Hemeroteca Lista sin maldad
Nº 768
24/12/2007

Con eñe de español

No es casticismo, sino universalidad. El español es un bien cultural pero también un activo económico que empieza a cuantificarse. Tiene también, por supuesto, un alto interés político en el mejor sentido de la palabra. Las demás lenguas que se hablan en España acreditan igualmente una gran riqueza expresiva y cultural y larga historia. Sin embargo, el castellano, que en el mundo es conocido como español y que aquí entendemos todos, ofrece posibilidades únicas por su impresionante expansión. Creo que ésta es la convicción de los empresarios, de los técnicos, y de los investigadores catalanes, vascos y gallegos, lo que no les impide amar sus respectivas lenguas.

El cuidado del español y su debido aprovechamiento debería ser, pues, un empeño prioritario del Gobierno de España que últimamente firma tantos anuncios, desde la incitación a que los niños tomen cada tarde la merienda hasta la recomendación a los ancianos de que se apunten a la Ley de Dependencia pasando por los consejos para conducirnos mejor por la carretera.

Del español debieran ocuparse tanto el Ministerio de Cultura y el Instituto Cervantes y el de Asuntos Exteriores como el de Industria, Turismo y Comercio. Y, por supuesto, el presidente del Gobierno y el jefe del Estado quien, por cierto, desempeña a la perfección su papel de relaciones públicas de la nación. Pero también debería interesarles, y de hecho les interesa, a las empresas y a las agrupaciones industriales de toda España, incluyendo las catalanas, las vascas y las gallegas.

Estas reflexiones nos han llevado a desarrollar una serie de iniciativas cuya primera entrega es la edición especial que aparece retractilada con este número de El Siglo donde damos un buen repaso al estado de la cuestión. La iniciativa se completará con mesas redondas en las que intervendrán empresarios, políticos y expertos. Estos debates serán resumidos en sendos dossieres de nuestra revista que aparecerán a principios del nuevo año. Finalmente publicaremos un libro con las reflexiones de todos y las acciones recomendadas. Espero que la edición especial que publicamos esta semana sea de interés para nuestros lectores y agradezco a las empresas y entidades que se mencionan en el especial la colaboración recibida.

El español es, como decía al principio, un activo y un instrumento cultural, comercial y  político pero está también relacionado –éste ha sido el enfoque central de nuestro trabajo– con la imagen de España. Creo que se han superado muchos tópicos del pasado que no siempre respondían a la leyenda negra. Hoy la palabra “Spain” y el término “España” que ahora se promociona empiezan a asociarse con el éxito empresarial e, incluso, aunque nos cueste creerlo, con importantes aportaciones tecnológicas. Respecto a lo primero interesa conocer un dato: cerca del 50 por ciento de la facturación del Ibex-35, el selectivo de las empresas de mayor capitalización bursátil, proceden del extranjero. Respecto a lo segundo, a la aportación tecnológica, hay que saber que en algunos sectores nuestra tecnología es puntera. En efecto, el país de la eñe ha conseguido desarrollos importantes en energías renovables;  ocupa una posición predominante tanto en la eólica –la segunda potencia mundial– como en la fotovoltaica; tres de cada cinco aviones que vuelan sobre el mundo son atendidos por sistemas españoles de control de tráfico, y la eñe es líder en infraestructuras con empresas que las gestionan, constituyen y financian en todo el mundo. Las multinacionales españolas disputan los mercados mundiales a las americanas, a las alemanas, inglesas o francesas en telefonía, bancos, o electricidad; pero me interesa resaltar un dato poco conocido: las empresas que forman el pelotón más nutrido en el exterior no son los gigantes en que todos pensamos, sino compañías más modestas: las grandes segundonas de la industria y de los servicios.

No se cambia una imagen si no responde a una base real, pero la realidad española ha cambiado de forma espectacular. El ICEX (Instituto para el Comercio Exterior)  ha acertado con el lema elegido en sus campañas de promoción en el extranjero: “España, tecnology for life”, en el que “España” con eñe expulsa al convencional “Spain”  aunque se alía con la tecnology pues la extensión del español no está reñida con el reconocimiento de que la economía, la Bolsa y la tecnología se escriben en inglés. Ello aconseja, por cierto, que a la vez que nuestros empresarios se aprovechan de las ventajas de la comunidad hispana aprendan algo más de inglés. La globalización tiene estas cosas. Es una opción atrevida pero que podemos permitírnosla. Por otro lado, se pretende aprovechar con el eslogan susodicho el triple sentido que en inglés presenta la palabra life (vida): como “pasión”, como “vitalidad” y como “permanencia” o “perdurabilidad”.  

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