F abián
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Nº 770
14/1/2008

EL LIGÓN DEL ELÍSEO
EN EUROPA

Entre el inmovilismo y la agitación media un espacio muy amplio. Sarkozy afirmaba recientemente que "los franceses no temían al cambio, al contrario, lo esperaban, querían romper el inmovilismo". Desde que, hace seis meses, fue elegido presidente francés, no ha cesado de protagonizar diversas acciones que tanto han tenido que ver con su vida pública como con su vida privada, tanto han respondido a su acción gubernamental como a decisiones personales.

Por Josu Montalbán

Entró en el Elíseo como un ciclón y no ha parado de sorprender dentro y fuera de Francia. Incluso su físico rompió una dinámica de presidentes que se caracterizaba por el semblante hierático y solemne, –Giscard, Miterrand, Chirac–, que convirtieron a Francia en un Estado serio alrededor del cual la política europea giraba constantemente.

Sarkozy no ha cambiado nada de cuanto anunció, pero lo ha agitado todo. No ha dudado en viajar sin descanso a la mínima ocasión que se le ha presentado, tanto para fotografiarse con el Papa como para hacerlo con el tirano Gadafi; tanto para liberar cautivas como para entregar a las cautivas liberadas. Ha hecho el trabajo del ministro, del embajador, del cónsul y del agregado diplomático. Por si fuera poco no le han faltado congresos y acontecimientos en los que presentarse en sociedad y tomar iniciativas, algunas veces no demasiado meditadas. El futuro, incierto, dirá si es Francia la que está encumbrando a Sarkozy o es él quien está poniendo a Francia en un lugar diferente al que siempre ha ocupado.

El último detonante ha sido, sin duda, el menos importante: sus vacaciones por Egipto acompañado por Carla Bruni, una mujer bella, modelo y cantante, en actitud acaramelada. Así lo han entendido, al parecer, los franceses que en un 55% han considerado normal el enamoramiento y el viaje, del mismo modo que consideraron normal su separación de su anterior esposa Cecilia, recién celebrados los comicios que le llevaron al Elíseo, por cierto sin el voto de su ya ex mujer. Sin embargo, el viaje no es un hecho baladí. Las circunstancias le convierten enun acto abominable que ya ha sido criticado por los líderes de los partidos de la diezmada oposición francesa. La fotografía de Sarkozy tomando por la cintura a Carla (mientras ella le toma por el hombro), mirándose ambos a los ojos, entusiasmados, llegando al Valle de los Reyes o a las tumbas de Seti y Nefertari, que fueron abiertas sólo para ellos y su séquito, ha dado la vuelta al mundo. La socialista Royal, su competidora en las elecciones, ha dicho que "su comportamiento ostentoso pone en peligro la independencia y la dignidad de su función presidencial". Más lejos han ido otros, como el también socialista Montebourg que considera que ya es hora de preguntarse sobre "las contrapartidas que el señor Bolloré (financiador del viaje), que es un hombre de negocios muy listo, espera obtener". O el eurodiputado Hamon, que considera que "Nicolás Sarkozy es una buena inversión para Bolloré".

Porque el viaje se ha hecho a bordo del avión Falcon 900 de Bolloré, un empresario con más de 30.000 empleados a su cargo en el mundo, que tanto gestiona puertos como publicidad, distribución de energía o la creación de coches eléctricos. Su negocio supera los 6.000 millones de euros anuales, el 54% del cual está en Francia. Por todo esto la prensa francesa ha arremetido también contra Sarkozy. Más aún, su séquito utiliza Quince coches lujosos para desplazarse. Además, ha pasado algunos días en Sharm el Sheij, en la residencia privada del jeque Abu Dhabi, que aspira a participar en la construcción de los aviones Airbus, para lo que precisa la aprobación de las autoridades francesas. Y más, se ha alojado en una suite de decoración principesca cuyo precio ha superado los 1.100 dólares la noche. Carla Bruni puede sentirse muy satisfecha con el regalito de su enamorado pero, ¿pueden estarlo los franceses? ¿Cómo interpretar que recién instalado en el Elíseo se triplicara el sueldo si ahora se permite aprovechar estos regalos y cambalachear con los empresarios más poderosos?

Probablemente estamos ante un hombre acomplejado y contradictorio que se disfraza de soberbia para aparentar seguridad. No hay que olvidar que es un hijo de la inmigración (ascendencia húngara) a la que ahora pretende controlar recurriendo incluso acomprobar el ADN para garantizar las filiaciones de los emigrantes que llegan a su país. No hay que olvidar que, en contra de sus antecesores en la Presidencia, su formación académica se ciñe a los estudios de Derecho, sin que los haya adornado con masters de Universidades famosas. Su firmeza responde más un desafío personal que a una reflexión severa. Aspira, como se ve, a ser emperador de Francia, en su versión más grandiosa, y aspira a liderar Europa precisa-
mente en este momento de precariedad en el viejo continente.

No se puede decir que su labor presidencial, después de seis meses, se caracterice por el éxito cosechado. Los franceses de los suburbios de las ciudades más importantes de Francia continúan sublevados, aunque las. reyertas, los incendios de coches y los desórdenes se silencien. Ha sufrido una jornada de huelga general multitudinaria, además de importantes huelgas parciales y movilizaciones a cargo de los funcionarios y empleados de la Administración. La sociedad francesa continúa atascada, la economía crece por debajo de la media europea poniendo en riesgo el empleo, el poder adquisitivo de los franceses se ha resentido y las soluciones que prometió durante la campaña electoral no se están desarrollando en la realidad. Dijo entonces: "Creo en la superioridad del mérito sobre el igualitarismo y el asistencialismo". Esta creencia le llevó a postular reformas para Francia muy impopulares: acabar con la semana laboral de 35 horas e intensificar el tiempo de trabajo ("El problema de Francia es que no trabajamos lo suficiente porque durante demasiados años el trabajo se infravaloró"). Sin embargo este proteccionismo que niega en su país, para los más humildes de los suyos, no duda en aplicarlo en la esfera internacional para las empresas francesas que tienen que competir con empresas instaladas en los países emergentes, como China, India, Corea o el este de Europa.

En plena crisis política, Sarkozy ha venido a ocupar el lugar del populista dispuesto a desacreditar todas las ideologías. Tomó la iniciativa incorporando a su Gobierno a gentes procedentes del socialismo, incluso a gentes de opciones más izquierdistas, así como a personas vinculadas a la clase emigrante o a los movimientos sociales involucrados en los problemas derivados de la inmigración. La formación de su Gobierno dejó claras sus ideas respecto de la derecha francesa y sus estrategias frente a la izquierda derrotada. La derecha clásica no le sirvió, y las huestes socialistas quedaron mucho más diezmadas por el pillaje que Sarkozy ejerció en sus filas que por la propia debacle electoral. Sin embargo, en el plano internacional ha tenido muchas más oportunidades.

Su hiperactividad ha sido enfermiza. Casi nadie sabe quién es el Jefe del Gobierno francés ni el Ministro de Asuntos Exteriores porque él, que es el Jefe del estado, ha eclipsado a la mayoría de las instituciones de rango inferior. Acudió a liberar a unas enfermeras búlgaras que habían sido condenadas a muerte en Libia; trajo a España a los tripulantes de un avión, que habían sido acusados de complicidad con el secuestro de más de 100 niños en Chad; visitó de improviso Afganistán para ofrecer apoyo político y militar a Karzai y agradar a Bush con una frase lapidaria tal vez dictada por él: "En Afganistán se libra una guerra contra el terrorismo y el fanatismo que no podemos perder"; a mediados de diciembre ejerció de anfitrión en la Conferencia de Donantes de París consiguiendo más de cinco mil millones de euros para financiar el Plan de reformas de la Autoridad nacional de Palestina; visitó al Papa Benedicto XVI para evocar ante él las raíces cristianas y la laicidad positiva de Francia, en una contradicción evidente; se ha posicionado en contra del ingreso de Turquía en la Unión Europea en las reuniones de la Unión por el Mediterráneo celebradas el último mes de 2007; etc...

Su actividad ha sido copiosa, pero no se puede decir que haya sido demasiado eficaz. Su obsesión por formar parte de todas las combinaciones posibles le ha convertido en el perejil del guiso de los ejes estructurales de esta Europa en construcción. Apostó, junto a la gran mayoría de los líderes europeos por el nuevo Tratado para Europa, aprobado en Lisboa, lo cual no tiene much mérito, pero sus decisiones posteriores, y anunciadas, no dicen demasiado a su favo Fue Francia el país que, con su no a la Cons titución Europea, obligó a su revisión. El nue yo Tratado firmado por todos los países ni es una Constitución, se trata de poco má que una declaración de buenas intenciones Pues bien, Sarkozy ya ha prometido que e nuevo Tratado no podrá ser rechazado el Francia porque no va a ser sometido a refe rendo. Para ello ha anunciado que suprimi rá la disposición constitucional francesa que obliga a someter a referendo los nuevos tra tados de adhesión a la Unión Europea. De este modo eliminará las normas introduci. das por su predecesor Jacques Chirac.

El viaje por Egipto de la mano de esta mujer (Carla Bruni) que le aventaja en belleza y altura, ha venido a extender un velo oscuro sobre su agenda incumplida. Sobre todo, reduce el debate en torno a su acción de gobierno a la aceptación de su noviazgo apasionado, pero su imagen obedece más a la de un ligón de la Costa Azul que a la del presidente de Francia, que es el país europeo donde se han producido los cambios sociales más importantes a lo largo de la Historia, sucesivamente imitados por otros países.

¿Qué nos deparará el futuro? Si el idilio continúa, Carla Bruni será una nueva acción de pillaje del presidente francés en las filas de los simpatizantes de la izquierda, pues no en vano Carla asesoró y apoyó a Ségoléne Royal en las últimas elecciones (según sus propias afirmaciones). "Estamos muy enamorados", ha dicho Carla. Sarkozy, por su parte, ha confirmado en una espectacular rueda de prensa su intención de casarse en secreto con ella, y de la espectacularidad del viaje sólo cabe desprender que le ha interesado, y mucho, hacer ostentación de esta relación. Por si fuera poco, la madre de Carla ha ejercido de alcahueta y ha insinuado que habrá boda antes del verano próximo. Carla, que aprendió a tocar la guitarra sin saber solfeo, puede convertirse en la primera dama de Francia sin saber de política. ¡Qué más da, si de política sabe y opina todo el mundo! Lo que sí parece saber es cómo se enamora a un presidente saltimbanqui, a un acróbata osado que sólo desea emular a Napoleón. ¡Qué pena que le falle un poco la estatura!•

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