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Nº
768 - 24 de diciembre de 2007 |
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| Hemeroteca | Esta semana |
De cómo Pedro J. Ramírez La fértil imaginación de Pedro J. Ramírez y su monumental erudición, según algunas versiones adecuadamente potenciada por expertos, le llevan a escribir cada domingo en su periódico unos inacabables artículos donde se entremezclan episodios ajenos en el tiempo a la actualidad política, de manera que el texto se parece más a un laberinto que a una reflexión coherente. El domingo 16 de diciembre escogió a Mao Zedong como referente. O, si se prefiere, como coartada para ¡arremeter contra Rodríguez Zapatero! La Carta del Director empezaba así: “Si hubiera que asignar el competido título de Mayor Chapuza Colectiva del siglo XX, yo me inclinaría por la que comenzó a gestarse una mañana de septiembre de 1958 cuando el camarada Mao Zedong visitó en la ciudad de Hefei –capital de la provincia de Anhui, en el centro del flanco más oriental de China– una fundición artesanal, instalada en el patio trasero de una vivienda.” Impactante preámbulo, enrevesado paralelismo, curiosa mezcla entre el líder histórico del comunismo chino y el presidente actual del Gobierno de España. Insuperable fabulador, este Pedro Jota Ramírez. Tras narrar los vericuetos de lo que fue denominado oficialmente por Mao el Gran Salto Adelante en orden a impulsar un proceso de industrialización que superara en 15 años la producción de acero de Gran Bretaña, Ramírez da su particular salto hasta nuestros días y hasta nuestro país y proclama con solemnidad: “Cuando el pasado lunes escuché a Zapatero alentar a los españoles a hacer de cada uno de sus hogares un “valladar” contra el cambio climático y presentar sus medidas de estímulo al ahorro energético como la prueba de convertir a España “en el líder de la lucha mundial frente al calentamiento de la Tierra (…)”, no pude por menos que acordarme del Gran Salto Adelante maoísta. ¡Qué extrañas cosas se le ocurren, en verdad, al aguerrido director de El Mundo! Del cambio climático a la China maoísta. Atrapado en sus seductores paralelismos, el autor del artículo sostiene que “en todo caso, la filosofía de esta operación (la propuesta por Zapatero) encaja plenamente en la praxis maoísta que podríamos resumir en el principio de que cuanto más silenciosos son los grandes males de una sociedad, más ruidosos deben ser los pequeños remedios con los que se pretende hacerlos frente”. Conclusión subliminal: Zapatero y Mao Zedong son, en el fondo, dos políticos intercambiables. La verdad es que Ramírez bate siempre cualquier récord de creatividad. A Zapatero los pregoneros de la bondad neocon, entre los cuales se halla, por descontado, el célebre periodista nacido en Logroño, le han llamado de todo menos bonito. Le han tildado de insolvente, irresponsable, republicano rencoroso, radical nacionalista antiespañol, rehén de la banda terrorista ETA, genuflexo ante ETA, dinamitero de la unidad de España, masón, ateo, perseguidor de capellanes y obispos, protector de homosexuales, socialista, comunista, estólido, tramposo, amigo de chavistas latinoamericanos, guerracivilista y un larguísimo etcétera de improperios. Nunca, sin embargo, le había llamado nadie maoísta. Ramírez, sí. Grande Ramírez. A partir de tamaña fantasía, la emprende sin pausa contra Zapatero: “Pero Zapatero no está en el poder ni para prever el futuro, ni siquiera para gestionar con un mínimo de coherencia el presente. Tras su deambular zigzagueante a través de (…) las OPA de Endesa, propio de quien carece del más mínimo esbozo de política energética y mientras sigue subvencionando centrales térmicas de carbón, ahora se aferra (…) a la venta, con trompetería televisiva y redoble de tambores radiofónicos, al Gran Salto Adelante (GSA) de la rehabilitación de las 500.000 viviendas ecológicas. Igual que nos vendió el GSA de la Alianza de Civilizaciones, el GSA de la lucha contra la violencia doméstica, el GSA del proceso de paz en el País Vasco, el GSA de la prodigiosa marcha de la economía española o el GSA del republicanismo cívico (…). Lástima que el balance de todo ello sea una política exterior que sólo suscita indiferencia o rechifla, un incremento del número de mujeres asesinadas por sus parejas, una vuelta de ETA a su actividad criminal, un incremento desbocado del coste de la vida (…)”. Sin embargo, cabe decir que el GSA del propio Ramírez carece de medida razonable. Pasar de Mao a Zapatero para terminar criticando al jefe del Gobierno de forma tan convulsiva como arrogante tiene, al menos, la virtud de que retrata de nuevo y con exactitud la verdadera talla del personaje. La conocida por todos y desde hace muchos años. Luis G. del Cañuelo |
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