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Reflexiones sobre
el terrorismo
por Miguel Ángel Aguilar
C
onvendría acercarnos a un volumen titulado Reflexions sur
le terrorisme de Albert Camus,
publicado hace cinco años en Francia por Nicolas Philippe, cuya traducción y edición en castellano debería emprenderse de modo inmediato. Se trata de una recopilación de textos sobre ese veneno del terrorismo, extractados de distintas obras literarias, de sus ensayos, de su correspondencia y también de sus colaboraciones periodísticas. Proceden de las Cartas a un amigo alemán, de los editoriales del periódico Combat, de La peste, de La respuesta a Emmanuel d'Astier, de Estado de sitio, de Los justos, de El hombre sublevado, de la Carta a un militante argelino, de su Llamamiento para una tregua civil en Argelia, de la Carta a Jean Sénac... Aporta las pruebas fidedignas de Camus como hombre obstinado que se enfrenta a la paradoja del terrorismo, que se ocupa de la figura del tercero inocente, que abre los ojos sobre la belleza del mundo, que trata de la paciencia del diálogo.
Al recibir el premio Nobel de literatura en diciembre de 1957 Camus ha recordado que el escritor puede encontrar su justificación si en la medida de lo posible acepta las dos responsabilidades que hacen la grandeza de su oficio: el servicio a la verdad y a la libertad. En su opinión, el escritor no está al servicio de quienes hacen la historia sino de quienes la sufren. Sus análisis tienen en cuenta la historia y a la vez se esfuerzan por luchar dentro de la historia para preservar la parte del hombre que no le pertenece, el pensamiento que rehúsa la desmesura y que, sin olvidar jamás la exigencia moral, que forma parte del principio de toda acción. Por esohan mantenido todo su valor, su poder y su actualidad.
La subversión metafísica que Camus evoca en L'Homme revolté no es ya la sublevación contra Dios, sino contra el deseo de imponer un Dios que reina por el terror. Para nuestro autor la cuestión del terrorismo se plantea en términos de conciencia a la vez intelectual y moral, en sus relaciones con la subversión, la justicia, la libertad, la dignidad humana. En sus Cartas a un amigo alemán escribe que "nosotros luchamos por el matiz que separa el sacrificio de la mística, la energía de la violencia, la fuerza de la crueldad, por este débil matiz que todavía separa lo falso de lo verdadero y el hombre que nosotros esperamos de los dioses despreciables que vosotros reverenciáis". En esa misma lucha se inscriben sus reflexiones sobre el terrorismo del volumen que venimos comentando. Por eso entiende que deben asignarse unos límites y un carácter de excepción a la violencia y que su buen empleo debe hacerse bajo requerimientos muy tasados.
Camus no cesa de repetir su rechazo total, a la vez intelectual, moral, visceral de un mundo donde la muerte quede legitimada, donde de cerca o de lejos, por buenas o malas razones, se mate o se justifique que se haga morir, donde en definitiva la vida humana sea considerada como fútil. Como dice Hanna Arendt, el espacio público se define como un lugar para la aparición mientras que el terrorismo hace del espacio público un lugar para la disimulación. Al mismo tiempo sostiene que el desafío del combate contra el terrorismo no es solamente el de erradicarlo, sino también el de no darle la razón, el de no consagrar su lógica perversa. Continuará.•
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