Nº 772 - 28 de enero de 2008
 
Hemeroteca Esta semana

De Gallardón, del corro de la patata y de la persecución de la libertad

Me han clavado un puñal”, va diciendo por ahí Alberto Ruiz-Gallardón, el “derrotado”, según él mismo se apresuró a autodefinirse tras la tenebrosa reunión en la que Mariano Rajoy anunció al alcalde de Madrid que se quedaba sin plaza en el Congreso de los Diputados. Dejó fuera a Gallardón de la Cámara Baja y el endeble capitán de la tropa popular acabó, pues, cediendo al chantaje que le hizo Esperanza Aguirre. Por cierto, debo resaltar que, en la medida que valga la opinión de un anciano periodista como soy yo, a mis noventa y tantos años cumplidos, la portada de El Siglo correspondiente a la semana pasada me pareció espléndida, con doña Esperanza Aguirre luciendo de castiza madrileña, en foto de algún reciente San Isidro, y esta frase certera: “Golpea a Gallardón, deja tocado a Rajoy y se pone en cabeza para la sucesión”. Y abajo “…Es la chula que castiga”. Lo cierto es que Aguirre actuó con el coraje y el ímpetu que la caracterizan. Carece de complejos perceptibles y va a por todas. “Si va Alberto, presidente, yo dimito de la Comunidad y exijo un puesto en la lista”, parece que dijo la mujer de hierro. De inmediato se proyectó la imagen de ganadora y, como es lógico, también circuló por el todo Madrid la imagen de un Rajoy claudicante, incapaz de controlar la rebelión a bordo montada por doña Esperanza.

¿Se ha convertido Gallardón en un héroe? Es probablemente su última carta, la última carta que le queda aún al odiado Gallardón (odiado, quiero precisar, por los sectores que controlan sin contemplaciones el Partido Popular y que, de acuerdo con numerosos síntomas, lidera José María Aznar López en lo político y el dúo Pedro Jota Ramírez y Federico Jiménez Losantos en el terreno mediático). Aludo naturalmente a la carta del después del 9 de marzo. La primera hipótesis que cabe contemplar es la de un triunfo en las urnas de la derecha. Es una hipótesis improbable a día de hoy, sobre todo porque la decapitación de Gallardón no ha hecho más que deteriorar al candidato Rajoy y, por consiguiente, al PP. Pero supongamos que Rajoy puede formar Gobierno. Adiós Aguirre y adiós para siempre Gallardón. La segunda hipótesis pasaría por una victoria ajustada de José Luis Rodríguez Zapatero, lo que de nuevo no pocas encuestas auguran. En ese escenario, no resulta difícil imaginar que puede producirse un efecto rechazo hacia doña Esperanza. “Si no hubieras ido tan lejos en tus ambiciones, a estas horas quizás habríamos ganado en las urnas”, podrían argumentar los adversarios de la presidenta madrileña que existen, claro que existen, en el interior del PP y en sus cercanías. Y tal vez las miradas se fijaran entonces en el mártir, es decir, en Gallardón. Y la tercera hipótesis sería la de una goleada del PSOE, con mayoría absoluta o mayoría suficiente, que sería interpretada por todo el mundo como un grave batacazo sufrido por el inefable don Mariano Rajoy Brey. Esto no hay que descartarlo ni mucho menos.

Rajoy pagaría él solito y de entrada la factura. Pero también podría llegarle el pescozón a doña Esperanza. “Tú contribuiste a nuestro fracaso, buscándote la sucesión a pesar de que luego, en un desayuno informativo organizado por la agencia Europa Press negaras tan ricamente la mayor y dijeras públicamente que no querías ser presidenta del Gobierno nacional o Gobierno de España, como bautizó hace unos meses Zapatero a su Gabinete”, argumentarán los mencionados enemigos de Aguirre, multiplicados si el desastre acaba siendo mayúsculo. Repito que tal posibilidad no ha de ser catalogada de excesivamente optimista o de ser una tontería, necedad o acceso imprevisto de alguna preocupante demencia. Pues bien, en ese caso también tendría posibilidades Gallardón. “A mí me echaron a cajas destempladas y ya han visto ustedes dónde nos ha conducido: a nuestro Waterloo”, podría clamar Gallardón.

Recorre, cuando redacto estas líneas de mi colaboración en El Siglo, un visible miedo entre aquellos que rodean, apoyan y jalean a Aguirre. Intuyo que desean pasar página cuanto antes y se sienten incómodos, aunque en las primeras horas y días mostraran su alborozo por la defunción política del alcalde de Madrid. La voz de alarma la dio el otro día Ignacio Villa, responsable de los Informativos de la COPE, uno de los más conocidos periodistas de trayectoria neocon, por decirlo como lo dicen en Estados Unidos, porque aquí lo podríamos describir como un derechista radical en el límite con los ultras. Reproduzco parte del escrito del señor Villa, publicado en el diario digital, según me cuenta uno de mis nietos, que maneja el señor Losantos. Señala don Ignacio: “Bueno, ¡ya está bien! Llevamos una semana jugando al corro de la patata con Gallardón como estrella invitada y parece que la cosa ya no da para más (…) En fin, un espectáculo esperpéntico que ya va siendo hora que termine de una vez por todas. El alcalde de Madrid ha conseguido todo el protagonismo que buscaba (…) Pero se acabó. El asunto está agotado (…) todo lo demás es egoísmo político, personalismo desmesurado y atención obsesiva hacia algo que no debería pasar de anécdota en una campaña electoral”.

Y añade tan preclaro jefe de las noticias que divulga la radio de los obispos, arzobispos y cardenales: “Lo cierto es que (…) el “Caso Gallardón” está más que cerrado. Mariano Rajoy ha salido con el liderazgo más que reforzado, el PP no tiene motivos justificados para temer que la decisión le haga perder votos y se ha demostrado que el PP es un verdadero proyecto político más allá de nombres concretos. En política no hay nadie imprescindible (…) El juego ya ha terminado. Y en el PP deberían de dejar de hablar de una historia que debería ser una mera anécdota de café. El corro de la patata ha finalizado. Aunque Gallardón quiera seguir jugando con el partido y con los demás, todo ha concluido. Y por el momento su figura ha quedado aparcada (…) El PP tiene mucho de lo que hablar en la campaña (…) Eso es lo importante, Gallardón sólo es una curiosidad más”. El señor Villa incluye estas escalofriantes aseveraciones: “Si los populares no ganan las elecciones, toda una generación de políticos se quedará fuera de juego y tendrá que jubilarse de manera anticipada. Mariano Rajoy (…) les ha recordado a sus compañeros de partido algo evidente: la España de Zapatero es igual a caos institucional, desequilibrio nacional, sectarismo ideológico, persecución de la libertad y peligro para la estabilidad de la democracia. Ante semejante problema, todo lo demás son juegos de niños”.  Es decir, Gallardón,  no nos toques más los cataplines y pórtate bien que está en juego ¡la libertad! Y la jubilación de muchos de los nuestros.  Quien avisa no es traidor.

Luis G. del Cañuelo

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