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| Nº 770 - 14 de enero de 2008 |
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Sarkozy privatiza el Gobierno
por Santiago Carrillo E ste presidente francés es maestro en artes publicitarias. Sabe cómo estar todos los días en la prensa mundial, revelando alguna de sus poliédricas facetas. Es muy distinto a los políticos franceses del pasado, alguno de los cuales se distinguía por sus hieráticos silencios. Era también una forma de conseguir que la gente estuviera pendiente de ellos, cada vez que se decidían a abrir la boca. Sarkozy, en cambio, tiene una ocurrencia a cada momento y se las arregla para que el publico se entere. Con todo, lo más sensacional no son sus desplazamientos inesperados o la publicidad que da tanto a sus divorcios como a sus idilios amorosos; por cierto, que estos deben ser muy fuertes, pues no se echa uno a la espalda al zangolotino con el que le hemos visto en televisión cojeando por las cuestas de Petra si no se está muy enamorado de la mamá. Rasgos como éste yo los encuentro simpáticos, aunque haya ciudadanos franceses que los consideren una exposición exagerada de su intimidad, que a nadie importa. El podría aducir que eso es ser transparente en una época que la mayor crítica que suele hacerse a los políticos es la falta de esa cualidad. A mí lo que me asombra y me inquieta más de sus últimas ocurrencias es la de hacer auditar la gestión de sus ministros por una empresa privada, cuyos dictámenes pueden ser decisivos para destituirlos o mantenerlos en sus cargos. ¡Increíble! De las presidencias de De Gaulle, Giscard d'Estaing o Miterrand se dijo que eran como monarquías electivas, durante las cuales cada uno de ellos se conducía como un rey. Eso tenía el aire de ser muy francés y desde luego estaba muy en el espíritu de la Constitución de la V República, concebida a la mayor gloria del general De Gaulle. Pero esto de Sarkozy no parece ni muy francés, ni siquiera muy norteamericano, que por ser la moda occidental no resultaría tan extraño. ¿Se puede llamar ministros a esos funcionarios cuya permanencia en el cargo va a depender de la auditoría que hagan los técnicos de una empresa privada? Parece que ni siquiera se les puede considerar secretarios de Estado, como los que asesoraban a Su Majestad en las monarquías absolutas. De golpe, alguno de los nuevos ministros que hicieron el arriesgado salto entre su tradición de izquierda y una cartera ministerial de derecha, tienen que considerarse defraudados y pueden llegar a preguntarse si el salto valió la pena. Sobre todo, algo, en tanto que demócrata, me preocupa. Si la labor de los ministros es sometida al juicio de unos empresarios, ¿qué papel queda a los miembros del Parlamento? ¿Qué falta hacen los diputados elegidos por el pueblo? ¿En quién reside la soberanía? ¿Es Sarkozy otro Luis Napoleón Bonaparte a quien espera su Sedan? ¿0 es un empresario que, al verse elevado a la Presidencia, ha decidido privatizarlo todo, incluido el Gobierno de su país? ¿Estamos ante un ensayo que deja atrás los dilemas Monarquía o República para crear una nueva forma de Estado: la Empresa? Ciudadanos: ¿os véis gritando cualquier día ¡Viva la Empresa!, ¡Viva el Empresario!? Mientras se aclaran los propósitos de Sarkozy, los demócratas nos quedamos temblando. ¿Hasta dónde van a llegar las privatizaciones? • |
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