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Nº 766
10/12/2007

Aguirre y caiga quien caiga

Esperanza Aguirre está al acecho. Ella también se la juega el 9 de marzo. Si venciera Mariano Rajoy, se disiparía para siempre su sueño moncloíta. Aguirre necesita la derrota en las urnas de Rajoy para colmar su ambición. Se trata, pues, de una condición sine qua non. A partir de una debacle popular, el futuro de la actual presidenta de Madrid podría ser el de candidata a la presidencia del Gobierno de España.

Antes Aguirre debería vencer –en la carrera hacia el liderazgo del PP– a su eterno rival en Génova 13, Alberto Ruiz-GaIlardón. Otro potencial aspirante, Rodrigo Rato, ha desaparecido de la escena. Ésta ha sido una de las mejores noticias que ha recibido últimamente Aguirre. Y asimismo Gallardón. Salvo sorpresas–que jamás han de ser descartadas– el triunfo de José Luis Rodríguez Zapatero provocaría una íntima satisfacción tanto en Aguirre como en Gallardón. Ambos se quedarían solos en la carretera hacia la candidatura.

La hiperactividad de Aguirre asombra. Va a por todas. No desperdicia ocasión. Se intuye ganadora. Ella pone a las gentes del PP. A su lado –en cuanto a capacidad opositora respecto a Zapatero–, Rajoy se encuentra muy por debajo de cuanto exigen los votantes habituales de la derecha. Ella representa la síntesis perfecta del trío compuesto por Aznar, Zaplana y Acebes. Mientras, Gallardón ha de conformarse con ser el mal menor. Como lo es –según muchos peperos– Rajoy. Aun con más ímpetu y energía que Rajoy, GaIlardón tampoco es querido y no levanta pasiones. Aguirre, sí.

Aguirre ha dado alegrías y ha inyectado moral a un ejército vencido, como ha sido el PP desde el 14-M. Ha plantado cara al Gobierno y se ha transformado en una mujer indomable frente a Zapatero.

Es una heroína. Su imagen pertenece ya al imaginario colectivo de los conservadores españoles. Tiene agallas, carece de complejos y cultiva el populismo entre la demagogia y el casticismo. Termina un discurso y, como sucedió el otro día, no se corta. "Y ahora gritad conmigo: ¡Viva España!". Ha hecho de España su filón electoral. Compra o manda comprar banderas, lidera el neonacionalismo español, ataca los nacionalismos y se enfrenta al Gobierno como si sus integrantes fueran unos impostores y, desde luego, unos vendepatrias.

Es curioso. Esta Gran Española ha sido quien, desde su poltrona presidencial madrileña, se ha mostrado más insumisa con el Gobierno que sus colegas autonómicos vinculados al PP. Ha rechazado la Ley de Dependencia, la del tabaco, la Educación para la Ciudadanía, la referida a los agentes forestales que favorece a los terratenientes o a los grandes propietarios, determinados puntos de la normativa sobre las listas de espera en los hospitales públicos y las reformas educativas.

En definitiva, Aguirre ha puesto todo tipo de palos a su alcance en la ruedas de la gobernabilidad correspondiente al Gobierno central. Parecería que emula a Ibarretxe, aunque sin amenazar con un referéndum sobre la autodeterminación. Si le hubiera dado por el nacionalismo madrileño –por el momento inexistente–, a estas horas la Comunidad de Madrid se encontraría en fase de secesión o muy cerca de la independencia. Pero sus argumentos son los contrarios. Es Zapatero el que se entretiene rompiendo o procurando romper España. Ella se limita a combatir un Gobierno escasamente español. Y no se queda sólo en la retórica, sino que actúa sobre hechos concretos. Caiga quien caiga. Primero ha de caer Rajoy. Luego le tocará el turno a Zapatero. Esperanza es de armas tomar. Poca broma.•

Enric Sopena

 
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