Nº 766 - 10 de diciembre de 2007
 
Hemeroteca Esta semana

De Losantos, Marco y Dávila, tres pregoneros de Rajoy

Jiménez Losantos a tope, como la COPE, que dicen que es la emisora de la libertad; somos libres, insisten los asalariados de los obispos. También es libre Losantos en su Libertad Digital y en su Libertad TV, y por supuesto, en El Mundo Los obispos, según es sabido, tienen una larguísima tradición como defensores de la libertad. La frase: “Con la Iglesia hemos topado, amigo Sancho”, conforme dijera en su momento Don Quijote está incrustada en el imaginario colectivo de millones de españoles desde hace siglos y siglos. Pues bien, el 3 de diciembre, lunes, 48 horas después del atentado de ETA perpetrado en Francia, Losantos lanzó rayos y truenos contra el Gobierno, lo que en él es habitual, especialmente contra el ministro del Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba, el presidente Rodríguez Zapatero y hasta el mismísimo Mariano Rajoy, por su mansa actitud de apoyar al Ejecutivo tras el asesinato del guardia civil Raúl Centeno y el de su compañero y colega, Fernando Trapero.

Lo hizo en el diario que dirige Pedro Jota: “La información que sobre el enésimo asesinato perpetrado por ETA, eterna interlocutora del Gobierno de ZP, nos ha proporcionado el comando Rubalcaba, a través de su jefe fundador y ministro del Interior, ha sido una desvergonzada mezcla de trolas, mentiras, falsedades, embustes y tergiversaciones. Sólo la patológica interiorización en el PP del discurso de sus enemigos sobre su supuesto aislamiento político ha impedido que el único partido de la oposición demostrase pedagógicamente que Zapatero y su embustero favorito han vuelto a darse de bruces contra la realidad: ni ETA se va a rendir ante quienes no quieren que se rinda, ni tampoco va a dejar de matar para que el PSOE se crezca a costa del desprestigio de los terroristas ante sus bases draculianas.”

La furia de Losantos en El Mundo se parecía a la mantenida, con menos ardor dialéctico, ciertamente, por José María Marco, en La Razón. Este historiador más bien presunto, escribidor típico neocon al servicio personal de José María Aznar, es uno de los cerebrines de la FAES y también tertuliano en la radio episcopal. Mostraba su indignación por la manifestación unitaria, convocada por los socialistas, a raíz del atentado referido. “Ahora resulta que el Gobierno de Rodríguez Zapatero y su partido, el Partido Socialista, convocan una “concentración” para condenar una nueva atrocidad del terrorismo nacionalista. En cuanto a otras acciones contra los etarras, (…) Zapatero se abstiene. No habla de ilegalizar a ANV ni al PCTV. Ni se propone revocar la autorización de las Cortes para que ese mismo Gobierno negocie con los terroristas.”

Marco asegura que el Gobierno va a seguir con la “mano tendida a los terroristas, pactos y promesas, elogios de algunos de sus miembros más relevantes, tratamiento privilegiado para los presos etarras. Y todo con una segunda parte: acoso a las víctimas del terrorismo, campaña contra el presidente de la AVT, Francisco José Alcaraz, e insinuaciones que no dejaban lugar a la duda: quienes nos hemos venido manifestando en estos años éramos escoria que merecía la burla, el insulto y la amenaza.” Inmediatamente, Marco carga contra el resto de partidos, salvo el PP, naturalmente: “Acompañan al Gobierno en esta convocatoria los republicanos independentistas catalanes –los mismos que pactaron con los terroristas que los españoles, salvo los catalanes, fuéramos posibles víctimas del terrorismo– y organizaciones como Nafarroa Bai, PNV o Izquierda Unida, que tienen en común el odio hacia España.”

Carlos Dávila, asimismo en el diario del editor Lara, redobla sus acusaciones contra Zapatero: “Yo no me creo al Gobierno o por decirlo de forma más suave (…), yo no me creo que Zapatero vaya a clausurar su etapa de picoteo y conmilitancia con ETA y, en suma, vaya a iniciar una nueva que tenga una imprescindible característica: la de acosar y derribar a esta banda de asesinos con la que ha estado tomándose el té desde nada menos que 2002, dos años antes de que llegara a La Moncloa (…) Sería una ingenuidad cercana a la estulticia pensar que este hombre que, desde el principio de su gobernación, escogió la marginación del PP, el entendimiento “como sea” con los nacionalistas y la negociación con ETA, va a cambiar de política convencido de su inutilidad por la crueldad de ETA (…) Solamente un cambio de Gobierno y de partido en marzo puede devolvernos la tranquilidad. También la dignidad.”

Con semejantes voceros mediáticos, los tres periodistas mencionados, no puede ser creíble de ningún modo el compromiso de Rajoy de apoyar al Gobierno a partir del atentado mortal del otro día, el primero de estas características que se produce una vez ETA anunciara oficialmente el fin del alto el fuego, poco antes del verano. La táctica de Rajoy de jugar con dos cartas a la vez, de irse al monte y al mismo tiempo al valle, de decir blanco y en paralelo negro, de enredar a unos y a otros está tan socorrida y exhausta que no engaña ya más que a los tontainas. Rajoy es prisionero de sus tres años, cerca de cuatro, ejerciendo de sucesor de Aznar. O, mejor dicho, de continuador de Aznar. Su padrino lo puso de candidato con la esperanza de que, una vez instalado en Moncloa, se transformara en un títere suyo, movido a distancia, la que hay entre la sede de la FAES y el palacio moncloíta. Al fallar el intento, debido a las elecciones del 14-M, el títere ha tenido que encarnar a su auténtico jefe. Por eso Rajoy hace lo que puede. Unas veces aparece con el rostro de Aznar y otras con el suyo propio. Magno lío, ya le queda poco al candidato conservador, las elecciones están a un tiro de piedra.

Luis G. del Cañuelo

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