Más de 100.000 mujeres al año interrumpen
su embarazo en nuestro país
Abortar en España
Los datos recientemente publicados por
el Ministerio de Sanidad ponen de manifiesto un incremento incesante del número
de abortos en nuestro país. Las cifras correspondientes a 2006 –última
estadística disponible– revelan que 101.592 mujeres decidieron interrumpir su
embarazo en ese año; un 10,8 por ciento más que en 2005, confirmando una
tendencia creciente en los últimos tres años. Los problemas con la justicia y
con la Comunidad de Madrid de algunas clínicas abortistas, las protestas de la Conferencia Episcopal, que han vuelto a hacer bandera de este asunto después de muchos años
de silencio al respecto, las diferencias internas dentro del PSOE y la
histórica huelga de la semana pasada de las clínicas que atienden las
interrupciones de embarazos han vuelto a colocar en la calle el debate sobre la
conveniencia de modificar o no la regulación de esta práctica, que en la
mayoría de los países de nuestro entorno está despenalizada y gestionada
mediante una ley de plazos.
Por Pedro Antonio Navarro
L as clínicas se están convirtiendo en el
chivo expiatorio de una batalla política para hacerse con el electorado perdido
de la derecha más conservadora. Una batalla que está reavivando y alentando los
intereses de los grupos contrarios a la consecución de los derechos sexuales y
reproductivos de las mujeres. (…) La divulgación de datos no demostrados, de filtraciones
interesadas, o la utilización de medios ilícitos que atentan contra la
intimidad de las personas para avalar posturas ideológicas contrarias al
aborto, no sólo desprestigian la labor de los profesionales que desde hace más
de 20 años cubren la demanda voluntaria y libre de miles de mujeres, sino que,
además, vuelven a cuestionar la conquista de un derecho sexual y reproductivo
básico, reconocido internacionalmente, retrotrayéndonos a situaciones vividas
20 años atrás”. Así se expresa mediante un comunicado la Asociación de Clínicas Acreditadas para la Interrupción Voluntaria del Embarazo (ACAI), que engloba a 38 centros médicos de todo el país, y con la que justifican las razones
que los llevó a convocar una histórica huelga durante toda la semana pasada.
Tras el aumento sin precedentes de las
inspecciones llevadas a cabo en sus clínicas por parte de la Consejería de Sanidad de la Comunidad de Madrid, y la acción policial que ha llevado a la
detención del ginecólogo Carlos Morín y dos de sus directos colaboradores en
Barcelona, esta asociación considera que se está produciendo una campaña por
parte de grupos conservadores para dificultar e impedir el desarrollo de su
trabajo por razones ideológicas. En los últimos tiempos, a imagen y semejanza
de lo que, desde hace años, sucede frente a algunas clínicas abortistas en
Estados Unidos, las puertas de algunos de estos centros amanecen llenas de
pintadas, concentran grupos de antiabortistas que tratan de impedir la entrada
de mujeres al recinto y que, en algunas ocasiones han llegado a insultar y a
agredir a trabajadores de las clínicas.
La huelga ha supuesto también encontrarse
con la posibilidad de un serio problema sanitario, puesto que, aunque se
continuaba atendiendo a los casos urgentes, los centros privados –en muchas
ocasiones, en concierto con la Sanidad Pública- son los que realizan el 97 por ciento de los abortos en España. El ministro de Sanidad, Bernat Soria, se
comprometía a recibir a los representantes de esta asociación, aunque no
“dentro de cinco minutos”.
Y es que, a menos de dos meses de las
elecciones generales, la cuestión del aborto se ha convertido en una patata
caliente. La ley que la regula en nuestro país data de 1985. Todo un hito en su
momento, pero, en la actualidad es una de las más restrictivas de toda la Unión Europea. La interrupción voluntaria del embarazo continúa penalizada salvo para tres
supuestos contenidos en la norma: que el embarazo sea producto de una
violación, que se detecten malformaciones en el feto incompatibles con la vida,
o que la madre, como consecuencia del nacimiento del hijo pudiera correr graves
riesgos para su salud física y mental.
El hecho es que la demanda es creciente
cada año, y todavía hay seis comunidades autónomas (gobernadas todas por el PP)
que no disponen de centros públicos donde realizar las intervenciones. Se aduce
una hipotética objeción de conciencia de los médicos, pero no se publica ningún
dato estadístico sobre este asunto. Los abortos, finalmente, casi en su
totalidad, son practicados en centros privados o en privado-concertados. En los
países con una regulación más flexible, como el caso de Holanda, donde el
aborto es libre hasta las 24 semanas de gestación, es donde el índice de
abortos es más bajo –en este caso, un siete por mil frente al 10,62 por mil
español-. También, en buena medida, porque en estos países la educación sexual
lleva muchos años incluida en los currículos educativos, y se producen muchos
menos embarazos no deseados. Según datos de las clínicas, más de un 98 por ciento
de los embarazos en mujeres entre 15 y 19 años son no deseados. En nuestro país
no se cumple la recomendación de la Organización Mundial de la Salud de disponer de un servicio de atención a jóvenes sobre salud
sexual por cada 100.000 habitantes.
Otro factor que ha provocado que el
número de interrupciones voluntarias del embarazo se haya duplicado en los
últimos diez años está relacionado con el crecimiento de la inmigración. Más de
la mitad de las mujeres que abortan en España son ciudadanas extranjeras. Al
separar las tablas estadísticas por nacionalidad queda una tasa de abortos
entre las mujeres españolas de 6 por mil, mientras que la media entre personas
de otras nacionalidades se dispara hasta cerca del 30 por mil. Según la
inferencia realizada por el Ministerio de Sanidad en 2005, “entre un 40 y un 50
por ciento de las interrupciones del embarazo en España se dan en mujeres
extranjeras”. En apoyo de esta deducción se comprueba que las comunidades
autónomas en las que la tasa es mayor, y el incremento más significado, son
aquéllas que concentran a una mayor población inmigrante, como Madrid,
Baleares, Cataluña o Murcia.
Más de un 96 por ciento de las mujeres se
acoge al tercer supuesto para justificar su decisión, el riesgo para su salud
física y mental de la madre. Es la zona de sombra sobre la que recaen las
sospechas. La norma establece que han de someterse a las pruebas de un médico
–o un psiquiatra, en su caso-, y que no puede ser el mismo facultativo que
después lleve a cabo la operación. La flexibilidad con la que se puede
interpretar el “grave riesgo” y la total discrecionalidad con la que un médico
puede aplicarla y otro no genera inseguridad, tanto en las mujeres, como en los
médicos. Además, mientras que en caso de violación denunciada, la interrupción
puede llevarse a cabo hasta las 12 semanas de gestación, y en las posibles
malformaciones del embrión, hasta las 22, los casos de “grave peligro para la
vida o para la salud física o psíquica de la madre” no tienen limitación
temporal.
No es casual, entonces, el recurso masivo
a ese tercer supuesto, como no lo es que se elija un centro privado antes que
uno público, puesto que la mayoría de las mujeres consideran que en los
hospitales de la Seguridad Social los controles, las pruebas y los exámenes
psiquiátricos serían mucho más severos.
El debate está en la calle, y los
diversos sucesos comentados lo han ubicado en primera línea mediática. La ley
española es de las más viejas del continente, y en comparación con la normativa
de la gran mayoría de los países de nuestro entorno, de las más restrictivas.
Los obispos, que no reclamaron al gobernante PP, en su momento, la adopción de
ninguna medida, ahora salen a las calles exigiendo la derogación de la ley. El
movimiento feminista, la mayoría de los expertos de las clínicas y la izquierda
abogan por una modificación y la introducción de una ley de plazos que nos
homologue con el resto de Europa.
Y las elecciones, a la vuelta de la
esquina.
Los grandes partidos no mueven ficha
P ese a que el debate sobre el aborto en
nuestro país (regulado mediante una ley que tiene más de 22 años) está en la
calle, todo parece indicar que la inminencia de las elecciones generales, el
próximo 9 de marzo, va a conseguir aparcar cualquier movimiento sobre un asunto
tan escabroso por parte de las dos grandes formaciones políticas del Estado
español, Partido Socialista y Partido Popular.
Dos semanas antes de que la Conferencia Episcopal montase su particular mitin político ultraconservador en las calles de
Madrid, el pasado 30 de diciembre, en el que, además de la defensa de la
familia tradicional, también se vertieron graves acusaciones contra el Gobierno
y se criticó la existencia de una ley del aborto, había sido el propio presidente
del Ejecutivo y secretario general del PSOE, José Luis Rodríguez Zapatero,
quien el 17 de diciembre pasado instaba a la Ejecutiva de su partido a realizar una reflexión sobre la actual normativa y contemplar la
posibilidad de una necesidad de su reforma para equipararla a la de la inmensa
mayoría de los países miembros de la Unión Europea, y debatir sobre la conveniencia de incluir este planteamiento en el programa electoral del partido.
Curiosamente, la reforma de esta ley ya
estaba incluida en el programa electoral con el que el PSOE concurría a las
elecciones generales de 2004. Concretamente, figuraba en la página 100 de ese
documento –“…reformaremos la legislación sobre el derecho a la interrupción
voluntaria del embarazo para adoptar un sistema de plazos”-, aunque, una vez en
La Moncloa, Zapatero advertía que no sería una de las prioridades de la
legislatura, como el paso del tiempo se ha encargado de demostrar.
La secretaria de Igualdad de la Ejecutiva socialista, Maribel Montaño, hacía uso de la palabra en esa reunión para recordar,
precisamente, los muchos años transcurridos desde la aprobación de la ley que
regula las interrupciones voluntarias del embarazo en nuestro país, y traía a
colación los recientes acontecimientos, en los que se están produciendo un
incremento de inspecciones en clínicas de la Comunidad de Madrid que practican estas operaciones y, por otro lado, la intervención de las
fuerzas de seguridad contra una supuesta red de abortos “sospechosos” en la Comunidad catalana. Montaño planteaba la necesidad de una reflexión acerca de una ley de
plazos.
En la misma reunión tomaba la palabra
Leire PaJín, y en un sentido similar al de su compañera de filas, recordando,
además, la “indefensión” en que quedan en muchas ocasiones tanto las mujeres,
como los médicos que las atienden. Las féminas de la dirección socialista
parecían tenerlo mucho más claro que otros de sus conmilitantes. La responsable
de Política Autonómica, Carmen Hermosín, recordaba que estos asuntos sólo
emergen al debate social cuando gobierna la izquierda, por lo que expresaba su
idea de que había que dar una respuesta. Elena Valenciano, responsable de las
Relaciones Internacionales y conocida feminista, iba más lejos, y abogaba por
una ampliación a un cuarto supuesto (razones sociales y económicas) y por una
ley de plazos.
El ministro de Justicia, Mariano
Fernández Bermejo, había intervenido en el Congreso a mediados de diciembre,
asegurando que “no podía estar más de acuerdo” con la necesidad de modificar
esa norma de 1985, auque rápidamente matizaba que para ello es deseable un
amplio consenso de todas las fuerzas políticas.
La exhibición de las sotanas y los
purpurados en Madrid de finales del mes pasado parece haber aconsejado aparcar
el debate, a criterio de los estrategas electorales, y todo indica que no se
incluirá ninguna referencia al asunto, esta vez, en el programa electoral del
PSOE.
El ministro de Sanidad, Bernat Soria, ya
dejaba claro hace dos semanas que no deseaba un cambio legislativo, aunque a
raíz de la huelga de las clínicas acreditadas para la interrupción del
embarazo, sí ha mostrado una cierta preocupación: “El Ministerio tiene la
obligación de garantizar que los abortos, en los casos contemplados por la ley,
se hagan en las mejores condiciones posibles. Y aunque no está en la agenda
política cambiar la ley, sino hacer que la ley se cumpla, sí es positivo que se
origine un debate razonable”. Pero el ministro también dejaba traslucir algunas
razones del frenazo en el seno socialista cuando reconocía que “me preocupa que
el tema aparezca ahora, cuando la ley es la misma que en legislaturas pasadas,
por parte de ciertos sectores de la sociedad, justo a dos meses de las
elecciones. Debería preguntar al PP si los obispos son sus portavoces”.
Y es que algo sucede con este asunto
desde hace años en las filas socialistas. Hasta en diez ocasiones su grupo
parlamentario había presentado iniciativas para una ley de plazos durante los
ocho años de gobierno del PP. En 1995, el Gobierno presidido por Felipe
González presentaba un anteproyecto de ley, tal y como estaba incluido en su
programa electoral de 1993, para ampliar la Ley del Aborto con un cuarto supuesto que establecía la despenalización por causas de conflicto personal,
familiar, social o económico. El Congreso aprobaba la iniciativa, pero la
convocatoria de elecciones generales anticipadas, con la consecuente disolución
de las Cámaras, impedía su aprobación.
Una situación similar se producía en
1998, con un Gobierno del PP sin mayoría absoluta, que terminaba salvando una
votación para modificar la norma gracias a la ausencia de varios diputados
socialistas del Hemiciclo, entre los que se encontraba el ex presidente
González.
Por su parte, el Partido Popular ya ha
advertido de que no piensa introducir modificaciones en el texto legislativo,
en caso de que obtenga la victoria en los próximos comicios. Aunque la protesta
de los obispos pudiera beneficiar su estrategia electoral, los líderes del PP
tratan de sortear cualquier pregunta de la prensa acerca de si piensan modificar
o eliminar las leyes aprobadas en esta legislatura que tanto molestan a la Conferencia Episcopal, como el cambio en el Código Civil que permite los matrimonios entre
personas del mismo sexo, o la agilización de los trámites para las separaciones
–el llamado “divorcio express”-.
Lo cierto es que la Ley del Aborto es muy anterior y el Partido Popular ya tuvo oportunidad de haberla eliminado
durante las dos legislaturas en las que se mantuvo en el Gobierno, la segunda,
incluso, con mayoría absoluta. El candidato popular y presidente de la
formación, Mariano Rajoy, aunque tratando de hacer el menor ruido mediático
posible sobre esta cuestión, ha asegurado que existe un amplio consenso social
sobre la regulación del aborto y que, caso de llegar a La Moncloa, de lo que se preocupará sobre ello es de “aplicar la ley”.
Otro tanto sucede con otros dirigentes
del gran partido de la derecha. Tanto su portavoz en el Congreso, Eduardo
Zaplana, como su secretario general, Ángel Acebes, insisten en eludir el asunto
y proclamar que no quieren caer en una trampa que consideran les están
tendiendo desde el PSOE.
La posible despenalización del aborto,
que hace unos meses no contaba en ninguna quiniela acerca de posibles temas
candentes en campaña, podría convertirse en una cuestión de primera magnitud,
tras el recordatorio de los obispos, los problemas con la justicia y con
ciertas administraciones autonómicas que están teniendo las clínicas
especializadas, y la publicación de los datos del Ministerio de Sanidad, que revelan
un incremento de casos de más de un diez por ciento en un año (son más de
100.000 los abortos practicados en nuestro país en 2006).
Hace unas semanas, el segundo portavoz
del Grupo Parlamentario de Izquierda Unida-Iniciativa per Catalunya, Joan
Herrera, advertía a José Luis Rodríguez Zapatero que si el Partido Socialista
no estaba dispuesto a modificar la normativa sobre el aborto, su grupo se
“pensaría muy seriamente la posibilidad de no otorgarle su apoyo” en una
hipotética investidura.
Cifras en aumento
L as cifras publicadas por el Ministerio
de Sanidad, correspondientes al ejercicio de 2006 –últimos datos oficiales
disponibles-, establecen un aumento del número de interrupciones voluntarias
del embarazo registradas en nuestro país en comparación con el año anterior, y
profundizan en una tendencia alcista que se está produciendo
ininterrumpidamente desde los últimos diez años.
Los 101.592 abortos de los que las
estadísticas oficiales tienen constancia, implican un crecimiento del 10,8 por
ciento con respecto a 2005. Llama la atención comprobar que sólo un 2,51 por
ciento de estas intervenciones fueron realizadas en centros del sistema público
de salud, lo que implica que el 97,49 por ciento fueron acometidas por la
sanidad privada y clínicas concertadas. Este creciente número de abortos ubica
la tasa de interrupciones voluntarias (mujeres que han puesto fin a su
gestación en los límites de lo que se considera edad fértil –entre los 15 y los
44 años-) en 10,62 por cada 1.000. El año pasado, la tasa mencionada se situaba
en 9,60 por cada mil.
Al no contar en nuestro país con una ley
de plazos, todos los abortos registrados, y que no hayan generado la
intervención de la Justicia, han de ajustarse a uno de los tres supuestos
contemplados en el marco legal: la violación, la malformación del feto o el
riesgo para la salud física y/o mental de la madre. En los registros públicos
consta que una inmensa mayoría de las interrupciones se acogieron al supuesto
legal de riesgo para la salud materna. Un total de 98.533 intervenciones, un
96,98 por ciento de todas las realizadas. La segunda causa ha sido el riesgo
para el embrión, que ha producido 2.875 casos, un 2,83 por ciento. Por causa de
una violación sólo se han registrado 13 casos, mientras que otros 181 constan
en el informe ministerial como practicados por “varios motivos”.
La mayor parte de los abortos se
produjeron antes de las ocho primeras semanas de embarazo. Fueron 63.225, lo
que representa el 62,23 por ciento del total. Otros 26.115, un 25,71 por
ciento, tuvieron lugar entre las nueve y las 12 semanas. Entre las 13 y las 16
semanas se dieron 6.240 casos, el 6,14 por ciento. En el periodo comprendido
entre las 17 y las 20 semanas se interrumpieron 3.933 embarazos (un 3,87 por
ciento). Sólo se dieron 2.001 intervenciones por encima de las 21 semanas.
En cuanto a las edades de las mujeres que
han necesitado de estos servicios, el rango más recurrente está entre los 30 y
los 39 años; casi 31.000 personas en esas edades. Unas 26.000 tenían entre 20 y
26 años; 13.000, entre 15 y 19; algo más de 5.000 mujeres entre los 40 y los 44
años. Menores de 15 años sólo se han producido 500 casos y, en menor medida
aún, en mayores de 44, con 382.
De los 101.592 abortos reconocidos en
2006, 22.325, un 22 por ciento, lo hacían por segunda vez en su vida; otras
6.149, el seis por ciento, por tercera vez. Incluso en 3.056 casos, ya habían
interrumpido voluntariamente un embarazo cuatro, cinco o más veces.
En cuanto a su situación civil, la
mayoría de los abortos fueron practicados a mujeres solteras, un total de
67.318, un 66,2 por ciento. Casadas fueron 24.973, un 24,58 por ciento. Las más
de 5.000 separadas suponían el cinco por ciento, frente a un 2,87 por ciento de
divorciadas y un 0,5 por ciento de viudas. Las trabajadoras asalariadas son
mayoría en este colectivo, un 61,22 por ciento, seguidas de las estudiantes,
que representaron el 10,75 por ciento del total.
Por comunidades autónomas las diferencias
son muy apreciables. La mayor tasa corresponde a la Comunidad de Madrid, con un 14, 18 por mil, seguida a muy poca distancia de Baleares, con un
14 por mil, y Cataluña, un 13,57. En el lado opuesto, las ciudades autónomas de
Ceuta y Melilla apenas alcanzan la tasa del 2,66 por mil, y también destacan
Galicia, con un 4,40 por mil y Navarra –comunidad en la que no es posible
realizar ningún aborto en la totalidad de su territorio, al no existir ninguna
clínica concertada para este servicio-, con un 5,31 por mil.
En Europa gana la ley de plazos
El aborto se encuentra despenalizado en
los cuerpos legislativos de la inmensa mayoría de los países pertenecientes a la Unión Europea. Casi todos operan con una ley de plazos, aunque se aprecian diferencias en la
amplitud de los mismos, según los casos. Igualmente, estas legislaciones se
acompañan de las denominadas indicaciones –especificaciones sobre casos,
supuestos y circunstancias que, con posterioridad al fin de los plazos
establecidos, también avalan la interrupción voluntaria del embarazo-, y que
también presentan variaciones entre unos y otros Estados.
En Alemania, Austria, Bélgica, Bulgaria,
Dinamarca, Eslovaquia, Estonia, Francia, Grecia, Letonia, Lituania, Hungría,
Portugal y la República Checa, el aborto es de libre elección de la mujer, sin
necesidad de justificación de ningún tipo, hasta las primeras 12 semanas de
gestación.
En Rumanía, el vencimiento se extiende un
poco más, hasta las 14 semanas, mientras que en Italia, lo hace hasta los 90
días. El país de la Unión en el que el plazo es más largo es Holanda, que
permite la interrupción voluntaria del embarazo, sin necesidad de acogerse a
ningún supuesto, hasta las 24 semanas.
Además de este sistema basado en periodos
temporales, las leyes suelen complementarse con indicaciones que permiten un
aborto más tardío bajo ciertos supuestos, como los contemplados en la normativa
española, es decir, riesgos para la salud física o psíquica de la madre,
malformaciones del feto incompatibles con la vida, violación, aunque también
encontramos algunos países que lo admiten por causas socioeconómicas –el cuarto
supuesto que nunca llegó a incluirse en nuestra ley nacional-.
Por ejemplo, en Grecia, en caso de
violación, el aborto puede producirse hasta la semana 19 de gestación, mientras
que llega hasta la 24 por malformaciones en el feto. Ante la opinión de muchos
expertos, y debido a que, en ciertos casos, algunas malformaciones muy graves
no son detectables hasta estadios más tardíos de la gravidez, las leyes de
Austria, Bélgica, Dinamarca, Francia e Italia han eliminado los límites temporales
en este supuesto, y los abortos pueden llevarse a cabo en cualquier momento en
que el problema haya sido diagnosticado.
En otras situaciones, y dentro de la gran
variedad legislativa, en Alemania, Bélgica y Francia, las mujeres que solicitan
la interrupción deben observar un proceso de reflexión y pasar por la consulta
con expertos antes de tomar la decisión definitiva.
Al igual que sucede en España, en Reino
Unido tampoco está vigente una ley de plazos, sino que la posibilidad del
aborto pasa por que se encuentre dentro de unos supuestos. A saber, la
malformación fetal, los riesgos para la salud física o psíquica de la gestante
o la constancia de problemas económicos y/o sociales. Coincide con las normas
de Bélgica y Dinamarca en no establecer límite temporal alguno en caso de las
malformaciones y del riesgo para la madre.
El caso español es muy similar, con la
diferencia de que nuestra ley no incluye un supuesto por causas económicas y
sociales –aunque fue debatido en legislaturas anteriores-. En caso de
violación, la mujer puede abortar antes de las 12 primeras semanas. Se extiende
hasta las 22 si el problema está en el embrión, y no hay ningún límite si el
riesgo es para la salud de la madre.
Aborto libre Violación Malformaciones Salud
materna
Alemania 12 semanas 12
semanas 24 semanas 24 semanas
Austria 12 semanas 12 semanas Sin
límites Sin límites
Bélgica 12 semanas 12 semanas Sin
límites Sin límites
Bulgaria 12 semanas 12
semanas 24 semanas 24 semanas
Dinamarca 12 semanas 12
semanas Sin límites Sin límites
Eslovaquia 12 semanas 12
semanas 24 semanas 24 semanas
España No hay 12 semanas 22 semanas Sin
límites
Estonia 12 semanas 12 semanas 24
semanas 24 semanas
Francia 12 semanas 12 semanas Sin
límites Sin límites
Grecia 12 semanas 19 semanas 24
semanas 24 semanas
Holanda 24 semanas 24
semanas Sin límites Sin límites
Hungría 12 semanas 12
semanas 24 semanas 24 semanas
Italia 12 semanas 12 semanas Sin
límites Sin límites
Letonia 12 semanas 12 semanas 24
semanas 24 semanas
Lituania 12 semanas 12
semanas 24 semanas 24 semanas
Portugal 12 semanas 12
semanas Sin datos Sin datos
Reino Unido No hay — Sin
límites Sin límites
Rep. Checa 12 semanas 12
semanas 24 semanas 24 semanas
Rumanía 14 semanas 14
semanas 24 semanas 24 semanas
Tasas por mil según grupos de edad*
1997 1998 1999 2000 2001 2002 2003 2004 2005 2006
Hasta 19 5,03 5,71 6,72 7,49 8,29 9,28 9,90 10,57 11,48 12,53
20-24 8,13 9,13 10,26 11,88 12,86 14,37 15,31 15,37 16,83 18,57
25-29 6,84 7,35 7,90 8,66 9,34 10,72 11,30 11,43 12,60 14,44
30-34 5,57 5,99 6,37 6,90 7,44 8,10 8,28 8,57 9,07 10,12
35-39 4,45 4,65 4,86 5,11 5,42 5,84 6,02 6,12 6,48 7,34
40 y más 2,27 2,35 2,34 2,35 2,47 2,72 2,69 2,69 2,87 3,05
TOTAL 5,52 6,00 6,52 7,14 7,66 8,46 8,77 8,94 9,60 10,62
Tasas por mil por Comunidad Autónoma*
1997 1998 1999 2000 2001 2002 2003 2004 2005 2006
Andalucía 4,67 5,16 5,49 6,19 6,77 7,33 8,25 8,98 9,99 10,46
Aragón 6,62 7,03 7,28 7,83 8,89 9,94 10,70 10,10 10,92 11,85
Asturias 7,13 7,15 6,95 8,38 7,22 7,75 7,84 8,55 8,27 8,33
Baleares 8,12 11,13 11,84 13,56 13,21 14,25 13,70 12,38 12,57 14,00
Canarias 5,93 6,98 7,22 8,04 7,28 6,82 6,25 6,23 7,23 8,87
Cantabria 3,58 3,75 4,00 3,92 4,08 4,44 4,26 4,51 4,42 4,68
C-La Mancha 3,68 4,20 4,67 4,35 4,54 5,23 5,80 5,79 6,65 6,71
C-León 5,30 5,52 5,85 5,63 5,54 5,61 5,84 5,80 5,86 6,40
Cataluña 7,25 7,65 8,59 9,67 10,18 11,37 11,39 10,89 11,46 13,57
C. Valenciana 4,76 5,74 6,00 6,82 7,50 8,26 8,27 8,60 9,10 9,92
Extremadura 3,32 3,73 3,70 4,27 3,61 3,76 3,83 5,19 5,26 5,19
Galicia 4,21 4,12 3,81 3,97 4,16 4,35 4,22 4,47 4,43 4,40
Madrid 7,22 7,46 8,72 8,90 10,47 12,19 12,83 12,03 12,81 14,18
Murcia 4,61 4,88 5,64 7,96 9,68 11,54 11,69 10,48 11,70 13,10
Navarra 2,39 2,53 2,96 3,63 3,99 4,56 4,81 5,22 5,21 5,31
País Vasco 2,70 2,74 3,04 3,55 3,55 3,94 3,99 4,47 5,42 5,99
La Rioja 4,63 5,29 6,28 6,55 6,44 8,52 8,04 7,58 8,22 8,25
Ceuta y Melilla 2,62 2,86 2,96 2,53 3,21 2,55 3,06 3,10 3,25 2,66
Tipos de centro que practican interrupciones voluntarias
del embarazo*
Hospitalario público 2,51%
Hospitalario privado 9,11%
Extrahospitalario público 0%
Extrahospitalario privado 88,38%
Interrupcción del embarazo en tiempo de gestación*
Menos de ocho semanas 62,23%
9-12 semanas 25,71%
13-16 semanas 6,14%
17-20 semanas 3,87%
21 ó más 1,97%
No consta 0,08%
Motivo de la interrupción*
Salud materna 96,98%
Riesgo fetal 2,83%
Violación 0,01%
Varios motivos 0,18%
Número de centros que han notificado
interrupciones voluntarias del embarazo en 2006: 135
*Datos del Ministerio de Sanidad. |