F abián
Hemeroteca Esta semana
Nº 767

17/12/2007

 

Estado de bienestar y populismo

Por Francesc Homs i Molist*

Es posible articular un potente Estado de bienestar sin un sistema democrático maduro y responsable? El populismo en España, que a veces erróneamente se confunde con electoralismo, está llevando a nuestro Estado de bienestar por una senda nada positiva. Es un síntoma inequívoco de una democracia española de baja calidad. El problema, a mi entender, no son las promesas electorales. Creo que en un sistema democrático los compromisos que las fuerzas políticas y sus candidatos toman ante unas elecciones no sólo son necesarios, sino que resultan indispensables: ¿qué estaríamos votando si no?

El problema, pues, está en el populismo de determinadas propuestas, es decir, en el uso de medidas de gobierno destinadas exclusivamente a ganar la simpatía de la población, particularmente si ésta posee derecho a voto. Muchas veces, además, su objetivo primordial no es transformar profundamente las estructuras y relaciones sociales, económicas y políticas, sino simplemente preservar el poder y la hegemonía política a través de la popularidad entre las masas. Un buen. ejemplo de todo esto es la Ley de Atención a la Dependencia, promovida por el gobierno del PSOE y secundada por el Partido Popular. Lo que debería haber sido una revisión a fondo de nuestro sistema de la Seguridad Social para ampliar y modernizar su cobertura y sus prestaciones, se convirtió en una ley fraudulenta. Fraudulenta en primer lugar porque vulnera flagrantemente la distribución competencia! del Estado de las Autonomías, que no es otra que la que establece la mismísima Constitución. Fraudulenta también porque evitó el de-bate que España tenia la obligación política e histórica de abordar ahora: como modernizar el Estado de bienestar en uno de sus pilares básicos como es el régimen de la Seguridad Social, atendiendo a una revolución demográfica sin precedentes como consecuencia de la baja natalidad y del alargamiento de la esperanza de vida. Atención al dato: el INE estima que el 2050 en España la población mayor de 64 años habrá pasado del 17% al 32%, mientras que la población en edad de trabajar habrá bajado del 68% al 54%. Y finalmente, una ley fraudulenta porque ha generado unas expectativas a corto plazo que un año después de su aprobación no se cumplen y están generando una gran decepción a miles y miles de personas necesitadas.

Soy consciente que como político en activo y a la esquina de unas elecciones, estos comentarios y afirmaciones puedan carecer de valor ante algún lector. Pero, precisamente porque estamos a las vísperas de unas elecciones trascendentales creoque vale la pena introducir ese debate. Creo sinceramente que tiene sentido exigir a la clase política y periodística un alto grado de rigor a la hora de plantear y analizar los necesarios compromisos electorales. No es aceptable presentar ante la opinión pública un programa electoral que simultáneamente diga que se van a bajar los impuestos y a mejorar las prestaciones del Estado de bienestar. O, al menos, no es posible hacerlo sin explicar de dónde van a salir los recursos económicos necesarios para la cuadratura del círculo imposible. Como tampoco es admisible jugar alegremente con la ley de los presupuestos para hacer ver que se da lo que nunca llegará. ¡Qué suerte que ha tenido el ministro Solbes, y especialmente el conjunto de la ciudadanía –también la de Cataluña– con el veto del Senado! Algunos, por ejemplo, intentaban utilizar el BOE como herramienta populista para agarrar unos cuantos votos entre la gente de Hospitalet, que durante meses ha sufrido las consecuencias de una de las peores gestiones en construcción de infraestructuras de la historia. Ese tipo de populismo con apariencia de realidad es el más lesivo, por ser el más frustrante y que más desafección hacia lo público puede conllevar.

Así pues, la primera regla de oro que todo partidario del Estado de bienestar debería aplicar es la de no utilizar el populismo en las propuestas o decisiones y defender el rigor y el contraste en todo aquello que se proponga o se haga. •

*Diputado al Parlament de Catalunya por CIU.

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