Ánimos muy caldeados
No sólo la política hace extraños compañeros de cama, como repetía Manuel Fraga Iribarne tras haber sido embajador en Londres del Gobierno de Franco.
Entonces, la dictadura estaba llegando a
su fin y él aspiraba a ser el Constantino
Karamanlis de España. También hay –en
otras parcelas de la vida– coincidencias
- extrañas. O difícilmente explicables. De pronto, Mariano Rajoy –confirmando así su habitual deriva errática– ha proclamado que la cadena Cuatro, propiedad de Prisa, es una televisión "independiente". Lo ha hecho en medio del torbellino desatado respecto a los cara a cara en televisión que, por fin –15 años más tarde-se celebrarán en nuestro país. José María Aznar –después de su fracaso televisivo de 1993– eludió todo riesgo en las generales de 1996. E hizo lo propio el año 2000. Rajoy lo emuló en los comicios del 14-M y –convencido como estaba del triunfo– se negó a enfrentarse con José Luis Rodríguez Zapatero.
¿La Cuatro es ahora independiente? El mismo Rajoy que decretó hace nueve meses el boicot a Prisa, a raíz de unas declaraciones muy críticas hacia el PP, pronunciadas por Jesús de Polanco –gravemente enfermo ya– en la Junta General de accionistas de Prisa, bendice en la actualidad a la televisión de Prisa. La "mala" es de nuevo TVE. De nada le ha servido a la pública sus meritorios esfuerzos por resaltar su autonomía en relación al Gobierno. El nombramiento de Luis Fernández, un prestigioso profesional del periodismo radiofónico y televisivo, se hizo por
consenso. Ha sido probablemente el único consenso de relieve alcanzado entre el PSOE y el PP. Pero eso a Rajoy no le importa
Como no le importa que, en TVE y en RNE, las tertulias y los debates sean –menos de cuatro años después del secuestro
aznarista al que fue sometida RTVE– de un pulcro y exquisito pluralismo. Ni quiere tomar en cuenta Rajoy programas tan libres como los de Tengo una pregunta para Vd..., donde él participó, por cierto, poco después de Zapatero. Ni que los informativos hayan ganado en asepsia y en pluralismo también.
Las leyendas urbanas en torno al repentino prisismo de Rajoy –y hay que decir que tanto El País como la SER y la propia Cuatro siguen sin apoyar– circulan por este Madrid de los milagros y apuntan a la guerra mediática. El fuego amigo –aludido por González en el homenaje póstumo a Polanco– no ha cesado. Los intereses son los intereses y cada cual, en la contienda referida, trata de defenderlos de la manera más eficaz posible. Los derechos del fútbol mueven millones y millones de euros. Como acontece –aunque en menor escala– con la retransmisión de la liga inglesa y el campeonato mundial de motociclismo, en manos de TVE.
El propio Fernández –en una carta remitida a todos los trabajadores de RTVEha calificado de "ataque" la reciente información de El País, posando la sombra de la sospecha sobre sus proyectos urbanísticos, tendentes, según él, a reforzar la "eficiencia, austeridad, modernización y (el) servicio público". Desde el periódico de Prisa –advierte Fernández– "han falseado la realidad y lanzan a la opinión pública insinuaciones torcidas y sin fundamento alguno, completamente inadmisibles".
¿Se están caldeando cada vez más los ánimos? Eso parece, como sabe también Miguel Barroso, ex secretario de Estado de Comunicación con Zapatero. En todo caso, y en otro orden de cosas de más interés general, estando como estamos a menos de tres meses de las generales, alguien parece que no ha medido con acierto los tiempos. ¿O sí? •
Enric Sopena |