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Nº
771 - 21 de enero de 2008 |
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| Hemeroteca | Esta semana |
De Zapatero, el “buen demócrata” y Pedro Jota El presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, se resiste “a una clasificación de televisiones o periódicos gubernamentales, o del PSOE o del PP”. Así se lo dijo en la inacabable entrevista que le concedió a Pedro J. Ramírez los días 12 y 13 de los corrientes. Más aún: Zapatero fue más lejos todavía y declaró que “por ejemplo, me produciría muchos problemas responder a la pregunta de dónde situaría a El Mundo”. ¿No lo sabe, el presidente? ¿Aún no lo sabe? Desde luego, si lo sabe, lo disimula muy bien porque trata a Pedro J. Ramírez con una exquisitez y una simpatía inimaginables, atendidas las características del personaje. Él mismo lo reconoce en el prólogo de su conversación de ocho horas con Zapatero. Estuvo comiendo o cenando con José María Aznar durante “al menos veinte veces”. ¡Veinte veces! Claro que él fue quien más hizo, en el ámbito periodístico, para descabalgar a Felipe González y entronizar a Aznar. Amor con amor se paga. Lo cierto es que Zapatero legitima cada dos por tres a Ramírez. Parece mentira pero es verdad. Las intensas relaciones de Aznar con Pedro Jota son entendibles. Las de Zapatero, no. En El Mundo se ha ido contra el actual Gobierno más allá de los límites razonables. Ha sido el periódico aludido el que impulsó, coincidiendo al milímetro con los intereses de Aznar y, en general, del PP, la teoría de la conspiración aplicada a la autoría del 11-M. Cuando en la entrevista sale esta cuestión, resulta inaudito que Zapatero pase de puntillas. Pregunta Ramírez: “¿Y le parece bien que los periódicos sigamos investigando?” Respuesta de Zapatero: “Siempre que se haga con rigor y los hechos se verifiquen. Si además eso se acompaña de una autocrítica del periódico mejor. Por ejemplo, yo creo que en relación al 11-M El Mundo debería hacer alguna autocrítica. A todos nos corresponde hacerlo en democracia. Yo ya he hecho esa autocrítica, ya he reconocido errores… Creo que El Mundo también podría reconocer…” Pregunta Ramírez: “¿A qué errores se refiere?” Respuesta de Zapatero: “Yo he reconocido que fue un error la declaración de la víspera del atentado de la T-4 y pedí disculpas a los españoles solemnemente en el Parlamento. Y por ir a lo más reciente he reconocido otro error en la ejecución del AVE a Barcelona. Estoy esperando ver un editorial de El Mundo…” Pregunta Ramírez: “Efectivamente esos fueron dos graves errores suyos, sobre todo el primero. ¿Pero en relación a qué errores debería hacer El Mundo autocrítica sobre el 11-M?” Respuesta de Zapatero: “Yo procuro ser un buen demócrata. Yo hablo de mis errores y espero que los demás hablen de los suyos. Lo que no es posible, ni siquiera para el director de El Mundo, es la infalibilidad”. Pregunta Ramírez: “Completamente de acuerdo: nadie es infalible y el director de El Mundo menos que nadie, porque los periódicos tomamos decisiones de forma inmediata y eso aumenta nuestra capacidad de equivocarnos. Pero sería una gran ayuda que usted nos precisara sobre qué errores en relación al 11-M deberíamos hacer autocrítica. Respuesta de Zapatero: “No, yo simplemente se lo sugiero. En una de esas largas cartas de los domingos…” Inaudito. Zapatero se queda tan satisfecho propinándole a Ramírez, a propósito del 11-M, que no es un error, sino una estrategia demoledoramente malévola del PP para lavarse la cara de cuanto sucedió en aquellos días aciagos, un pellizquito de monja. “Yo simplemente se lo sugiero. En una de esas largas cartas de los domingos…” Y punto. Cambio de tercio y a otra cosa, mariposa. Al presidente le incomoda ubicar políticamente a los medios de comunicación. ¿Es un buen demócrata? ¿Es un ingenuo acercándose a la estulticia de determinada candidez? ¿O es un cínico sonriente? Elude pronunciarse sobre qué ejes actúa el diario de su amigo Ramírez. Evita referirse al amarillismo. Desconoce que en el binomio Ramírez-Losantos, el primero va de policía bueno, y el segundo va de malo. En la COPE, Losantos arremetió contra las tesis de Zapatero difundidas en el periódico de Ramírez, y al día siguiente tuvo en los estudios episcopales a Ramírez para defender al presidente. Y Zapatero había dedicado toda una completa jornada de trabajo, convenientemente troceada, para charlar con Pedro Jota y hacerse incluso arrumacos dialécticos. Luis G. del Cañuelo |
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