Cena de cumpleaños en El Pardo
APOTEOSIS REAL
Zarzuela cursó más de 500 invitaciones y asistieron462 invitados. Todo unéxito para una convocatoria preparada con escasa antelación. La cena de cumpleaños del Rey, celebrada el 9 de enero en el Palacio de El Pardo, demostró que la clase política está volcada con el monarca y su campaña de prestigio. "Todos cuantos estamos aquí consideramos este periodo como el más fecundo de la España contemporánea y todos consideramos decisiva su extraordinaria aportación a este logro común", dijo el presidente Zapatero ante los representantes institucionales de los últimos 30 años de democracia que acudieron a la cita. Con este acto inédito e histórico, Don Juan Carlos se ha apuntado un tanto a su favor y ha dado un decidido impulso a la figura del Heredero, inmortalizado en el abrazo de padre e hijo en medio del aplauso de los asistentes.
Por Virginia Miranda
El Rey le ha salido bien la jugada. Redonda. Ha hecho su propia encuesta de valoración entre las personalidades que han ido desfilando por los cargos institucionales durante 30 años de democracia y la gran mayoría le ha dado su respaldo. Don Juan Carlos remontaba 2007 después de una pequeña pero ruidosa campaña política y mediática en contra –ver N° 769 de la semana pasada, El Rey, en campaña– y comienza 2008 con fuerzas renovadas.
Con poco tiempo de antelación y con las fiestas navideñas de por medio, la Casa Real cursó más de 500 invitaciones a aquellas personas que habían ocupado los cargos institucionales que aparecen recogidos en la Constitución desde que ésta fuera promulgada en 1978: presidentes del Gobierno, de Congreso y Senado, ministros, presidentes de Comunidades Autónomas, del Tribunal Constitucional, del Supremo, representantes del Consejo de Estado, del Tribunal de Cuentas, de organizaciones sindicales y empresariales... El motivo: Su Majestad les invitaba a asistir a una cena con motivo de su 70 cumpleaños en el Palacio de El Pardo.
Hasta el último momento, algunos de ellos no habían confirmado su asistencia y Zarzuela no pudo facilitar la lista cerrada de asistentes; hubo que esperar a la noche del 9 de enero, fecha elegida para la celebración, para saber quiénes habían decidido finalmente asistir. La incógnita sobre personalidades como el ex presidente Felipe González, que no comunicó su presencia hasta las horas previas al evento, alimentaba la expectación de la prensa.
Más de un centenar de reporteros, entre periodistas y gráficos, acudió con más deuna hora de antelación a la cita. Mientras esperaban que seguridad les permitiera el acceso a palacio, veían desfilar decenas de coches de donde, a unos metros, iban descendiendo los invitados –un taxi se distinguía entre todos ellos y algunos se aventuraron a decir: "ahí llega Miguel Ángel Revilla (el presidente de Cantabria siempre acude en taxi a sus visitas oficiales en Madrid)"–.
Minutos antes de las nueve de la noche y en el Patio Central comenzaba el besamanos, por donde desfilaron todos los asistentes a la cena camino del Patio de los Austrias; allí estaban instaladas la mesa principal y las mesas de diez comensales donde se serviría el menú. Las más importantes, la primera, donde cenaron los Reyes, José Luis Rodríguez Zapatero –acudió solo, sin su esposa Sonsoles Espinosa–, todos los ex presidentes y sus mujeres –salvo Adolfo Suárez, a causa de su enfermedad–, los presidentesdel Congreso y el Senado y los presidentes del Tribunal Constitucional y el Supremo. Y la mesa de los Príncipes, donde se sentarían Javier Solana, ex ministro y actual jefe de la diplomacia europea, Gregorio Peces-Barba, padre de la Constitución, María Teresa Fernández de la Vega, vicepresidenta del Gobierno, Mariano Rajoy, líder del principal partido de la oposición, y Juan José Ibarretxe, lehendakari y tal vez el invitado que más expectación ha despertado antes, durante y después de la velada.
En el capítulo de ausencias, las más destacadas fueron las de los antaño líderes nacionalistas y ex presidentes de Cataluña y País Vasco, Jordi Pujol (CiU) y José Antonio Ardanza (PNV): el primero había excusado ya su asistencia por tener programada una conferencia en Bruselas y el segundo, por una presentación relacionada con un medio audiovisual. Una de las más comentadas fue
la del ex vicepresidente del Gobierno, Alfonso Guerra, que no dio razones a la Casa Real. Y ningún dirigente actual de IU ni de ERC acudió a un acto de "exaltación monárquica" –fueron las palabras de Gaspar Llamazares–. En cambio, fue significativa la presencia de la alcaldesa de Córdoba (IU), Rosa Aguilar. Preguntada por su aparición entre los invitados, Zarzuela menciona su pasada actividad como portavoz parlamentaria. Pero no resulta tan llamativo que el Rey la haya invitado como que acudiera a la cita una destacada dirigente del partido republicano, aunque hay que recordar que, tras el encontronazo del monarca con Hugo Chávez, ella salió en defensa de don Juan Carlos manifestando su "respeto a la institución
monárquica y el afecto hacia el Rey".
Otro aspecto llamativo es el de los asistentes que no respondían al perfil de cargos institucionales. Es el caso del cardenal arzobispo de Madrid, Antonio María Rouco Varela, que según Zarzuela acudió por haber oficiado los bautismos de los nietos de los Reyes y la boda de los Príncipes de Asturias. El de Santiago Carrillo, invitado en calidad de firmante de los pactos de La Moncloa aunque en la decisión de don Juan Carlos ha pesado más su papel decisivo en la Transición. Y el de Adolfo Suárez Illana, que asistió en representación de su padre y a quien saludó con gran afecto el monarca.
Precisamente los afectos fueron los que rompieron la monotonía del besamanos. Así, a unos pocos metros de la escena, se podía ver al Rey decirle a lbarretxe hasta tres veces "muchas gracias", saludar con cordialidad a Carrillo –"¡hombre, don Santiago, ¿cómo estás?"–, interesarse por el ex vicepresidente del PP Rodrigo Rato, bromear con el titular de Justicia, Mariano Fernández Bermejo, abrazar a Javier Solana o despachar
con un apretón de manos al ex presidente José María Aznar y a la jefa del Ejecutivo madrileño, Esperanza Aguirre.
Una vez finalizado el desfile de personalidades, ya podía confirmarse la cifra final de invitados: 462. Pero antes de la cena, aún quedaba el acto de mayor carga simbólica, política e institucional: los discursos.
El primero fue el de Zapatero, gran aliado del monarca. El presidente, tras felicitar en nombre de todos a don Juan Carlos, le dedicó el "debido reconocimiento y la merecida gratitud". "Todos cuantos estamos aquí consideramos este periodo como el más fecundo de la España contemporánea y todos consideramos decisiva su extraordinaria aportación a este logro común", dijo. Y en referencia al Príncipe aseguró que su padre ha inculcado "sabiamente" el "ejemplo personal e institucional con que ha ejercido la Jefatura del Estado" en la formación de don Felipe, "de cuya calidad humana, compromiso y dedicación somos ya muchos quienes podemos dar fe". Porque la celebración fue un acto de reafirmación del Rey y de espaldarazo al Heredero, que rompió el protocolo para pronunciar unas palabras de agradecimiento a su padre, por su "permanente ejemplo de vida intensa entregada al servicio de la nación. Ese es el legado que vas conformando día a día y que se convierte sin duda alguna en 'carta de navegación' fiable".
Por último, don Juan Carlos dio las gracias a sus invitados y desveló cuáles eran sus sentimientos: "orgullo por lo mucho que juntos hemos conseguido; confianza en el porvenir [...] y renovada determinación de seguir trabajando como Rey". Para finalizar, levantando una copa, animó a sus invitados a brindar por España. También lbarretxe, que en una inusitada escena, juntó su copa con la del Príncipe. •
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