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Nº 772 - 28 de enero de 2008

Europa, de un año al otro

EI año 2007 que dejábamos semanas atrás se fue, pero antes dejó Europa con un nuevo Tratado. En enero, Alemania tomo las riendas para desembarrancar el Tratado constitucional y sacar a la UE de su largo periodo de reflexión. En junio consiguió un acuerdo para cambiarle el nombre, mantener lo fundamental de sus propuestas y evitar ratificarlo por referéndum.

La idea de Merkel funcionó, los portugueses ya tenían un texto en octubre y los Jefes de Estado y de gobierno firmaron en Diciembre el Tratado reformador. Todos menos el primer ministro Brown, que llegó tarde, forma de seguir mostrando las reticencias británicas y minusvalorar la importancia de lo que se firmaba.

Aunque sea el Tratado de Lisboa, el mérito es de Merkel. Para la nueva canciller, el 2007 ha sido un buen año en Europa. Además del acuerdo sobre el Tratado, impulsó un ambicioso pacto para reducir los gases de efecto invernadero dando de nuevo a Europa el liderazgo en la lucha contra el cambio climático, y que la Comisión concretizaba la semana pasada.

Junto a ella, Sarkozy y Brown han aparecido en el firmamento político europeo. Y además, grandes cambios se han producido en Polonia y Turquía. Los nuevos inquilinos del Eliseo y de Downing Street pasan por ser políticos pragmáticos que pueden dar a Europa un nuevo impulso una vez resueltas las cuestiones institucionales. Pero veremos si la "química" funciona entre personalidades tan fuertes y tan diferentes como las de Merkel y Sarkozy. De momento ya han mostrado fuertes diferencias sobre Turquía, la política monetaria y el futuro de Europa.

Brown tampoco estuvo, aunque por razones diferentes, en la cumbre UE/África de Lisboa. Y mantiene muchas diferencias con sus socios europeos en cuestiones de política exterior. Las más importantes de esas cuestiones son las relacionadas con Turquía, Rusia y Kosovo, que darán mucho trabajo al nuevo cargo de "ministro" (aunque finalmente no se vaya a llamar así) de exteriores de la UE.

En Polonia también han ocurrido cambios trascendentales. Durante todo el año, los hermanos Kaczynski substituyeron al Reino Unido en su tradicional papel de poner dificultades al desarrollo de la UE. Vetaron el acuerdo estratégico con Rusia y se enzarzaron en agrias disputas con Alemania recordando lo ocurrido durante la II Guerra Mundial. Un suspiro de alivio se oyó en Europa cuando en octubre el gobierno de Jaroslaw Kaczynski perdió las elecciones y fue substituido por el liberal conservador Donald Tusk, más en línea con el creciente europeísmo de los polacos que reciben con agrado la lluvia de cheques de la política agrícola común.

El otro gran tema del año han sido las relaciones con la Rusia de Putin. Polonia venía advirtiendo de las características del personaje pero los europeos no les tomaron en serio hasta su agresivo discurso de febrero en Munich. Desde entonces Rusia y Europa se han enzarzado en desagradables discusiones sobre control de armamentos, sistemas de defensa con misiles, derechos humanos, abastecimiento energético y cuestiones de política exterior cómo Irán o Kosovo.

Kosovo será uno de los grandes temas de este año. En su última cumbre la UE decidió enviar a Kosovo, en lo que puede ser su primera misión de nation building, a equipos de jueces, policías y expertos administrativos para ayudar al alumbramiento de un nuevo Estado independiente en los Balcanes. Pero Rusia se opone firmemente a una declaración unilateral de independencia, que no tendría base legal alguna, y veta los acuerdos del Consejo de Seguridad que pudieran dársela.

Esta oposición puede degenerar en un nuevo y serio conflicto entre Rusia y la UE y poner a prueba nuestra capacidad de definir una política exterior común acerca de un conflicto que se desarrolla en nuestra más inmediata vecindad. No todos los Estados europeos apoyan con igual entusiasmo la secesión de Kosovo, especialmente por el precedente que puede representar, pero las espadas ya están en alto y si los europeos se dividen parecerán haber capitulado ante Rusia.

Así, de un año a otro, habiendo resuelto los problemas institucionales heredados, las grandes cuestiones de política exterior serán las que definan la capacidad de Europa de existir políticamente. Deseemos que así sea y... ¡¡Buen año, aunque algo tarde, a todos los lectores de El Siglo!!•

José Borrell
*Miembro de la Comisión de Energía (ITRE) del Parlamento Europeo

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