Nº 771 - 21 de enero de 2008
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Hipócritas, otros obispos y Rajoy

por Juan Antonio Barrio

Vaya por delante que este no es un artículo "anticlerical". Empecemos por recordar al recientemente fallecido cardenal Lorscheider (o a Helder Camara, o a Ignacio Ellacuria) y su permanente apoyo a las causas de los desfavorecidos, o a Monseñor Romero, que espera pacientemente su beatificación, claro que no fue asesinado por las "hordas marxistas" cosa que nunca ayuda en estos casos (que se lo digan también a los 16 curas nacionalistas vascos fusilados por los franquistas) o ya, en nuestro país al padre Llanos o al entrañable cura Pedro Gil de la parroquia de la Ciudad Universitaria madrileña. Lo malo es que los que suelen mandar son los otros, con breves excepciones, tipo Juan XXIII (¡menos mal que se lo llevó pronto el Espíritu Santo, me dijo una vez un cura más bien contrario!) o Juan Pablo I, o más cercanamente incluso Tarancón.

Pero en fin, lo "normal" (de norma) es lo de ahora, la razón al servicio de la fe y si no es así pues se corta con la razón, como habría que cortarse un brazo si sirve para pecar.

Con todo, lo malo no eso. Véase el mitin-fiesta de final de año. Pretexto de la moral natural, que desde su punto de vista coincide sospechosamente con la moral católica propiamente dicha –se sueltan barbaridades sin despeinarse–. Uno dice que el Gobierno "conculca los derechos humanos", sin que al parecer una organización interna dónde la mujer no puede acceder a los puestos directivos conculque derecho alguno. El otro dice que se asiste a un proceso de disolución de la democracia y claro, esto ya parece más serio, viniendo de auténticos expertos en avalar al último "disolvente" conocido de la democraciaen España, caudillo "por la gracia de Dios" y puesto bajo palio por los obispos que, en su inmensa mayoría firmaron la vergonzosa carta pastoral que "legitimó su cruzada"

Pero vamos a lo más urgente. El 9M hay elecciones. Y en todos estos temas el Sr. Rajoy (que es el que se presenta a las elecciones, no los obispos) ¿qué criterio tiene? Pensemos en su "correligionario" Sarkozy, llevando a hombros al hijo de Carla Bruni sin que la jerarquía católica francesa diga ni pío de tan cristiana familia. En cambio, Rajoy parece que al que lleva a cuestas es a monseñor Rouco, que pesa mucho más. Por ejemplo, si gana Rajoy –Dios o los votantes nos libren– ¿se derogará el matrimonio homosexual? ¿se tocará la "malvada" ley del aborto, que tantos "crímenes" permite? Desde luego no fue así en los 8 años de gobierno popular ¿Se pondrán más trabas al divorcio, ese brutal disolvente de la familia cristiana? Preguntas sin clara respuesta del Sr. Rajoy. A muchos nos gustaría vivir en un país más normal, y seguro que a muchas personas que en otros aspectos son más bien de derechas también. Un país donde la Iglesia, como en Francia, tiene su espacio público sin aspavientos ni concentraciones como la de finales de año en la plaza de Colón y donde la iglesia se autofinancia de verdad, no con los impuestos de todos. Pero ¿cómo se llegará a ello? Desde luego la política de apaciguamiento no ha dado mucho resultado. Ni la generosa financiación acordada, que no es autofinanciación, insistimos, ni el nombramiento de Paco Vázquez como embajador que mantenía la ingenua esperanza de que el Vaticano desautorizara tanto desatino. No hubo tal; como no podía ser de otra forma, Benedicto XVI respaldó todo lo afirmado por Rouco y asociados dejando bien clara su preferencia ante las próximas elecciones de la Conferencia Episcopal, y es que en Marzo no sólo hay elecciones generales. Así que el mitin valió para las dos cosas.

Mi opinión personal es que más valdría apoyar la propuesta de la Unión de Asociaciones Familiares (que agrupa a 23 organizaciones) y renegociar los acuerdos con el Vaticano. Pero si no se puede o no se quiere, lo que está claro es que la política seguida hasta ahora es insuficiente y ha envalentonado al sector más integrista de la jerarquía católica. La extensión de derechos conseguida se contempla por los obispos no como un pecado –lo que tienen perfectamente derecho a considerar– sino como algo que debe ser delito o que debe estar fuera del ordenamiento civil. Y hasta ahí podíamos llegar, es el momento de poner pie en pared; como ha dicho Juana Angulo presidente de la UNAF "no permitamos la intromisión de la Iglesia ni la vuelta a tiempos anteriores".•

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