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Nº 769 - 7 de enero de 2008
¿Quién asesinó a Benazir Bhutto?

por Santiago Carrillo

Q uizá no se llegue a saber nunca a quién pertenecía la mano que disparó o activó los explosivos ue causaron la muerte de esta mujer valerosa. En Pakistán no existe ninguna garantía de una investigación judicial que intente descubrir la verdad. El general Musharraf, antes de que se enfriase el cadáver, ya había atribuido la autoría a Al Qaeda. Esta organización se ha apresurado a desmentirlo. Por su parte, el pueblo paquistaní que se lanzó a las calles llorando de desesperación, acusaba a Musharraf y a EE UU de ser los responsables del crimen en el que junto a Benazir murieron más de 30 personas. No sé si algún día sabremos la verdad porque nos hallamos ante uno de los acontecimientos políticos más escabrosos e incomprensibles que la ingeniería policial de los Servicios de Inteligencia haya logrado montar.

¿Por qué, o para qué, regresó Benazir a un país en el que los mismos que la habían expulsado del poder con un golpe de Estado y antes ya habían, en otro golpe parecido, depuesto y ahorcado a su padre, seguían gobernando dictatorialmente? ¿Quién le hizo creer que su seguridad iba a ser protegida y que iba a poder participar y hasta ganar las anunciadas elecciones?

¿No fue todo una maniobra política de la Administración Bush para dar una cierta apariencia democrática a una de las dictaduras más sórdidas sobre las que se apoya EE UU en el Oriente? El general acaba de jugar la comedia de su reelección y un simulacro de celebración de elecciones tendría más credibilidad si Benazir regresaba teatralmente del exilio y se prestaba al juego. Regresaba con la garantía de Bush; por lo menos así lo creía ella. Pero, ¿cómo pudo fiarse de un personaje tan sospechoso?

El padre de Banazir fue uno de los personajes políticos que tras la Segunda Guerra Mundial aparecieron en los antiguos países coloniales, reflejando el efecto de la derrota del fascismo en ese mundo. Estas personas salían de lo hondo de grandes movimientos de masas sobre los cuales hubieran podido construirse verdaderas democracias nacionales. Bhutto padre era uno de esos líderes, como lo fueron entre otros Sukarno, Ben Bella y Mossadegh, que precisamente por afirmar su independencia de los grandes poderes imperiales tenían la enemistad radical de éstos, que conspiraron en sus Ejércitos, organizando golpes de Estado y promovieron como dictadores a militares manejables y obligados a ellos, o grupos integristas que contribuyeron a la destrucción de las posibilidades democráticas y nacionales en sus países.

Un general dictador depuso y ejecutó en la horca al padre de Benazir. Ella ha sido asesinada igualmente, enun retorno a su país que muestra su intrepidez y su coraje, pero que a la luz de los acontecimientos parece más bien una trampa fatal. Cualquiera que haya sido la mano asesina, el propósito era crear un artificial semblante de país democrático, en el que podía exhibirse un general vestido de paisano, que es el que manda y tolerar una jefa de oposición conocida en todo el mundo. Pero ni eso ha sido posible en ese Pakistán que además posee el arma nuclear, que alguien le ayudó a conseguir... El crimen deja al desnudo qué clase de sistema político impera en Pakistán, por mucho que Bush se refiera a él como una democracia.
Benazir Bhutto ha sido la víctima de una política indigna de Estados civilizados, con la que a toda costa los petroleros de Texas tratan de apoderarse de las reservas energéticas del planeta sembrando la guerra, el caos y la anarquía en el mundo.

Ahora habrá que suspender las tan anunciadas elecciones. ¿Qué conejo se sacarán de la chistera Musharraf y Bush para pasar página?

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