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Nº
770 - 14 de enero de 2008 |
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| Hemeroteca | Esta semana |
Del “mucho diálogo” del Gobierno con la Iglesia católica española Clama Fraga Iribarne recordando en Telecinco que la II República quemó conventos e iglesias. En ABC titulan: “La corriente “cristiana” del PSOE pide a los católicos que se enfrenten a los obispos”. No es verdad esta afirmación, pero da lo mismo. Lo que importa es proyectar la imagen de cristianos socialistas, ¿una contradicción en sus propios términos?, lanceando a los prelados. El texto matiza lo que no está matizado en el titular: “La corriente federal del PSOE “Cristianos Socialistas” ha instado “encarecidamente” a “todos los cristianos católicos que discrepan con sensatez del rumbo que está tomando la Iglesia católica en España a tomar posición tanto dentro de ella como en la sociedad”, acusando a los obispos de estar “usurpando el nombre del Evangelio””. No hablan de enfrentamientos. Hablan de que piden sencillamente a sus pastores que no “usurpen el nombre del Evangelio”. ¿Es eso para preocuparse? Yo creo que sí, que hay motivos para la inquietud entre la mayoría de los obispos y de sus amigos de los medios conservadores, aunque el titular de ABC no sea más que una desmesura inexacta, de aroma electoral, naturalmente, al señalar que el PSOE, digamos cristiano, alienta a los católicos a enfrentarse a los obispos. ¿Preocuparse, por qué? Porque es verdad que muchos cristianos o católicos hace tiempo que se sienten frustrados, desmoralizados, intranquilos contemplando la actitud hegemónica de los mandarines de la religión fundada por Nuestro Señor Jesucristo. Es una actitud a la defensiva, encaminada al fundamentalismo; cada vez se halla este fundamentalismo de ayatolás más lejos de la época esperanzadora del Concilio Vaticano II. Todo aquello, ¡ay! se transformó poco después de que acabara en una inmensa ingenuidad. Fue bonito mientras duró, pero duró muy poco. Como aquella Checoslovaquia de Alexander Dubchek o el Chile del presidente Allende. Se impuso la realpolitik, el pragmatismo, la lógica de los poderosos frente a los débiles soñadores de primaveras imposibles. En la Iglesia, también. Y así estamos. Los cristianos progresistas enarbolan el Evangelio, que es revolucionario frente al dogmatismo y el fariseísmo y en la actualidad frente a la oleada neocon, la que pretende inundarnos con agua que llaman bendita pero que a menudo resulta fecal. Estos obispos, sentencia Iñaki Gabilondo, son una “mina de caspa”. José Bono, que es católico practicante, asegura que “si estuviera prohibido ser socialista y cristiano se cerrarían la mitad de las sedes socialistas”, pero añade que asimismo quedarían medio vacías las iglesias. No sé si hay tantos católicos convencidos simpatizantes o votantes del PSOE que frecuenten los templos o tantos que acudan a las sedes socialistas. Sin embargo, parece claro que en un país como éste lo normal es la mezcla de dos formas de pensar que, en no pocos puntos sustantivos, pueden ser coincidentes. Felipe González ha entrado en la liza: “La laicidad es el fundamento de la convivencia entre distintos sentimientos de pertenencia étnico-cultural o étnico-religioso. Los que no piensan así, que es el fenómeno que estamos viviendo otra vez, los que tienen cualquier actitud integrista tienden a excluir a los demás”. Francisco Vázquez, el ex alcalde de A Coruña, a pesar de que a él le moleste lo de A Coruña, y embajador de España ante el Vaticano, sostiene que lo que sucedió en la concentración de los obispos y cardenales, secundada por movimientos católicos activistas, entre los que estaba la plana mayor del reaccionarismo religioso, “es una marcha atrás de la Iglesia.” El prudente Vázquez llegó a manifestar en El País que “Rouco Varela y García-Gasco convirtieron el acto en un mitin” y, tras pedir a la Iglesia que exija “el cambio editorial en la COPE”, advirtió que “el Vaticano ha acogido lo ocurrido con sorpresa y disgusto”. Da la impresión, no obstante, de que Vázquez confunde sus deseos con la realidad. Benedicto XVI ha insistido ante todos los embajadores acreditados en la Santa Sede que la familia está sometida a “preocupantes ataques”. La COPE sigue sonando como siempre, con idéntica música y letra, música no celestial sino guerrera, y letra barriobajera, y no ha sido captado mensaje alguno llegado desde Roma que permita albergar un poco de optimismo. Dice Vázquez: “No estoy de acuerdo con una separación absoluta entre Iglesia y Estado. La Iglesia en España juega un papel cultural, histórico y de vertebración social que tenemos que reconocer y respetar. La Iglesia es mucho más que los purpurados. Lo que más agradaría al PP es que tirásemos por la borda, al fin de una legislatura en la que ha habido mucho diálogo con la Iglesia, los consensos logrados en educación y en tantos temas”. Palabras, palabras y palabras. Demasiado miramiento. ¿Diálogo con la Iglesia? Manifestación contra el matrimonio homosexual nada más comenzar el mandato de Rodríguez Zapatero. Campaña exigiendo la religión en las escuela. Campaña catastrofista, como la mayoría de las impulsadas por los “purpurados”, contra Educación para la Ciudadanía y contra la Ley de la Memoria Histórica. Y ahora el numerito de la defensa de la familia. Y la COPE, erre que erre, insultando y mintiendo. ¿Es ese el “mucho diálogo” que tanto agrada al embajador Vázquez? Luis G. del Cañuelo |
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