ha hecho exactamente eso: un espacio de todos se lo ha apropiado una vez más. Con unas consecuencias que no son nada intrascendentes. El PP ha manipulado a la cúpula de alguna asociación de víctimas y, como ha hecho tantas veces con los símbolos, ha logrado la identificación perfecta entre esa asociación y su partido. Ha utilizado, a través de dirigentes de esas asociaciones continuamente a las víctimas. Eso es gravísimo
porque ha producido una fisura que está ahí.
— Esta estrategia aparece, sobre todo, a raíz de que el presidente del Gobierno intenta un final dialogado de la violencia. ¿Visto lo visto no cree que Zapatero cometió un error o se arriesgó demasiado? Al final, el tema ETA ha oscurecido otros logros de la legislatura por los que el presidente podría haber sacado pecho ahora.
—Yo lo que creo es que el presidente puede sacar pecho con este tema de la política antiterrorista que ha llevado a cabo. Porque puede hacerlo quien ha tenido siempre en el horizonte el intento de alcanzar la paz. Es admirable que haya arriesgado lo que ha
arriesgado por esa finalidad. El problema hay que enfocarlo bien. El Gobierno ha tenido que arriesgar al límite porque ha habido una oposición que ha estado enfrente continuamente. Hágase la pregunta al revés: ¿qué hubiera ocurrido si el PP se hubiera comportado como lo hizo el PSOE cuando el presidente Aznar intentó lo mismo?. Los españoles, que son listos, sabrán sobradamente evaluar a un Gobierno que ha tenido que ir al límite, presionado por un PP que no ha dudado, en un ejercicio de impudicia como yo no he visto, utilizar a la víctimas contra el Gobierno. Es impúdico.
—Con esta estrategia del PP ¿No les va a costar mucho contar lo que ha hecho este Gobierno en la campaña?
—Visto lo hecho por el PP, recordemos las campañas de Zaplana con dinero público, que apestaban a propaganda, el Gobierno se autolimitó, quizá en demasía, la comunicación con los ciudadanos en materia de realizaciones, por ley. Pero lo estamos haciendo con el sistema más barato: el boca a boca. E impresiona ver la labor de este Gobierno. La Ley de Igualdad, que tiene un recorrido inmenso. La mejor forma de ver su alcance es el recurso de inconstitucionalidad puesto por el PP. La caverna no soporta la idea de igualdad. Ahí está también la Ley de Dependencia. Qué casualidad que sean las comunidades gobernadas por el PP donde la ley va con retraso. Pero ahí está la ley, y no la van a poder evitar. La ampliación de derechos que supone la reforma que permite el matrimonio entre homosexuales, también recurrida, claro. No sacan sólo a las víctimas del terrorismo a la calle. También a los arzobispos, los que faltaban. El nacionalcatolicismo, en campaña. No lo pueden soportar, pero lo van a tener que soportar porque esto es el ejercicio de la libertad.
—¿Y la ley que regula el aborto? ¿Es partidario de una reforma que la transforme en una ley de plazos?
—Las leyes no se hacen para todo el tiempo. Por tanto, si en la sociedad se empiezan a generar problemas que la ley vigente no resuelve, que nadie se rasgue las vestiduras: las leyes se cambian, para eso están los Parlamentos. Lo que sí debe hacerse es con el máximo consenso posible.
—¿Pero su posición concreta es favorable a la reforma?
—Mi posición es siempre favorable a adaptar las leyes a las necesidades de cada momento.
—¿Se ve en este mismo despacho en la próxima legislatura?
—Si los ciudadanos dan su confianza al PSOE, sí. Porque, salvo que el presidente cambie de opinión, y no tiene motivos, yo "firmé" por cinco años.
-¿Y si en ese futuro Consejo de Ministros tiene que haber algún miembro de CiU, a usted le molestaría?
—¿Por qué? Yo soy una persona de izquierdas, sí, pero uno de los valores esenciales de la izquierda es la tolerancia y el diálogo: hay que sumar. Soy de izquierdas pero vivo en mi tiempo. En todo caso, usted me habla de una hipótesis que yo no contemplo. Creo que vamos a ganar con una mayoría más holgada que la actual. Y vamos a hacer una legislatura inolvidable.
—¿Qué opinión tiene de Zapatero?
—Me encanta. Tiene una larga visión de Estado y esa energía que hace falta para dirigir un país, además de grandes dosis de optimismo y esperanza. •
Libertad y apagón informativo
"No sé cómo soy como candidato pero creo que el mensaje que soy capaz de transmitir es de ideas. Y en los tiempos que corren no viene mal. Nuestras bases están deseosas de oír un discurso de izquierdas. El de hoy, el que corresponde al siglo XXI, pero que, curiosamente, tiene los mismos ejes de siempre: libertad, igualdad, solidaridad, ideas que van a seguir siendo revolucionarias. Quien se crea que hemos conseguido ya la libertad, primero, no vive en el mundo, y segundo, está en riesgo de perderla a poco que se descuide. Quien crea que los parámetros de igualdad conseguidos bastan, ya no es de izquierdas, está simplemente adocenado. Y el que crea que la solidaridad no es el gran valor por el que luchar hoy, ignora lo que es un mundo globalizado. Son ideas que
serán revolucionarias siempre que se las rellene del contenido de hoy. El caso más paradigmático es la libertad. Los de mi generación, sobre todo, corremos el riesgo de creer que porque podemos movernos sin pedir permiso o expresar nuestros pensamientos ya está todo ganado. Yo les aconsejo una reflexión: que piensen un minuto qué capacidad real tienen de transmitir esas opiniones. Seguramente entonces empezarán a ver hasta qué punto los enemigos de la libertad están disfrazados de otra cosa y se darán cuenta de lo que significa la desaparición del periodista independiente y de quiénes son hoy los que controlan la capacidad de transmitir. Los apagones informativos son una golfada que atenta contra la libertad. Por tanto hay que seguir luchando."
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