Hemeroteca Lista La trinchera de papel
Nº 768 - 24 de diciembre de 2007

Pensiones

por Joaquín Leguina

C on el anuncio electoral han llegado las rebajas de enero (para los impuestos) y también los Reyes Magos (promesas electorales). Aunque sólo los muy ingenuos crean en el maná o en el oro y en el moro, la verdad es que conviene reparar en esas promesas, al menos para comprobar la solvencia contable de sus promotores.

Saltándose a la torera el espíritu del Pacto de Toledo –que pretendía sacar del campo de la demagogia el espinoso asunto de las pensiones-los dos líderes nacionales se han lanzado a ese ruedo prometiendo sustanciosas subidas, eso sí, sólo en las "pensiones mínimas".

¿zY por qué se habla sólo de las pensiones mínimas?, cabe preguntarse. Pues porque son muy bajas. Pero las pensiones no sólo son las mínimas, las otras también son pensiones... Es más, las pensiones se idearon, dentro de lo que se llamó Estado del Bienestar, para que los jubilados no vieran caer sus estatus sociales una vez alcanzada la edad del retiro. Por lo tanto, las pensiones no son un sistema asistencial o un salario mínimo de supervivencia, son otra cosa. zY se pueden pagar esas pensiones que aseguran el estatus social anterior a la jubilación?

La respuesta es demográfica, pero también es política. Demográfica porque una fecundidad descendente conduce de forma inexorable hacia un mayor envejecimiento, y política porque las cotizaciones y los impuestos –de los cuales se nutren las pensiones– los marcan los parlamentos.

La fecundidad española está bajo mínimos y el número de hijos pormujer a lo largo de su vida fértil se ha reducido en los últimos cincuenta años en un 60%. Si se pretende mirar al futuro, ha de tenerse en cuenta que el número de nacimientos no sólo depende de las tasas de fecundidad, también del número de mujeres en edad fértil y éste no hará sino disminuir en los próximos años, pues las generaciones vacías" nacidas durante los años de bajísimas tasas de fecundidad, son ya en buena parte potencialmente fecundas.

En 1970 no llegaban al 10% los residentes en España que habían cumplido los 65 años; actualmente ese índice ronda el 20%. Por su parte, la ratio de capacidad (potencialmente activos/jubilables) estaba ligeramente por encima de 4 al finalizar el siglo XX. Mantener ese nivel en el año 2050 exigiría una población española de 160 millones de habitantes, de los cuales, la inmensa mayoría habría de ser de origen inmigrante. Una hipótesis de imposible cumplimiento.

Pero quizá convenga plantear algunas preguntas más precisas, en lo que a las pensiones se refiere, por ejemplo: ¿la tasa de cobertura mínima (número de cotizantes/número de pensiones) suficiente, estimada en 2, es sostenible? ¿Nos van a sacar de estos apuros los inmigrantes?

Es posible que la inmigración atempere y retrase el colapso, que sin los inmigrantes estaría al caer, pero no es preciso hacer muchos números para llegar a la conclusión de que a largo plazo y si la fecundidad no da un salto notable hacia adelante las expectativas de sostenibilidad no son optimistas. Y la fecundidad no dará ese salto con políticas pro-natalistas como el incentivo –ineficiente y económicamente ruinoso– del cheque-bebé.

De hecho, las tan cacareadas y políticamente olvidadas "pensiones máximas" ya andan en torno a los 2.000 euros al mes, lo cual significa para quienes tienen derecho a ellas ver reducidos sus ingresos en el momento de jubilarse a la mitad, a un tercio, incluso más. En otras palabras, para los cotizantes "máximos" esa pensión ya no es una pensión en sentido estricto.

Pero, seamos optimistas, también podría ocurrir que la imaginación rigurosa acabe por sustituir a las ocurrencias actualmente reinantes. Así, por ejemplo, sin hacerse excesivas ilusiones respecto a los progresos de la biología, la genética y la medicina, es obvio que se han producido en los últimos años no sólo avances significativos, también un cambio de paradigma.

En efecto, de la concepción del organismo humano como algo sujeto a un continuo "desgaste" a causa de su uso, se ha pasado a contemplar la vejez como un conjunto de transformaciones auto-programadas por los genes. Este cambio de punto de vista abre, sin duda, nuevas y prometedoras perspectivas. No obstante, nos encontraremos durante algún tiempo con la necesidad de cubrir mediante servicios las discapacidades que, por ahora, se presentan en edades avanzadas. Pero ello no es contradictorio con edades de jubilación más retrasadas que las que actualmente se practican y estos cambios legales, preferiblemente flexibles, se han de realizar antes de que se produzca el temido colapso en la ratio de capacidad.•

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