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El Rey, en campaña Dios ha dado a Don Juan Carlos una nariz
privilegiada que le permite otear con exactitud la dirección de los vientos así
como una cintura muy flexible para girar rápidamente. El Siglo publicó hace
unas semanas una portada con el título “El Rey se reinventa” donde expresábamos
nuestra convicción de que pronto veríamos signos de ello. ¡Y vaya si los hemos
visto! En Nochevieja se personó en Afganistán para brindar con los soldados
destacados en la zona más peligrosa del planeta. Ya había visitado a nuestros
soldados en misiones de paz; concretamente en 1998 se personó en Bosnia con
ocasión de su 60 cumpleaños y en 2002 en Kosovo, donde celebró el Día de las
Fuerzas Armadas, pero organizó estos viajes cuando aquella zona estaba
pacificada. No es lo mismo que Afganistán, donde ni los pájaros son pacíficos,
en un viaje en plan comando secreto.
El segundo signo se aparecerá el próximo 9 de enero. Ese día el Rey celebrará su 70 cumpleaños recibiendo en el Palacio de El Pardo a las personas vivas que protagonizaron los altos puestos del Estado durante sus treinta años como monarca constitucional. Ni el 9 de enero es el día de su cumpleaños –nació la noche de Reyes en Roma– ni El Pardo el lugar acostumbrado para celebrarlos. Parece que el Rey, como los niños, celebra su cumpleaños cuando mejor le viene, para que puedan acudir los compañeros del colegio; lo de El Pardo será como un recordatorio un tanto macabro de lo que nos libró con su bendita traición al Caudillo. El tercer asalto de esta fulgurante cabalgata real ha sido la fuerte campaña mediática que estamos viviendo tanto en los medios públicos como en los grandes periódicos privados que compiten con el incienso. Si 2007 ha sido su annus horribilis, el nuevo año lo ha comenzado con tal impulso que merecería un felix annus para 2008. A la fiesta en el Palacio de El Pardo acudirán las personas que dirigen o han dirigido el poder legislativo, el ejecutivo y el judicial del Estado y de las Comunidades Autónomas. Se espera que acudan todos los presidentes del Gobierno que en la democracia han sido y se reza porque no se disculpen Aznar ni González como ha ocurrido en otras ocasiones de relumbrón. Están citados todos con la lamentable excepción de Adolfo Suárez, que sufre la mayor de las tragedias que puede caer sobre un político: el olvido de la pasada gloria, un mal que comparten en estos momentos otros grandes dirigentes como Pasqual Maragall, ex presidente de la Generalitat y Jordi Solé Tura, padre de la Constitución, que luchan contra las sombras en un mundo difícil de imaginar. No se que pensaría el Caudillo si levantara la cabeza y se encontrara su casa invadida por esta gente, por rojos, nacionalistas y liberales desde González, Carrillo y Anguita hasta Pujol y Arzalluz compartiendo una copa con Aznar (hijo), Elorriaga (hijo) y Fraga en persona. Será una fiesta hermosa para la nostalgia pero también un síntoma para el futuro. El Rey se ha reinventado una y otra vez a lo largo de una rica experiencia de 32 años de reinado cohabitando con franquistas y demócratas de derechas y de izquierdas. Creo que ahora procede a otra reinvención provocada por los acontecimientos recientes: 1) Secuestro de El Jueves por una caricatura grosera de los príncipes que ha dramatizado los límites a la crítica a la Familia. 2) Quema de retratos por independentistas catalanes. 3) Campaña no menos incendiaria de Jiménez Losantos en la emisora episcopal. 4) Utilización de la Monarquía y el patriotismo español por el PP para desgastar al Gobierno . 5) El “por-qué-no-te-callas” al presidente Chávez, y 6) La separación de la infanta Elena. Los seis sucesos han propiciado un cambio en la forma en que el Rey representará su papel en una nueva época en la que no podrá refugiarse en el tabú y en la autocensura. La primera reacción fue defensiva: la entonación de la autolaudatio por sus méritos en la Transición. Las últimas respuestas son de rearme: Afganistán, cumpleaños-recordatorio y campaña publicitaria. El monarca ha emprendido una marcha a paso ligero que desmiente a quienes sostenían que al alcanzar los 70 años abdicaría en el Príncipe tutelando con su popularidad el tránsito del juancarlismo a la Monarquía. El ultimo abdicador es Losantos aunque en sentido contrario: la abdicación estaría destinada a salvar a la Monarquía de Don Juan Carlos; contra Don Juan Carlos. Es desconocer la popularidad de éste y lo que falta para que Don Felipe sea deseado por sí mismo. Es cierto que en los tiempos de Conde, De la Rosa y compañía algunos lo sugirieron; posteriormente, con motivo de las frivolidades del Príncipe se pedía al Rey que no abdicará ni en caso de muerte. Ahora no parece prudente que abandone el barco en medio de la tormenta. Creo que el Rey jamás ha pensado en renunciar. Un rey es rey hasta la muerte y hay pocos monarcas con tanta vocación de reinar como el nuestro. |
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