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 Nº 770 -14 de enero de 2008

La economía entra en la campaña electoral

por Carlos Berzosa

Los cuatro años de legislatura que vencen ahora han sido de los más extraños que hemos vivido en la joven democracia de nuestro país. Por un lado, el Partido Popular ha hecho una de las peores oposiciones que se puedan imaginar tratando de tensar todos los asuntos, como la lucha contra el terrorismo o el Estatuto de Cataluña, intentando dramatizar todo lo posible, fomentando la crispación y favoreciendo la gran mentira acerca de la guerra en Iraq y el atentado del 11 de marzo.

Por otro lado, en esta legislatura se han conseguido logros importantes, desdibujados por la tensión introducida por los líderes del Partido Popular y determinados medios de comunicación que se encuentran a su servicio.

En ningún caso la oposición política ha hecho un planteamiento positivo acerca de lo que ellos entienden por el modelo de sociedad que pretenden llevar a cabo. Apenas hemos oído críticas a la marcha de la economía o propuestas en positivo a los problemas que tenemos como sociedad desarrollada. Por el contrario, no han tenido ningún problema a la hora de utilizar políticamente alguna de las asociaciones de víctimas del terrorismo o en caer en manos de lo más rancio del nacional catolicismo, y de fomentar, con la disculpa del Estatuto catalán, el anticatalanismo. En definitiva, han pretendido estimular más la discordia que la concordia.

Una oposición de esta naturaleza ha contribuido a enturbiar el ambiente y a crear entre los ciudadanos una situación incómoda hasta el punto de que cuando se viaja al extranjero uno se encuentra alegre de encontrarse en un remanso de paz alejado de los problemas nacionales, que se pretenden agrandar, y relajado de huir por unos días del enfrentamiento artificial y provocado. Pero una oposición de estas características pone de manifiesto dos cosas. O bien una gran debilidad a la hora de ofrecer respuestas a los problemas existentes, o bien la dificultad de criticar una labor bien hecha. Seguramente parte de las dos cosas son verdad.

Pues por debajo de la creada crispación se han conseguido cosas importantes como la retirada de las tropas de Iraq, el avance en la igualdad de oportunidades y el progreso en los derechos sociales. Al tiempo que se apuesta de una forma más decidida que anteriormente, aunque aún modestamente, por la investigación, el desarrollo y la innovación. A su vez la economía, dentro del marco existente, que para mí resulta discutible, ha tenido un buen comportamiento en cuanto a crecimiento, mejoras de los salarios reales, creación de empleo y estabilidad del trabajo.

Tras este periodo de expansión, nos encontramos ante un cambio de ciclo, lo que tendrá repercusiones negativas sobre el empleo y la capacidad adquisitiva de la mayor parte de los ciudadanos, y afectará sobre todo a los grupos más vulnerables. Este cambio de ciclo tiene una dimensión mundial, por lo que no hayque achacarlo en exclusiva a los dirigentes de la economía española. No obstante, el Partido Popular ha visto una puerta abierta a su falta de ideas para crear alarma social, introducir la idea del catastrofismo y encontrar un talón de Aquiles en el que ha sido uno de los pilares fuertes de este Gobierno, como es la marcha de la economía. Con falta de rigor se ha lanzado a criticar, una vez más, la desaceleración económica actualmente en marcha y señalando que el Gobierno no ha hecho los deberes en los momentos de vacas gordas para conseguir que nuestra economía no sea tan vulnerable al impacto externo, en este caso de menor crecimiento. Pero no dicen cómo hay que hacerlo y hacia dónde quieren caminar.

Si algo hay que achacar a los actuales dirigentes de la economía española, desde mi punto de vista, no es que no hayan hecho lo que apenas dice el Partido Popular, pues no hay muchas diferencias en la política económica aplicada, más bien sólo pequeños matices entre los dos partidos, sino que el Partido Socialista no haya sido más rabiosamente socialdemócrata. En suma, que en economía sigue siendo bastante convencional y sin mostrar suficiente capacidad para afrontar las debilidades que, a pesar de los avances logrados, se siguen dando en el aparato productivo como la mejora de la productividad, la apuesta por las energías renovables, la lucha contra el fraude fiscal y la corrupción y el combate contra las grandes desigualdades en la riqueza, pero también en la renta. La apuesta, en definitiva, por conceder más y mejores oportunidades a los jóvenes y las mujeres y por facilitar el acceso a la vivienda. •
*Rector de la Universidad Complutense de Madrid

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