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| Nº 766 - 10 de diciembre de 2007 |
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Carestía y guerra de Iraq
por Santiago Carrillo Pasan tantas cosas a diario en este bajo mundo que afectan a nuestro presente y futuro de forma directa, se acumulan tantos acontecimientos ante nuestra vista, que a veces la abundancia de temas nos lleva a olvidar algunos que, sin embargo, constituyen la preocupación diaria más acuciante de millones de conciudadanos. Entre estos últimos se halla, cada vez más apremiante, uno: la creciente carestía de la vida. Por fortuna, el asunto es tan serio que en los últimos tiempos los medios de comunicación se refieren a él con frecuencia. Algunos han aludido, por ejemplo, al mínimo pago que reciben los agricultores por los productos de su trabajo, poniéndolo en contaste con los elevados precios a que los compra el consumidor. En el actual sistema los intermediarios encarecen considerablemente el producto. La llamada libertad de mercado hace que los precios se establezcan según la oferta y la demanda, sin que falte en su formación el afán de lucro de los negociantes que utilizan todas las posibilidades de encarecerlos. Muchas familias encuentran así serias dificultades para cuadrar sus cuentas de ingresos y gastos, es decir, para vivir decentemente. En estas fechas navideñas el problema se agrava pues todos, legítimamente, hacemos algún extraordinario que eleva la demanda y da margen para subidas de los precios a veces exorbitantes. Para muchas gentes la razón de la carestía de la vida es un misterio insondable. ¿Por qué suben tanto los precios? ¿De quién es la culpa de que el pan, la leche, las patatas, el pescado, la carne, sean cada día más caros? Los que van más allá en la respuesta a esta pregunta dicen algo acertado, pero incompleto. El origende todo es la subida del precio del petróleo. Y se quedan ahí. Es cierto que la enorme subida del petróleo encarece todos los demás precios, pues los productos hay que transportarlos hasta el consumidor y eso se hace con petróleo. Además, con la finalidad de fabricar carburante ecológico, una parte de la producción agrícola es desviada del consumo popular y empleada en fabricar ese carburante. Ello encarece el precio del trigo y, por consiguiente, el del pan; encarece el forraje que alimenta a los animales y, por tanto, la leche y la carne que consumimos. Se forma así una cadena aparentemente fatal que provoca la elevación general de los precios. Y si alguno pregunta: ¿por qué sube tan locamente el petróleo?, la respuesta que suele recibir es que China y la India se han convertido en grandes consumidoras de ese producto energético y el aumento, originado así, de la demanda ha disparado los precios. Pero los dirigentes del Partido Popular, en plena campaña electoral, han encontrado la causa de todo. El culpable de la carestía de la vida,igual que del terrorismo, del estado del material ferroviario y de la ruptura de la unidad de España, es Rodríguez Zapatero. ¿Quién podría ser si no? Así lo ha asegurado ese águila que se llama Acebes que está comenzando a descubrir que en España, desde que no gobierna el PP, hay problemas sociales y familias que no consiguen cerrar el mes con sus ingresos cuando antes todo el mundo nadaba en la opulencia... Sin embargo, la carestía viene realmente del petróleo. Y la culpa no es de China y la India, que hace años que consumen petróleo. Viene de la situación creada por la invasión de Iraq, una de las principales productoras de ese carburante en el mundo, ahora incapaz de asegurar su parte en la producción. Y de la avaricia de las grandes empresas petrolíferas que aprovechan la ocasión para hacer su agosto. ¿Y quién decidió la invasión de Iraq? Pues el trío de la bencina: Bush, Blair y Aznar en las Azores. Ahí está el origen de la carestía actual. Y los españoles no deberían olvidarlo, sobre todo en periodo electoral.• |
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