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Nº 770 - 14 de enero de 2008

Más renta, más empleo, menos inflación… Augurios ZP

¿Crisis? ¿Qué crisis?

Después de cuatro años dominados por las discusiones en torno a la reforma de los estatutos de autonomía, la negociación con ETA o los matrimonios homosexuales, finalmente será la economía la cuestión clave del debate político en la recta final de la legislatura. Consciente de ello, y a la vista de que las encuestas otorgan a PSOE y PP un virtual empate en las urnas, José Luis Rodríguez Zapatero ha salido a la palestra derrochando un optimismo más que antropológico sobre la salud presente y futura de la economía española, y acusando de poco patrióticos a quienes siembran “alarmismo injustificado”. Quizá las cifras macroeconómicas den la razón al presidente y la situación no sea tan grave como ha llegado a señalar el secretario de Política Económica del PP, Miguel Arias Cañete, pero no es menos cierto que el ciudadano medio empieza a sentir que pierde poder adquisitivo y que existen algunos nubarrones en el horizonte que tanto optimismo no puede ocultar.

Por Manuel Capilla

Prudencia, sensatez y unas gotas más de patriotismo”. Ese fue el mensaje que quiso transmitir José Luis Rodríguez Zapatero  en su intervención en el Foro Nueva Economía el miércoles pasado a la sociedad en general y al PP en particular, esgrimiendo un buen número de cifras que respaldan su optimismo y dándole al principal partido de la oposición donde más le duele, España, insistiendo en que "crear alarmismo injustificado puede dañar las expectativas y es lo menos patriótico que conozco". El presidente se preocupó mucho por dejar claro que "estamos infinitamente mejor que en 2004", tirando de números y comparando los del principio de la legislatura y los de ahora, recordando que: el crecimiento en 2004 era sólo del 2,9 frente al 3,8 actual; la productividad aumentaba ese año al 0,1 por ciento frente al 0,8 de 2007; las cuentas públicas tenían déficit y ahora poseen un superávit del 1,8 por ciento; la inflación media del año pasado fue del 2,8 por ciento, la más baja desde 1999; la tasa de desempleo era del 11,5 por ciento frente al 8 por ciento actual; o que el salario medio ha aumentado un 1,4 por ciento, mientras que en 2004 caía un 0,4 por ciento.

Zapatero señaló también una obviedad que a veces se olvida, el que “ninguna de las tensiones actuales de la economía como las turbulencias financieras o la subida de los precios del petróleo y las materias primas procede de la existencia de problemas españoles y no cabe atribuir ninguna a la gestión del Ejecutivo en estos cuatro años”.

Aunque para el líder del PP, Mariano Rajoy, la defensa del presidente de la buena salud de la economía española demuestre que “Zapatero no dice la verdad” y “que no está capacitado para resolver el problema”, todos los datos esgrimidos por el presidente son indiscutibles, y demuestran que la gestión económica del Gobierno a lo largo de la legislatura ha sido en general buena, creando empleo más que la mayoría de países europeos, reduciendo el porcentaje de temporalidad en los contratos laborales, apostando por el I+D+i y fomentando las medidas sociales gracias al supéravit de las cuentas públicas. La cuestión del empleo es especialmente importante porque el Gobierno hasta ha llegado a recibir la felicitación de la Comisión Europea, que en noviembre afirmó que el “fuerte y continuado crecimiento del empleo en España” es uno de los factores que explican la buena evolución del mercado laboral en la Unión Europea, donde se han creado 3 millones de trabajos en lo que va de año.

Sin embargo, hay una cuestión señalada por Mariano Rajoy en su réplica a la intervención de Zapatero que puede provocar que muchos votos cambien de signo en marzo, y es que “la economía de las familias españolas no va bien”. Cualquier cifra ‘macro’ tendrá siempre mucho menos peso que el bolsillo propio.

Por ejemplo, los precios de los alimentos y bebidas no alcohólicas se han encarecido el 6,3 por ciento en los últimos doce meses, siendo los más importantes los que se están produciendo en los precios de la leche, los quesos, la carne de ovino, los pescados y algunos otros productos lácteos. El primero de ellos, la leche, acumula un incremento interanual de en torno al 30 por ciento.

Además, y aunque este dato se encuentre entre los citados por Zapatero como  los que “no cabe atribuir ninguna responsabilidad a la gestión del Ejecutivo en estos cuatro años”, el Euribor a un año, el indicador más utilizado para calcular las hipotecas en España, ha repuntado en diciembre, tras dos meses de bajadas, por lo que se mueve a menos de medio punto del máximo histórico, fijado en el 5,284 por ciento en agosto de 2000, después de incrementarse casi un punto porcentual en los últimos doce meses y 2,57 puntos con respecto a septiembre de 2005.

Por un conjunto de circunstancias, el bolsillo de los españoles no goza de buena salud. El PP ha encontrado por ahí una nueva veta por la que intentar erosionar al Gobierno, y a ello se ha lanzado contando como ariete con su secretario de Política Económica, Miguel Arias Cañete. Durante la presentación de la memoria económica de la legislatura elaborada por el partido, Cañete también tiró de cifras para señalar que, actualmente, y a diferencia de 2004, la inflación está “desbocada” en el 4,3 por ciento, el déficit exterior “bate récords” al llegar casi al 10 por ciento, los tipos de interés han subido 2,5 puntos y los salarios, en tres años (del 2004 al 2006), han perdido 1,4 puntos de poder adquisitivo.

Según Cañete, los indicadores “ilustran la combinación de una desaceleración cada vez más profunda en el consumo privado, la construcción y el sector exterior con un repunte intenso de la inflación”, en un contexto en el que el Gobierno “no ha sabido anticipar el cambio de ciclo ni cambiar el patrón de crecimiento de la economía”.

No deja de resultar curioso que sea precisamente el PP quien reclame una modificación del patrón de crecimiento económico cuando fueron los gobiernos de José María Aznar quienes establecieron el ladrillo como eje de la economía, un sector, el de la construcción, intensivo en mano de obra y que, por lo tanto, tiene serias repercusiones en las estadísiticas de empleo en la época de vacas flacas, tal y como viene sucediendo desde el verano.

Sea como fuere, las intervenciones de Cañete han irrumpido de tal forma en la actualidad, que el ministro de Economía, Pedro Solbes, también se ha visto obligado a  comparecer ante la comisión de Economía del Congreso para rebatir sus afirmaciones y tratar de dar la vuelta a unas encuestas sobre intención de voto cada vez menos halagüeñas para los socialistas. Solbes ha achacado la “gradual desaceleración” de la economía española a una “coyuntura internacional menos favorable y a un progresivo ajuste en el sector inmobiliario” y ha explicado que esa desaceleración es “natural” y “saludable” porque supone que hay un “mayor grado de equilibrio” en la composición del crecimiento y un “creciente protagonismo de la productividad”, lo que hace asentar el crecimiento en “bases más sólidas”.

Solbes, ha abordado los dos asuntos que hicieron encenderse las alarmas hace tan solo unos días: el aumento de la inflación y del paro en diciembre. Con respecto al primero de ellos, Solbes ha asegurado que la creación de empleo está manteniendo su dinamismo, y tanto la tasa de desempleo como las de actividad y ocupación siguen en sus mejores registros históricos y, aunque lógicamente la atenuación del crecimiento tendrá una “cierta incidencia” sobre estos datos de empleo, “no cabe pensar en un cambio significativo en la situación actual”.

Sobre el repunte del IPC, el vicepresidente económico del Gobierno ha asegurado con un “no categórico” que el reciente repunte de la inflación “refleje problemas de fondo de la economía española”, señalando que estas presiones inflacionistas “se agotarán en sí mismas” y ha precisado que “nada sería peor que adoptar medidas de choque en respuesta a este temporal repunte inflacionista”, ya que se limitarían a influir a muy corto plazo sobre los “síntomas” y crearían “numerosas distorsiones económicas”.

Al margen del debate político, en el contexto internacional no se acaba de compartir el optimismo de Zapatero. El diario británico Financial Times afirma que el repunte de la inflación en diciembre, la subida del desempleo y las turbulencias financieras en los mercados internacionales han conducido al “repentino crecimiento español alimentado por el crédito a una brusca parada y las familias y empresas ya están sitiendo el dolor”. Es más, el diario señala que las rebajas en las previsiones de crecimiento para 2008 desde el 3,8 por ciento inicial hasta el 3,1 por ciento “es considerado por muchos analistas como demasiado optimista”.

Entre otros, el banco suizo UBS tampoco dibuja unas perspectivas buenas. Así, estima que la construcción de viviendas caerá un 20 por ciento entre 2007 y el segundo semestre de 2009, en medio de una desaceleración progresiva en el sector durante todo el periodo que conducirá a una reducción del 10 por ciento en el precio de la vivienda durante este año. Sus previsiones de crecimiento para España también son inferiores a las que maneja el Gobierno, con un incremento del PIB del 2,2 por ciento en 2008 y del 1,6 por ciento en 2009 debido al ajuste inmobiliario, por debajo ambas del 3 por ciento del Gobierno.

Por si fuera poco, UBS echa abajo también uno de los principales argumentos esgrimidos por Zapatero: el superávit fiscal. La entidad suiza prevé que el Estado tenga un ligero déficit en 2009 y que el paro se acercará al 10 por ciento ese mismo año.

Con respecto a la inflación, UBS sí que da en cierta medida la razón al Gobierno, ya que la estimación es que continúe por encima del 4 por ciento durante algunos meses, pudiendo alcanzar incluso el 4,5 por ciento, y que termine el año en torno al 3, aunque no fija un momento a partir del cual se invertirá la tendencia.

Por su parte, Merril Lynch señala que el fuerte peso del sector de la vivienda en España será un lastre para la economía nacional en el contexto general de caídas de precios. El director de gestión de riquezas de la empresa, Gary Dugan, durante una comparecencia ante los medios la semana pasada en Madrid, aseguró que el precio de la vivienda ”ya está cayendo”, a pesar de que según los datos suministrados por el Gobierno éstos no estén experimentando variaciones importantes. Según Dugan, los bancos no están prestando dinero para hipotecas al mismo ritmo que hace unos meses y están presionando a las empresas para que les devuelvan deuda. A su juicio esto puede crear problemas incluso a las grandes empresas españolas.

La cuestión del mercado de la vivienda es quizá la más relevante porque supone un cambio de ciclo en España, certificando el fin del ‘boom’ inmobiliario que comenzó en 1998 y del motor del crecimiento del país hasta el momento. La primera alarma en el sector de la vivienda se desencadenó en abril del año pasado con el hundimiento de Astroc en bolsa que arrastró al resto de inmobiliarias, que llegaron perder más de 2.000 millones de euros como consecuencia de la incertidumbre generada. En octubre fue Llanera la que presentó suspensión de pagos.

El principal riesgo de esta situación es la morosidad a la que puede dar lugar, que a la luz de las cifras puede ser un problema muy serio, similar al que ha provocado la crisis hipotecaria en Estados Unidos. Y es que los préstamos concedidos a las inmobiliarias superaron en el primer semestre de 2007 los 282.000 millones de euros, un tercio del total destinado por cajas y bancos a todas las actividades productivas, y la suma de lo que adeudan las familias y los promotores inmobiliarios en 2007 supera el billón de euros e iguala aproximadamente el crecimiento económico anual español.

Así las cosas, al PP se le ha puesto de cara la recta final de la legislatura, dándole la oportunidad de volver a hacer gala de la buena imagen de gestores económicos que supieron vender durante las dos legislaturas en las que ha estado en el poder. Porque aunque las cifras macroenómicas respalden en general la gestión de Zapatero, en la Moncloa no pueden olvidar que esas cifras no repercuten en el día a día de los españoles y que el contexto internacional va a seguir estropeándolas hasta las elecciones.

El patriota optimista

“Hemos superado en renta a Italia y podemos alcanzar a Francia”

“Seguiremos creciendo al 3 por ciento”

“La renta ciudadana, lejos de bajar, 

va a seguir creciendo”

“El IPC invertirá su tendencia en primavera”

“En dos años seremos el país con menos deuda de todas las grandes potencias”

“Crearemos entre 1.600.000 y 2 millones de puestos de trabajo en la próxima legislatura”

“La tasa de paro se reducirá en torno al 7 por ciento y la temporalidad en un 25 por ciento”

“En 2008, los beneficios empresariales estarán en los dos dígitos”

Díaz Ferrán, el hombre a convencer

En que los empresarios den crédito al optimismo de Zapatero se encuentra buena parte del futuro político del presidente, y en esta cuestión el líder de la Confederación Española de Organizaciones Empresariales, Gerardo Díaz Ferrán, es fundamental.

Su predecesor en el cargo, el histórico José María Cuevas, defendió siempre y públicamente al PP, y aunque Díaz Ferrán no haya hecho ningún gesto, su cercanía al clan ultraliberal de Génova indica que poco apoyo puede esperar Zapatero por su parte.

El credo de Díaz Ferrán es simple: “la mejor empresa pública es la que no existe”, como llegó a afirmar durante su discurso en la toma de posesión como presidente de la CEOE, añadiendo que “se tienen que privatizar toda la gestión de los servicios públicos”, precisamente la receta que está intentando aplicar Esperanza Aguirre en la Comunidad de Madrid. Y es que la afinidad entre ambos viene de lejos, desde cuando Díaz Ferrán llegó a ocupar la presidencia de la patronal madrileña (CEIM) en 2002 y Aguirre le apoyó a la hora de alcanzar la presidencia de la Cámara de Comercio de Madrid tres años después, desplazando en el puesto, por cierto, al hombre de Gallardón, Fernando Fernández Tapias.

A pesar de todo ello Díaz Ferrán aún no ha dicho esta boca es mía en la línea catastrofista emprendida por el PP. El presidente de la patronal sabe que a los empresarios no les conviene el ambiente de pesimismo, y él es empresario "de verdad", no como su antecesor Cuevas, al que siempre se le acusó de ser un ejecutivo sin empresa ni dinero que arriesgar y más proclive, por tanto, a entrar en política sin coste personal. También hay quien señala intereses más aviesos en su cauto distanciamiento del debate: "si su apuesta es Aguirre, podría no importarle demasiado el fracaso de Rajoy". En todo caso no son pocas las miradas puestas en el número 50 de la calle Diego de León de Madrid, sede de la CEOE, ávidas de saber cómo va a comportarse la gran patronal en las primeras elecciones generales desde la Transición sin Cuevas. El estilo de juego de Díaz Ferrán en el tablero político nacional aún está por descubrir.

La sombra de la recesión en Estados Unidos

Malos tiempos para la economía global. La crisis de liquidez abierta este verano en Estados Unidos por las ‘hipotecas basura’ unida al barril de crudo en máximos históricos no dibujan unas perspectivas nada halagüeñas para 2008, y los cifras macroeconómicas proporcionadas por los organismos financieros no hacen sino corroborarlo. Por ejemplo, el Banco Mundial, en su informe sobre las previsiones económicas para el año que comienza, pronostica un crecimiento del 3,3 por ciento del PIB mundial, lo cual supone una ralentización tras el 3,6 por ciento registrado en 2007. A juicio de esta institución, la capacidad de recuperación de las economías en desarrollo amortiguaría la desaceleración en Estados Unidos que se da por segura a medio plazo, en un ambiente global de moderación del crecimiento. Así, y siempre según el Banco Mundial, los países en desarrollo crecerán un 7,1 por ciento, frente al 2,2 por ciento de avance de los Estados de mayor ingreso.

Por su parte el Fondo Monetario Internacional ha presentado una rebaja de sus perspectivas de crecimiento mundial del 5,2 por ciento anunciado en su informe de otoño hasta un 4,7 por ciento, aún así una cifra considerablemente más optimista que la del Banco Mundial. Aunque no hay que echar las campanas al vuelo, porque el Fondo también ha anunciado que el próximo día 25 de enero presentará una versión nueva de sus proyecciones de crecimiento que utiliza como herramienta de cálculo la paridad de poder de compra, el mismo método que otras instituciones como la Comisión Europea y, curiosamente, el Banco Mundial, con lo que los pronósticos podrían verse más rebajados aún.

Pero las perspectivas más oscuras las ha dibujado el Foro Económico de Davos, publicado la semana pasada. En él, señala abiertamente el riesgo de que la economía estadounidense entre en recesión en los próximos doce meses y pronostica a más largo plazo que las presiones sobre el dólar pueden presagiar el final de un periodo de hegemonía económica a nivel mundial. Goldman Sachs ha corroborado que EEUU se encuentra en recesión o entrará en ella de forma inminente, señalando que crecerá el 0,8 por ciento, frente el 1,8 por ciento previsto anteriormente, para invertir la tendencia y recuperarse a partir del 2009.

Además, el informe del Foro Económico de Davos tampoco deja muchas esperanzas en relación a la cuestión de la energía. El aumento de la demanda sobre todo por parte de China, en ese camino que está siguiendo hacia el liderazgo económico mundial en sustitución de Estados Unidos, está dejando cada vez menos margen a un descenso de los precios del petróleo, que en menos de cinco años se ha multiplicado por cuatro y ha alcanzado los 100 dólares por barril. Es más, la utilización de maíz y algunos otros cultivos para la producción de biodiesel, la principal alternativa al petróleo a día de hoy, agregada al aumento de la demanda por el aumento de población, está dando lugar a un encarecimiento de los alimentos desconocido hasta ahora que se ya se está notando en las economías domésticas de todo el mundo.

España con Aznar no iba tan bien por Enric Sopena


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