F abián
Hemeroteca Esta semana
Nº 766

10/12/2007

"A Esquerra, ni agua"

Por Joan Tardà i Coma*

Bajo esta consigna que uno de los dirigentes del Grupo Parlamentario Socialista no tuvo ningún reparo en explicitar incluso en voz alta durante el debate parlamentario, transcurrieron hace unas semanas los debates de los Presupuestos Generales del Estado para el próximo año. Y ciertamente, de las cerca de 800 enmiendas presentadas por Esquerra, el PSOE no consideró oportuno apoyar prácticamente ninguna.

Esquerra, por otro lado, consiguió colocar –y entenderán la buena utilización de este verbo en el contexto de estas líneas– contra todo pronóstico una enmienda fundamental para las políticas de acogida e integración de los inmigrantes que llevan a cabo las comunidades autónomas y los municipios. Tan sólo una, ciertamente, pero muy importante porque además del propósito, nada menos que doblaba el fondo de inmigración pasando de 216 a 400 millones de euros. Pero el PSOE votó en contra. De hecho, actuaron presos por lo absurdo de la consigna con la que iniciamos estas líneas. Por otro lado, la magnitud de las cifra que había conseguido incorporar Esquerra representaba una cierta vergüenza para aquellos otros grupos parlamentarios, tan críticos con el proyecto de Presupuestos como nosotros, a los cuales el PSOE sí les abrió la posibilidad de negociar por valor de unos escasos millones de euros. ¿Como podían permitir, pues, los responsables del Grupo Socialista que Esquerra incorporara casi 200 millones de euros de una sola tacada, máxime cuando este fondo de inmigración era para el conjunto del Estado español?

A partir de aquel momento se encendieron todas las alarmas. Forzando el Reglamento al máximo, tanto que se encontraron con la oposición de la Junta de Portavoces del Congreso y del mismo presidente Manuel Marín, finalmente el señor López Garrido encontró la triquiñuela legal para volver a la situación anterior eliminando el importante incremento presupuestario para políticas de acogida a la inmigración que había incorporado Esquerra. Llegados a este punto, resulta irónico recordar las palabra del presidente del Gobierno en el último Debate de Política General agradeciendo públicamente a Esquerra la idea de creación de un fondo de inmigración.

Uno se pregunta las razones de tanto infantilismo político atendiendo al hecho de que hablamos nada más y nada menos que del grupo mayoritario que sostiene al Gobierno. Bien puede ser que se pretenda, tan sólo por imperativo de los mandarines de la demoscopia, visualizar el máximo alejamiento del independentismo catalán para poder ir construyendo el escenario de la polarización PP-PSOE a efectos preelectorales. Pero es muy posible que no se trate sólo de esto, sino que vaya prevaleciendo algo más profundo.

Con este final de legislatura la izquierda española ha demostrado lo que denunciábamos hace unos meses en estas mismas páginas: no ha sido capaz de ofrecer ningún relato discursivo de futuro de carácter estratégico dirigido a las izquierdas periféricas. Al contrario, ha constatado que le resultaba más cómodo navegar con el viento de popa y con el rabillo del ojo ir observando el desconcierto de los dirigentes del Partido Popular, creyendo que con el viento a favor y la derecha radicalizada el éxito estaba garantizado. Todo ello no es la primera vez que lo decimos desde Esquerra. El PSOE juega con una ventaja muy clara que no negamos y que sabe aprovechara fondo: la imposibilidad de que las izquierdas nacionales pacten con el Partido Popular, lo cual le sitúa en un escenario de ventajas a la hora de la interlocución con las fuerzas políticas periféricas.

A Esquerra no le sorprende ni le va a inquietar que el PSOE pacte con CIU a partir de marzo. Es más, esta parece ser la voluntad mayoritaria entre muchos socialistas y CiU sueña con ello, en particular Unió Democratica de Catalunya y el señor Duran i Lleida. A lo largo de los treinta últimos años, el nacionalismo conservador catalán ha creado una marca que tiene como primer atributo o valor su accidentalismo político, es decir la posibilidad de maniobrar con los unos y con los otros.

En todo caso, Esquerra no sólo entendió el mensaje, sino que nunca hubiéramos podido llegar a las conclusiones actuales sin haber hecho el tránsito iniciado en 2004. Hoy sabemos que no hay espacio para la plurinacionalidad del Estado. El PSOE y el PP tienen España hecha y no tienen por qué replantearse nada. Nadie podrá nunca achacar al republicanismo catalán que no lo haya intentado, pero tienen que saber que hoy ya podemos manifestar claramente que ya no habrá más estatutos. La respuesta de hoy sólo puede ser el derecho a decidir.

Así pues, si hay partido a partir de marzo, Esquerra jugará. Es decir, dialogaremos. Porque tenemos mucho que debatir y de forma inmediata, como por ejemplo la financiación. Pero lo que sí está claro –y el valor de lo dicho radica en decirlo ahora–es que a Esquerra le será muy difícil votar la investidura de José Luis Rodríguez Zapatero. A los otros, por supuesto, ni nos lo planteamos.•

*Portavoz del Grupo Parlamentario Esquerra Republicana de Catalunya en el Congreso

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