F abián
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Nº 767
17/12/2007

NACIONALISMO VASCO: REFUNDIRSE PARA REFUNDARSE

Por Josu Montalbán

En el n° 746 de EL Siglo escribí una tribuna que titulaba "El ocaso del nacionalismo vasco". Era el mes de junio, apenas un mes después de las elecciones municipales que, en la Comunidad Autónoma vasca también incluyen las elecciones de las Juntas Generales, que vienen a ser los parlamentos forales que controlan y debaten las políticas que ejecutan las Diputaciones Forales. Entonces no me refería exclusivamente al PNV sino al amplio elenco de partidos nacionalistas, –autonomistas, soberanistas e independentistas–, que concurren a las elecciones y que proceden de disgregaciones y rupturas del PNV que fundó Sabino Arana hace más de 100 años.

Cuatro meses después, la crisis se ha desatado en el corazón del mismo PNV: su presidente Imaz ha anunciado su renuncia a seguir dirigiendo el partido después de que fuera aprobada una ponencia política claramente enfrentada a sus tesis. La crisis resulta inesperada y extraña toda vez que, a pesar de los deficientes resultados electorales del PNV en las elecciones municipales, la habilidad mostrada en las negociaciones postelectorales (junto a la torpeza de otras formaciones) para la formación de gobiernos municipales y forales ha depositado en sus manos el poder de las tres Diputaciones y, prácticamente, el de los mismos ayuntamientos de cierta entidad con que contaba.

El hecho de que los resultados electorales les hacían ser segundos en Guipúzcoa (por detrás del PSE), terceros en Álava (tras PSE y PP) y perder la mayoría absoluta en Vizcaya, aunque se mantuviera en primera posición con clara diferencia sobre los demás, me hizo escribir lo siguiente: "Sólo Vizcaya resiste. El PNV de Sabino Arana regresa a sus inicios. El nacionalismo vasco ha sido víctima de su misma ambición. No merecía más éxito que el que ha tenido: que una ideología tan primaria y rudimentaria haya durado tanto tiempo como ha durado". Y aunque el fracaso se hacía extensivo a todo el nacionalismo, me permití augurar el declive del PNV por falta de espacio ideológico: "Si algo está acabando con él sólo es un cúmulo de constataciones: su desmedida ambición de poder, su incapacidad para evolucionar ante los nuevos tiempos y sus continuas reyertas intestinas". Ya ha estallado la tempestad. Dos artículos fir-
mados por Josu Jon Imaz y la ponencia política que debía debatir el PNV en diciembre han sido la punta del iceberg. El cuerpo del iceberg es una reyerta en la que dirimen su batalla quienes no parecen dispuestos a evolucionar y permanecen fieles al imposible slogan aranista, –"Euskadi es la patria de los vascos"–, y quienes están dispuestos a esperar mejores tiempos en tanto la violencia de ETA (y sus brazos políticos: Batasuna, EHAK, ANV, etc...) tenga amenazados a los vascos. En el primero de los grupos nada menos que Egibar (el doncel de Arzallus), los diputados generales de Alava y Guipúzcoa y el lehendakari Ibarretxe. En el segundo grupo el presidente del PNV Imaz, el diputado General de Vizcaya y el Alcalde de Bilbao, como figuras más representativas. La quiebra es, como se ve, suficientemente significativa y los augurios son problemáticos.

La chispa saltó cuando Imaz publicó su artículo "No imponer, no impedir", en el que supedita todos los anhelos propios del nacionalismo vasco a la lucha contra ETA: "Sólo su debilitamiento operativo, social y político llevará a ETA a la reflexión necesaria para que opte por cerrar definitivamente su persiana, lo demás es voluntarismo". Este aserto afectaba a la línea de flotación del programa del Lehendakari que preconizaba, –y ya ha consumado con su anuncio de referendo en octubre de 2008–, poner en manos de la ciudadanía la decisión de imponer una nueva forma de relación entre España y Euskadi. El manido "derecho a decidir" esgrimido por lbarretxe quedaba en puro "voluntarismo" irresponsable en las manos de Imaz. Si lbarretxe repetía, para justificar sus planes, que ETA no nos debería marcar la agenda, Imaz fue contundente: "ETA nos marcará la agenda política, pero tenemos que evitar que imposibilite el camino democrático". Frente al "tenemos que actuar como si ETA no existiera" de lbarretxe, la supeditación de la acción política al hecho de que ETA siga matando que preconiza Imaz. Frente a la tozudez de lbarretxe, que no pone ninguna condición previa a sus propuestas, la racionalidad de Imaz reclamando consensos entre todos los que "tenemos un firme compromiso en defensa de la vida humana", entre los cuales están también el PP y el PSE. Imaz no duda en afirmar que "la consulta (de lbarretxe) tiene un previo: el acuerdo", porque el fin primordial es terminar con ETA y no debemos mostrar debilidad: "ETA está ahí, mirando lo que hacemos". Y es contundente en la finalización de su artículo: "Una consulta ciudadana planteada como acumulación de fuerzas para una confrontación política es muy discutible y desde luego contraria al espíritu y la letra de la posición del PNV". Su reflexión, según él mismo explica, sólo responde a una obviedad: "No hace falta ser adivino para imaginar a ETA matando en nombre de la defensa de una presunta voluntad popular no atendida. La consecuencia de todo ello puede ser diabólica".

No es extraño que el artículo de Imaz recibiera respuestas de sus propios compañeros de partido, pero sí lo es que recibiera las primeras contestaciones de los líderes de los partidos que conforman el gobierno tripartito de Euskadi junto al PNV. Azkarraga por parte de EA y Madrazo por EB, arremetieron contra Imaz con declaraciones y escritos de opinión que respaldaban la consulta anunciada por lbarretxe (en el caso de Azkarraga), y reivindicaban su protagonismo exclusivo como garantizadores de la transversalidad política (en el caso de Madrazo), que era la condición más sólida para buscar consensos imprescindibles, según las tesis de Imaz.

Antes de que Imaz se despidiera de los suyos con su segundo artículo ("Apostar por el futuro"), respondió a Azkarraga en otro artículo ("Radicalidad frente a pragmatismo: la paradoja vasca"), que ha pasado desapercibido a pesar de que estuviera lleno de compromisos políticos. Comienza formulando la contradicción que se esconde tras la actitud de quienes quieren ganar las elecciones desde posiciones extremas: "Las elecciones se ganan en el centro (...) Si esto es tan claro, resulta incomprensible la aparente disputa por la radicalidad en que algunos están aquí enredados". Aunque se mostrara como una crítica a las palabras anteriores de Azkarraga (consejero de Justicia de Euskadi), Imaz volvía a golpear en el mismo clavo que ya lo hizo en su primer artículo diciendo a los suyos, de nuevo, lo que ya les había dicho, pero ya desentendiéndose del futuro: "Allá cada cual con sus estrategias. La sociedad vasca seguirá premiando las que lideren el entendimiento y el acuerdo en un País que es complejo y en el que la convivencia entre identidades forma parte de nuestra experiencia histórica singular". No se equivocaba Imaz, porque unos días después salieron publicadas unas encuestas que lo certificaban: un 70% de los vascos son partidarios de un amplio acuerdo entre el PNV y el PSE, que encarnan la garantía más firme de estabilidad y transversalidad para Euskadi.

Imaz saca sus reflexiones del ámbito vasco para llevarlas al ámbito en que han de ser ejercidas las estrategias. Las preguntas que dirige al líder de EA no dejan dudas sobre su posición: "Sin acuerdos (transversales) que a su vez tengan su correspondencia en el Estado, ¿cómo avanza el Sr. Azkarraga en nuestro autogobierno a través de eso que el llama la confrontación con el Estado? ¿quiere explicar a sus electores qué supone eso en la práctica? ¿cómo se va a ejecutar, qué estrategias se van a seguir, qué acciones de desobediencia incluyen esas estrategias y qué posibilidades de adhesión social y de alcanzar mayores cotas de autogobierno tiene su ruta?". Y culmina pidiéndole dos explicaciones más: "...si todo ello es compatible con la responsabilidad institucional y si ha pensado quién y cómo va a gestionar la frustración que en Euskadi se instale después del fracaso de esa confrontación".

Los ataques hechos desde la irresponsabilidad derivada de la propia debilidad de EA y EB en el Gobierno Vasco, junto con el borrador de ponencia política que fue aprobada por el órgano directivo del PNV, –el Eus-
kadi Buru Batzar–, forzaron su renuncia a la reelección y su último artículo ("Apostar por el futuro") que es una bella declaración de principios ("Siempre he creído en la política como servicio a la sociedad"), una profesión de fe anclada en razones humanistas ("Creo en una Euskadi en la que los diferentes sentimientos de pertenencia de quienes componemos la sociedad vasca convivan compartiendo un proyecto de país, cuyo futuro construyamos entre todos"); una declaración de convencimiento democrático ("Trabajo por una Euskadi... en la que el amor a lo propio no nos lleve a construir el futuro contra nadie"); una declaración de intenciones que quieren ser una preocupación ante el futuro ("Desde el nacionalismo vasco democrático tenemos que ser pioneros en las reflexiones de actualización de nuestro bagaje fundacional, de un partido que nace para preservar a un pueblo que perdía su identidad y su régimen de libertades histórico. Pero un partido no puede llevar adelante una modernización necesaria en un contexto de competición por el discurso. La reflexión serena exige liderazgos no cuestionados y partidos unidos y sólidos") ...Y anunció que se iba.

Las palabras de Imaz son mucho más importantes porque proceden de la reflexión y no de la revancha. Lo que Imaz propone no es más que una refundación que proceda de una refundición: refundirse para re-fundarse. Dar una nueva forma a la obra ideológica que es el nacionalismo vasco, pero alejada de los tiempos en que fue fundado porque ahora no se dan las mismas circunstancias que lo provocaron. El nacionalismo vasco necesita encontrar vías nuevas porque las viejas no van a ningún lado y discurren por terrenos abruptos y complicados.

Imaz, de algún modo, ha querido enfrentarse al anquilosamiento del PNV que, a pesar de gobernar Euskadi desde la llegada de la democracia (y quizás por eso) se ha hecho viejo y demasiado antiguo, extemporáneo incluso.

Hace casi veinte años el sociólogo Ander Gurrutxaga escribió "La refundación del nacionalismo vasco". Eran tiempos difíciles para Euskadi porque a los problemas derivados de la construcción política y social de Euskadi se unía una profunda crisis económica que planteaba serias dudas en torno al modelo de desarrollo. Poco antes, el PNV se había roto en dos, víctima de un debate entre los más pragmáticos y los utopistas, que creó EA. Avisaba Gurrutxaga: "No creo que la herencia del nacionalismo tradicional sea suficiente como para poder por sí misma revolucionar las caducas estructuras de conciencia, máxime en un momento donde lógicas y mecanismos nacionalistas demuestran una fragilidad significativa". Hay que resaltar que el nacionalismo ha permanecido, inmóvil e incólume, regodeándose en un poder institucional implacable y excesivo, en las manos de un Arzallus inaccesible, hasta la llegada de Imaz.

Decía Gurrutxaga, ya entonces, que era necesario renovar el dosel de las creencias nacionalistas y se mostraba esperanzado: "El País Vasco es suficientemente rico en su Historia como para aprender de ella... Los hombres, cuando producen socialmente su realidad, incluyen y excluyen, en un mismo movimiento dialéctivo,..., se toman elementos de aquí y de allá y a partir de ellos se produce y realimenta la historia real. Este movimiento es siempre integrador, siempre receptivo, aunque el discurso ideológico, a veces, logre recubrirlo. Luego, hay suficientes ingredientes como para que la reinvención del dosel sea realidad". Han pasado casi 20 años desde entonces.

Bien se ve que Imaz es uno de aquellos hombres que propugnaba Gurrutxaga, pero se ve igualmente claro que ni Egibar ni Ibarretxe lo son, auspiciados por las voces que, en la lontananza, profiere Arzalluz...Y de momento no hay más cera que la que arde. El PNV vive anclado en el nacionalismo de Sabino Arana. Su gran reto es superarlo cuanto antes. Por el bien de todos los vascos y de todos los españoles.•

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