Nº 770 - 14 de enero de 2008
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'La Mina del Cazador' (1)

por Miguel Ángel Aguilar

Érase una vez una Corporación de RTVE nacida de la Ley promovida por el Gobierno del presidente José Luis Rodríguez Zapatero mediante la cual quedaba exonerada de todas las deudas después de haber visto aligerada su plantilla laboral por un amplio Expediente de Regulación de Empleo (ERE).

En aquel tiempo los padres de Pulgar-cito, que vivían en un bosque, apenas podían subsistir como leñadores. Había mucho desconcierto en todo el contorno porque la definición del servicio público era confusa en la Ley, abusiva en el llamado "mandato marco" y quedaba aplazada en buena parte a cuanto dijera el contrato programa pendiente de redactarse, mientras que la legislatura actual llegaba a su término inexorable.

Al mismo tiempo, la Bella Durmiente parecía perdida sin recuperación posible de su encantamiento cuando acertó a pasar por aquella espesura de inextricables tramas administrativas un príncipe que quedó maravillado de la hermosa figura. Así que descabalgando besó a la muchacha, que en ese momento recuperó la vida. Entonces, la invitó a subir a la grupa de su montura y la condujo al Palacio del Congreso de los Diputados en la carrera de San Jerónimo, donde como por maravilla hubo consenso excepcional entre el Grupo Parla. mentario Socialista y el Grupo Parlamentario Popular para el nombramiento de Luis Fernández como presidente de la recién nacida Corporación.

Una vez en su castillo de Prado del Rey, el presidente ya poseído de su cargo quiso hacer inventario y comprobó que sus dominios incluían hectáreas y hectáreas en El Pirulí, Aravaca, Pozuelo, Arganda, Paseo de la Habana y tantos y tantos otros. Entonces,se acordó del poeta Rubén Darío y se pre guntó: ¿cómo habrá en Oriente, mantos y coronas, tronos para tantos? También se cruzó por su mente la figura de Luther King y como él exclamó aquello de / have a dream. Añadir valor era un caso de conciencia.

Se trataba de evitar que las suculentas parcelas urbanísticas pudieran convertirse en calabazas, como se contaba que había sucedido con la carroza de la Cenicienta desatenta con el horario. De otros reinos poderosos como el del Real Madrid Club de Fútbol en Valdebebas, el del Banco de Santander en Boadilla del Monte, o el de Telefónica en Las Tablas, le llegaban al presidente noticias de la edificación de prodigiosas Ciudades Corporativas, que sustituían las sedes dispersas de sus antiguas instalaciones generando además espléndidas plusvalías.

Dispuesto a seguir por esa admirable senda llamó a un operador urbanístico de toda su confianza, Pedro Pablo Mansilla, a quien le señaló los ejemplos anteriores y le dijo que buscara suelo para un nuevo emplazamiento de las modernas instalaciones que ambicionaba levantar en aras siempre de la mayor economía y eficiencia y para el mayor contento de todos. Entonces Mansilla, sabedor de sus responsabilidades, mandó llamar a Luis Rodríguez Avial para elegirle gestor de la operación urbanística de reubicación de la Corporación RTVE.

(En el capítulo siguiente contaremos cómo apareció el único suelo existente en Madrid –La Mina del Cazador, en Aravaca– que no resulta ser de protección especial, ni tampoco está calificado para uso alguno, distinguido bajo la figura exclusiva de No Urbanizable Común (NUC), según consta en la Revisión del Plan General de Ordenación Urbana de Madrid).•

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