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Nº 767
17/12/2007

RUSIA SE RECUPERA

Los dirigentes rusos que son populares en Occidente no suelen serlo en su propio país, y viceversa. Es preciso no olvidar tal disparidad de apreciaciones, que se observa en los casos de Gorbachov y de Yeltsin, al acercarse el término del segundo mandato del presidente Putin, para marzo de 2008, en el poder desde 1999. Si es que no lo prorroga previa modificación de la Constitución, que prohíbe tres mandatos seguidos, sus admiradores ya piensan en 2012, año en que podría aspirar de nuevo a la Presidencia del país. Tiene sólo 55 años y dejará el poder con una inmensa popularidad, en su país, por supuesto. Con la que no se le abruma en Occidente, que parece haber perdido parte de su confianza en Rusia en general y en Putin particularmente, fenómeno que se habría intensificado en los últimos cuatro años. Las perspectivas en las relaciones con Occidente no son especialmente prometedoras, y los líderes que han accedido al poder en Francia, Alemania y Gran Bretaña (Nicolas Sarkozy, Angela Merkel y Gordon Brown), es probable que adopten respecto a Rusia actitudes más críticas que sus antecesores. Lo mismo puede pensarse que ocurrirá con el sucesor del presidente Bush en enero de 2009.

Igualmente, tras sus ocho años al frente de Rusia puede sustituir a Putin otro presidente que muestre más determinación aún en ajustar la democracia dirigida y en ampliar el espacio de Rusia en el mundo, para que el país sea gobernable y se le devuelva a su posición de gran potencia. De esta manera, Rusia, contando con China y otros importantes aliados, se esforzaría en controlar a los Estados Unidos como actor unilateral que ha sido durante casi veinte años. Putin no ha sido un revolucionario liberal, sino un más bien un patriota conservador con Rusia se recupera sentido del Estado, que ha pretendido estabilizar el país traumatizado tras la fragmentación de la Unión Soviética.

La disparidad de apreciaciones se prolonga en la recíproca visión excluyente de Rusia y Occidente, lo que explicaría el caudal de críticas sobre el modelo político que se ha configurado con Putin y las serias objeciones a determinados comportamientos de las autoridades rusas. Así se considera que Putin, de manera paulatina, ha erosionado las reformas políticas y económicas introducidas tras el colapso del comunismo, pero desde el otro la- do se arguye lo contrario, que consi- guió frenar el caos asentado en el pa- ís en los años en que el presidente fue Boris Yeltsin.

Cuando se teme la reanudación de la Guerra Fría quizás se olvida la transformación pluralista que desde los años 90 se ha efectuado en la socie- dad internacional, y que aquel antagonismo en realidad no se produjo, o no tan sólo, entre capitalismo y comunismo. También entre dos superpotencias vencedoras en la II Guerra Mundial que compartían tensiones mesiánicas y destinos manifiestos como pueblos elegidos por Dios para salvar la Humanidad. Es previsible que Rusia actúe ahora como la oposición de los Estados Unidos en el reparto y la gestión del poder mundial, como control y contrapeso a las decisiones y opciones estratégicas. Pero la emergencia de diversos polos de poder -Brasil, Rusia, India y China, los llamados países BRIC-, posibilita juegos de alianzas y agrupaciones de intereses que hacen todavía más problemático el monopolio del poder o su reparto entre dos actores. El abanico de opciones se abre una vez que parece desvanecerse de manera relativa el aglutinador de la guerra contra el terror y la lucha contra la proliferación nuclear, con unos Estados Unidos atascados en Iraq, que perciben con claridad las limitaciones de su inmenso poderío militar y de la promoción de la democracia, el buen gobierno y los derechos humanos. Sin excluir la coincidencia de intereses la Rusia de Putin que recobra la moral de gran potencia se estaría dedicando a cubrir los huecos que dejan los Estados Unidos, a aprovechar las carencias debidas al excesivo alargamiento de sus líneas de actuación.

La agresividad verbal de Putin, ciertos incidentes como los asesinatos de Anna Politkovskaya y Alexander Litvinenko, las anomalías en las elecciones legislativas, etc., coinciden con la realidad de un presidente enormemente popular en su país, que ha protagonizado años de estabilidad y crecimiento económico pero que, en palabras de Marshall I. Goldman, ha sustituído "the rule of law with what seems to be the law of the ruler". Con Putin la política exterior de Rusia ha vuelto a tener un alcance global, se ha detenido la ruina de las fuerzas armadas e incrementado la producción de la industria de defensa. Ciertamente Putin no ha traído ventajas para el imperio de la ley o el respeto a los derechos humanos, al menos así se piensa en Occidente, introduciendo una especie de democracia autoritaria y dirigida, con controles de intensidad creciente sobre las actividades políticas, la vida económica y las actuaciones de los medios de comunicación. De este modo, y eso explicaría en parte su prestigio, Putin habría promovido un sistema de gobierno para un país que era ingobernable y se encontraba desmoralizado desde que desapareció la Unión Soviética. Con la Rusia de Putin el Kremlin vuelve a ser el primer actor público, y la caótica democracia de los años de Yeltsin ha cedido ante una democracia sin excesos en que los ciudadanos tienen menos libertad pero que a lo mejor les da más seguridad. •

Ignacio Rupérez

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