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Nº 767 - 17/12/2007

Los obispos, en campaña

BLÁZQUEZ BUSCA SU SEGUNDA OPORTUNIDAD

De forma paralela, en voz baja y sin estridencias, los obispos celebran su propia campaña electoral. También los prelados españoles, como los partidos políticos, se la juegan el mes de marzo. Las alternativas son continuar con un presidente moderado y capaz de alcanzar acuerdos con el Gobierno socialista o devolverle la confianza a su predecesor, más proclive al enfrentamiento político con la izquierda. El obispo de Bilbao, Ricardo Blázquez, ha comenzado discretamente a preparar su reelección. El cardenal arzobispo de Madrid, Antonio María Rouco Varela, aún está barajando sus posibilidades para no dar un paso en falso pero valorando la ventaja que le da el poder ser elegido presidente, a diferencia del proceso de 2005, con una mayoría simple de los votos.

Por Virginia Miranda

Les disgusta que la prensa interprete sus decisiones en clave política, pero no hacen nada por evitarlo. Y por más que digan que coinciden "en lo esencial", sus actos les contradicen. Unos se opusieron al diálogo con ETA, otros abogaron por el uso de los medios legítimos para lograr la paz. Los primeros conminaron a los padres católicos a la objeción de conciencia ante la asignatura Educación para la Ciudadanía, los segundos recordaron que la materia puede adaptarse al carácter propio de los centros. Son sólo dos ejemplos. Ahora, las dos corrientes que conviven en el seno de la Iglesia católica volverán a echar un pulso. Y lo harán el 3 de marzo, al final de una legislatura muy especial en la que, de forma inédita, han salido a la calle. Incluso de forma literal.

Los moderados –al menos en las formas–están de nuevo representados por Ricardo Blázquez, que ha hecho uso de su posición para anticiparse a sus posibles competidores haciendo campaña antes que nadie. Lo hizo durante la segunda jornada de la Asamblea Plenaria del Episcopado del mes de noviembre. Lo más llamativo fue su alusión al perdón, que la prensa interpretó como el arrepentimiento de la jerarquía católica por su papel en la Guerra Civil, extremo inmediatamente desmentido por el secretario del la Conferencia Episcopal Española (CEE), Juan Antonio Martínez Camino. Pero quienes más afinan con los aconteceres de la Iglesia advirtieron en sus palabras un claro tono electoral. Apeló al "espíritu" de Tarancón, tan respetado aún hoy por los políticos de izquierda, y apostó por "la concordia, la pluralidad y el diálogo".

El obispo de Bilbao ha esquivado las polémicas, lo que le ha reportado tantas ventajas como inconvenientes: le ha permitido alcanzar acuerdos considerados históricos con la Iglesia en materia de financiación y respecto al profesorado de religión, gestados con la vicepresidenta primera del Gobierno, María Teresa Fernández de la Vega, pero le ha alejado del núcleo duro de la CEE más proclive a las declaraciones encendidas, formado por el cardenal arzobispo de Toledo y vicepresidente del Episcopado, Antonio Cañizares, el cardenal arzobispo de Madrid y antecesor de Blázquez en el cargo, Antonio María Rouco Varela, y el secretario de la Conferencia Episcopal, Juan Antonio Martínez Camino. Los tres representan el llamado sector duro de los obispos, tan sorprendido hace casi tres años como los observadores del último proceso electoral por la elección del obispo de Bilbao. Y en su caso, tan disgustado por el triunfo inesperado de la candidatura alternativa. Así las cosas, y aunque aún no se ha pronunciado, en Añastro y sus alrededores están a la espera de que Rouco Varela, quien mejor podría representar a los más conservadores, dé un paso al frente. Pero la cosa no es tan sencilla, y el gallego tiene que sopesar sus posibilidades y la conveniencia de su candidatura.

El cardenal de Madrid sabe que, por tradición, los obispos conceden a un presidente la posibilidad de repetir en el cargo. Por deferencia y por interés: a la Iglesia no le conviene evidenciar que han protagonizado una pelea por el poder. Por otro lado, expertos en temas eclesiásticos señalan que Rouco no se arriesgaría a una segunda derrota, más aún si todavía no ha digerido la de marzo de 2005.

Precauciones al margen, el purpurado tiene a su favor que su oponente no ha consolidado su liderazgo en el Episcopado, mientras él sigue teniendo gran predicación y continúa ejerciendo cierta representatividad dentro pero también hacia fuera -basta echar un vistazo al eco que tienen sus palabras en los medios de comunicación-. Además, ha logrado que su discurso, que en nada difiere del más polémico de Cañizares, no caiga en la radicalidad, extremo que ni los más conservadores contemplan como la mejor de las opciones. El ejemplo más reciente tuvo lugar a comienzos del año escolar, cuando el arzobispo de Toledo llamó a la mencionada objeción de conciencia frente a la asignatura Educación para la Ciudadanía y el de Madrid animó en cambio a que los padres hicieran uso de los mecanismos legales para evitar que sus hijos cursaran una materia que, dicen, "adoctrina" a los alumnos.

Por otra parte, desde Roma no dejan de llegar mensajes de apoyo al núcleo duro. Ricardo Blázquez es el único presidente de una Conferencia Episcopal europea que no es cardenal o, en el menor de los casos, arzobispo. Y no será por oportunidades. Durante este tiempo, el Papa ha nombrado purpurados por ejemplo a Cañizares, lo que se interpretó como un premio de consolación por tener que conformarse con la vicepresidencia de la CEE, y recientemente a los arzobispos de Valencia, Agustín García-Gasco, y al de Barcelona, Lluís Martínez Sistach. Incluso al sacerdote jesuita y secretario del Episcopado, Martínez Camino, le acaba de nombrar obispo. Sin embargo, al de Bilbao, a pesar de existir vacantes en diócesis importantes y de haberse especulado sobre la posibilidad de que le nombrara arzobispo ad personam, le ha pasado por alto. O dicho de otra forma más elocuente: le ha dejado claro que él no es su candidato.

Otro dato que viene a completar las piezas de la teoría sobre el rechazo de Benedicto XVI a Blázquez es el hecho de que los nombramientos de nuevos arzobispos se circunscriben a aquellas diócesis en las que los candidatos forman parte del sector duro, mientras en lugares como Málaga, donde se trata de un moderado, la elección se está retrasando. Fuentes próximas al nuncio del Pontífice en España, monseñor Manuel Monteiro de Castro, aseguran que esta queja emana precisamente de él, quien por otra parte simpatiza con el presidente de la Conferencia Episcopal.

Y es que el obispo de Bilbao no está sólo. Como en 2005, vascos y catalanes siguen de su parte. También otros considerados moderados como el cardenal de Sevilla, Carlos Amigo, aunque su tirón entre los fieles y los medios ha hecho que algunos le sitúen ya como posible candidato alternativo al eventual bipartidismo de Blázquez y Rouco -otros nombres que han aparecido en las quinielas son los de Cañizares, menos probable por su papel en estos últimos años, y el del arzobispo de Oviedo, Carlos Osoro-. El primero en hacer público su sentido del voto ha sido el cardenal de Barcelona. A finales de noviembre yen declaraciones a TV3, Martínez Sistach se mostró favorable a la reelección del obispo de Bilbao. Porque "normalmente" los presidentes repiten un segundo mandato, y porque "con un segundo mandato, como lo que se pide es la mitad más uno, normalmente, si lo ha hecho bien, y Blázquez lo ha hecho muy bien, es probable que pueda repetir".

Curiosa por cierto la coincidencia de criterio entre Sistach, Blázquez -cuyo carácter le impide pronunciarse de forma tan tajante al respecto- y el obispo de San Sebastián, Juan María Uriarte, sobre la emisora de la Conferencia Episcopal. En sus declaraciones a TV3, el catalán comentó que "algunos programas de la Cope deberían adecuarse a su ideario". El vasco, sin aludirla directamente aunque sin dejar lugar a dudas, dijo en una reciente carta pastoral que la Iglesia debe evitar la "ironía mordaz" y el "sectarismo". Ninguna de estas críticas ha emanado sin embargo del sector duro. Y eso se nota en la emisora a la hora de tomar partido, aunque con la Iglesia no se atrevan a tanto como acostumbran.

También los medios que dedican especial atención a la religión, como ABC, La Razón o religiondigital.com, siguen con especial atención el proceso. Estamos en campaña y el eventual empate técnico lo hace más emocionante. Sobre todo teniendo en cuenta la mayoría simple necesaria en ambos casos, si no se produce un trasvase de votos respecto a 2005, jugaría a favor de Rouco Varela, que ya no necesita los dos tercios de entonces. •

Juan José Tamayo, teólogo y profesor de la Universidad Carlos Ill de Madrid

"Los cambios se parecen a los de una asociación de títulos nobiliarios"

Director de la cátedra de Teología y Ciencias de las Religiones Ignacio Ellacuría en la Universidad Carlos Ill y fundador de la Asociación de Teólogos Juan XXIII, Juan José Tamayo no cree que las elecciones en la CEE vayan a cambiar la situación de los católicos en España. Reconoce la existencia de dos estrategias entre los contendientes pero asegura que responden a un solo paradigma. "El problema no es el cambio del presidente —asegura—, sino el cambio de modelo de Iglesia".

¿Qué opina del mandato de Ricardo Blázquez estos últimos años en la Conferencia Episcopal?
Durante buena parte de este mandato se ha radicalizado la posición de los obispos en relación con determinadas leyes emanadas del Parlamento. Durante este mandato es cuando se ha elaborado un documento muy crítico con los teólogos progresistas sobre secularización y teología a los 40 años del Concilio Vaticano II. Y durante este mandato es cuando se han lanzado las críticas más duras contra el Gobierno socialista, al que se le ha acusado de un fundamentalismo laicista, cuando este Gobierno ha mantenido, e incluso ha incrementado los privilegios a la Iglesia católica. Por tanto no he percibido cambios significativos en comparación con otros presidentes de la Conferencia Episcopal anteriores. Ha sido una edición corregida y aumentada.

—En cualquier caso, la actitud más beligerante de Rouco, Cañizares y Camino parece haber eclipsado a Blázquez. ¿Esto le perjudica decara a la reelección o está siendo un revulsivo para poder lograr la mayoría suficiente de cara a un segundo mandato?
—Habría que situar las cosas en sus correctos límites. Se exagera de manera desmedida la diferencia entre una manera de dirigir la Iglesia y otra. Pero pienso que, hoy, el episcopado español se ubica claramente casi en su totalidad en la órbita del neoconservadurismo que arranca del pontificado de Juan Pablo II y que continúa con el de Benedicto XVI. Por eso creo que todos los obispos y dirigentes de la Conferencia Episcopal se ubican dentro de este paradigma restauracionista y conservador. Lo que sí hay son matices a la hora de elaborar o fijar la estrategia. Una estrategia quizás más frentista, de confrontación, y otra de diálogo. Pero el paradigma es el mismo. Es decir, todos los obispos coinciden en la presencia de la Iglesia en la sociedad, una presencia pública ostensible, en la crítica y condena a los teólogos del Concilio Vaticano II, reivindican la enseñanza confesional de la religión católica en la escuela, se oponen al Estado laico, etc.

—¿No advierte diferencias ni siquiera para tener en cuenta en lavotación?
—A la hora de la toma del poder, lógicamente cada una de las estrategias va a buscar la forma de conseguir la presidencia de la Conferencia Episcopal. Pero el paradigma es el mismo. Llamó mucho la atención ese discurso de Blázquez sobre la petición de perdón. Ciertamente no pidió perdón por el papel de la Iglesia en la Guerra Civil, lo que hizo fue una declaración de intenciones. Y si no hay una petición pública y expresa como pedimos t ólogos y teólogas, movimientos cristianos de base, el discurso se queda en agua de borrajas.

—Todo el proceso electoral, ¿como afecta a los católicos de base?
—Relativizamos mucho el resultado de estas elecciones. Porque el problema no es el cambio del presidente, sino el cambio de modelo de Iglesia. Y mientras no haya una democratización desde abajo, mientras no haya un reconocimiento de derecho de todos los cristianos y cristianas a expresar libremente su opinión sin miedo a las sanciones, a participar en la elección de los responsables y dirigentes en todos los ámbitos y niveles de la Iglesia, mientras no se aplique en el seno de la comunidad cristiana el principio democrático "un cristiano, una cristiana, un voto" en la toma de decisiones, los cambios dentro de la Conferencia Episcopal me parecer irrelevantes. Se parecen mucho a los que puedan producirse en una asociación de títulos nobiliarios. Lo que pedimos es una alternativa para que en la Iglesia se reconozcan los derechos humanos, se desarrolle la democracia, que haya una opción para los excluidos.

—¿Existe esa alternativa de la que habla?
—Hay que trabajar por que esa alternativa exista. Es más, ya se está creando en los movimientos cristianos de base y otros colectivos comprometidos con la marginación. Ya está naciendo una nueva Iglesia más en sintonía con los signos de los tiempos y con el espíritu originario del cristianismo primitivo.



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