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Cebrián no quiere a Zapatero, El político –y la política– propenden a
ligar con la periodista –o con el periodista– como muestran casos bien
conocidos. El fenómeno está propiciado por la confluencia en dilatados
encuentros a veces en horas intempestivas de los productores de acontecimientos
y los que transforman éstos en noticias. También influye el síndrome de
Rodríguez que a lo largo del periodo de sesiones padecen los parlamentarios y
las parlamentarias. Y es que la actividad del diputado, y no digamos la del
senador, son tan estresantes…
En algunos casos, el ligue entre el político y la periodista deviene en matrimonio. Más frecuente y de otra índole menos erótica es el apareamiento a tiempo parcial entre los caudillos mediáticos y los políticos. Son ayuntamientos, hasta ahora sólo de hombres, que han funcionado con cierta estabilidad pero que en estos momentos atraviesan por crisis profundas o por fuertes descensos de concupiscencia. El caso es que el gran mandarín mediático del PP, Pedro J. Ramírez, ha abandonado a Mariano Rajoy y su colega del PSOE, Juan Luis Cebrián, lo ha hecho con José Luis Rodríguez Zapatero. ¿Qué es lo que está ocurriendo? Creo que el desenlace es diferente en cada pareja aunque los antecedentes sean similares. Ramírez fue el estratega de la operación de derribo de González y durante un cierto tiempo –que podría alcanzar hasta el 11 de septiembre de 2001, según se deduce de un artículo del director de El Mundo al que luego me referiré– marcó el paso a José María Aznar. En el otro bando, Polanco y Cebrián influyeron en González y condicionaron al PSOE tras la caída de éste del Gobierno y su dimisión en el partido. Prisa, a la que se ha atribuido la malévola designación de Prisoe, vetó a Borrell como candidato a la presidencia del Gobierno y tuteló a Almunia en su empeño. Ahora a Pedro J. Ramírez no le gusta Rajoy –quizás hubiera apostado por Rato– y a Juan Luis Cebrián no le parece Zapatero el adecuado director de la orquesta socialista, aunque no parece que tenga un preferido una vez que la vuelta de González quedó definitivamente descartada. Sería muy interesante pergeñar una antología de textos de El País que muestre la película de tamaño desapego, una tarea que no cabe en un breve comentario pero que brindo a sociólogos, politólogos y profesores de periodismo. En este número se proporcionan detalles del enfrentamiento de Prisa con Zapatero y de los intereses empresariales –segunda guerra del fútbol– que han llevado al grupo desde la condescendencia a la hostilidad. El indicio más evidente de esta puede detectarse en un artículo que publicó Juan Luis Cebrián, consejero delegado de Prisa en El País en enero. En el otro bando, la declaración de guerra tuvo lugar en un comentario publicado por Pedro J. el domingo 18 de noviembre. El articulo de Cebrián se titulaba: "El equilibrio y el director de orquesta", y sostenía que si bien cualquiera puede subirse a un escenario con un palito y dirigir una orquesta no todos "son capaces de organizar el equilibrio", en referencia clara a Zapatero. Para ello se requiere –continuaba el consejero delegado de Prisa– "muchas horas de ensayo, mucho trabajo del director en la soledad de su escritorio, mucho diálogo privado con los concertistas y muy pocos aspavientos en el pedestal. "Requiere sobre todo –remachaba– una gran capacidad de autocrítica y de atender las críticas ajenas". "¿Puede aún ganar el PP las elecciones?", se preguntaba Ramírez en su Carta del Director dominical de aquel 18 de noviembre. Su escepticismo era evidente: "…a día de hoy existen más posibilidades de que se agrande la diferencia de aquel 14-M –sin descartar siquiera una mayoría absoluta socialista– que de que se reduzca". No seré yo quien llore por el divorcio, que es un derecho y a veces un deber. Tan inquietante es la manipulación de la prensa por los gobiernos como la mediacracia, la dependencia de los partidos de los tiburones mediáticos, dicho sea con todo el respeto que me merecen los tiburones y los mediáticos. La prensa desempeñó un protagonismo necesario a finales del franquismo y durante la Transición pero en la normalidad democrática debe limitarse al hermoso papel de informar decentemente y opinar libremente sin empeñarse en dirigir a los políticos, pues ellos saben equivocarse solos. Zapatero ha afrontado el reto y si, como es previsible, vuelve a ganar las elecciones, habrá demostrado que se puede ganar sin Cebrián, que hay vida más allá de Prisa, lo que le permitirá un desempeño más libre. Lo mismo le pasará a Rajoy si triunfa contra todo pronóstico, incluido el de Pedro J. Ramírez. Si pierde, Dios sabe lo que puede pasar en el PP, aunque lo más probable es que Ramírez vuelva a mandar en la derecha. |
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