Hemeroteca Esta semana
 
Nº 768 - 24/12/2007

Enrique Barón, presidente del Grupo Socialista en el Parlamento Europeo

"CON EL TRATADO DE LISBOA NACE UNA

EUROPA REFORZADA"

Fue ministro y presidente del Parlamento Europeo, y tiene su acta en él desde 1986. Europeísta convencido, nos comenta sus impresiones sobre la reciente firma del Tratado de Lisboa, las ampliaciones comunitarias, la más que probable independencia de Kosovo y la deseada unidad de acción de la UE. Para él, el proceso continúa, en una aventura en la que se está inventando algo"completamente nuevo en la historia".

Por Pedro Antonio Navarro

Qué opina de lo acontecido en la Cumbre de Lisboa?
—Los 27 jefes de Gobierno han firmado el Tratado de Lisboa. Se comprometieron a aceptar y llevar adelante un tratado, que es un salto importante en la historia de la Unión Europea porque sistematiza y codifica el esfuerzo que estamos haciendo desde que nació la UE, que es el segundo paso, después de la Comunidad, en la construcción de algo nuevo en el mundo. Es el primer intento exitoso de democracia supranacional; un proyecto entre 27 estados y mas de 500 millones de ciudadanos. Nos ha traído paz y prosperidad, y ahora es nuestro mejor instrumento para hacer frente a la globalización de una manera positiva.

—¿Ha habido que conformarse con un tratado que no es para una Constitución europea?
—No es que haya habido que conformarse. Lo intentamos, lo conseguimos la mayoría, pero, según las reglas vigentes, es necesaria la unanimidad. Siempre se ha hablado de los "noes", pero es sintomático que en la reunión del pasado febrero en Madrid, cuando se relanzó el proceso, dos tercios de los Estados y una mayoría muy amplia de los ciudadanos habíamos dicho que sí. 18 estados, había cuatro más que no tenían problemas, dos no lo habían conseguido (Francia y Holanda), y tres no habían hecho nada (Reino Unido, Polonia y República Checa). Ahora han firmado todos de nuevo, y los que habían dicho que no han hecho todo lo posible por encontrar una salida. Los que estábamos a favor del tratado constitucional no hemos renunciado a ir más adelante, y sobre los que no habían hecho nada, les hemos atendido algunas de las razones que habían planteado, se han excluido de algunas políticas importantes, y ahora, a ver si cumplen con lo comprometido. Polonia y Reino Unido se han excluido –cosa que es muy de lamentar- de la aplicación de la Carta de Derechos Fundamentales, y el Reino Unido ha planteado reservas importantes en relación con la aplicación del Espacio de Seguridad Libertad y Justicia (Shengen). Nosotros lo lamentamos. Les planteamos que además de la exclusión, aceptaran la inclusión cuando cambiaran de criterio, pero no lo han hecho, aunque hay que guardar la esperanza.

—¿Cree que fue un error plantear las consultas populares?
—En principio, y lo debatimos en el Parlamento europeo, nosotros éramos partidarios de que hubiera una ratificación lo más cercana en el tiempo y conjunta posible, precisamente, para no generar efectos negativos. Lo del referéndum lo decide cada país. De hecho, en el caso de España, lo que tenía efectos legales era la ratificación parlamentaria, de acuerdo con nuestras normas constitucionales. Hombre, lo que sí hay que hacer es que cuando se convoca un referéndum, hay que ir a ganarlo. Hay un asunto sobre el que debemos reflexionar después de lo ocurrido en Francia y en Holanda, y es que no es muy aceptable en términos democráticos, que lo que afecta a 27 países y a 500 millones de ciudadanos, se encuentre en una situación de ser rehén por lo que puedan decir dos millones o un millón, o 50, pero el criterio de todos vale por igual. Esto nos invita a tener que aceptar otras reglas que las de la unanimidad, porque con ella, el que pone el freno de mano es el que sale ganando.

—¿Sale Europa disminuida políticamente con el Tratado de Lisboa?
—No, sale una Europa reforzada. No todo lo reforzada que quisiéramos. La gran víctima del Tratado de Lisboa es la claridad, porque el texto es mucho menos comprensible que el del tratado constitucional, porque es una colección de enmiendas. Pero, por primera vez, en un texto de tratado hemos incluido los principios, valores y objetivos que inspiran nuestra acción común. En segundo lugar, hemos dado carácter vinculante a la Carta de Derechos Fundamentales. En lo demás, para explicarlo en pocas palabras, se generaliza el funcionamiento por mayoría, que es el más democrático, también en el consejo. Se amplía sustancialmente el campo de materias que vamos a tratar a nivel comunitario; la codecisión con el Parlamento se convierte en el procedimiento legislativo ordinario, y luego hay una serie de nuevas dimensiones, por ejemplo, la emigración, el cambio climático, la energía, que hemos incluido instrumentos para dar respuestas eficaces a nivel europeo.

— Pero se ha conseguido o no que la UE sea un actor unitario en política exterior?
—En Bali, la UE ha demostrado que tiene iniciativa y protagonismo en un tema candente, como es el cambio climático. Ha forzado a Estados Unidos a modificar su postura. En la Ronda de Doha, que es otro de los grandes desafíos, donde se establece la política comercial, también. Yo diría que la regla en los últimos años es que cuando los europeos estamos unidos conseguimos hacer una política exterior efectiva, por ejemplo, estabilizando todo el centro de Europa, ampliando sustancialmente la UE, llevando un proceso de paz y de reducción e las tensiones en el Mediterráneo, lanzando una política para África. Cuando nos dividimos –como en el caso de Iraq-, es manifiesto que no pesamos. Cuando nos unimos, como en el caso de Irán y Oriente Medio, nos convertimos en un protagonista importante.

—¿No ha perjudicado a los criterios políticos unitarios la ampliación hacia el Este?
—No se puede generalizar. El otro día, en la Cumbre de Lisboa, casi los que más insistían eran jefes de Gobierno que sólo llevan dos años en la Unión. Yo sentí que después de la crisis que hemos pasado, el espíritu comunitario volvía a estar en la mesa. Lo que ha pasado en Polonia es muy sintodemos explotar y desarrollar la capacidad que nos da nuestra interdependencia. Primero, iniciar una aventura de independencia, sin tener nada que ver, no tiene mucho sentido, y en segundo lugar, es que hay un principio histórico de la UE, que es la reconciliación entre enemigos irreconciliables y la buena vecindad. Si Kosovo quiere tener un futuro con nosotros, tiene que encontrar una convivencia con los serbios, con los bosnios. Creo que nosotros tendremos que mantener una política de protectorado y de estabilización de todos los Balcanes.

—Pero la UE ha ofrecido a Serbia "agilizar" su entrada en la Unión si acepta la independencia de Kosovo.
—Es un ajedrez más complicado. Aquí, los Estados Unidos están jugando muy claramente, desde el principio, a la independencia de Kosovo mientras Rusia se opone claramente. No se plantea conceder la independencia sin condiciones; la mayoría quiere la independencia, pero aquí hay un problema que resolver con Serbia y con la comunidad serbia, y en segundo lugar, es que haya mínimamente una estructura; no se inventa un Estado en un día. Por eso hay un protectorado más o menos abierto sobre toda la zona. Lo que es muy lamentable -aunque no vale la pena llorar por la leche derramada- es que una realidad tan interesante como Yugoslavia acabara como acabó.

—¿Qué va a pasar con Turquía?
—Con Turquía se está negociando. El presidente francés no ha ocultado que es contrario a la entrada de Turquía. En Alemania es un tema polémico. Hay un acuerdo para seguir avanzando en la negociación. Turquía está viviendo un proceso complejo de modernización, aunque el asunto de las libertades no marca un claro acercamiento. Creo que hay un compromiso, que vamos a seguir trabajando en él, sin ocultar una cosa -y lo digo como partidario que soy de su entrada en la UE-, el tema de Turquía produce división por parte de algunos Estados

—Felipe González, al frente del Comité de Sabios.
—No voy a ensalzar a Felipe González a estas alturas, pero creo que su designación es un reconocimiento a su trayectoria europeísta y, además es un fichaje bueno. Está bien que haya una reflexión que no sea meramente arquitectónica.•


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