| Hemeroteca | Esta semana |
| Nº 765 - 3 de diciembre de 2007 |
Callejón sin salida para los Teatros del Canal Por Mauro Armiño Cuando hace años, siendo Esperanza Aguirre ministra de Cultura, la calificaba yo de “analfabeta funcional”, no trataba de insultarla, sino de aplicar a su caso la definición que de esos términos da la Unesco. Quien es analfabeta en un entorno que de la noche a la mañana le cae encima, como fue su aterrizaje en Cultura, puede no serlo en otro, en las intrigas de la política por ejemplo; y hay que reconocer que, en este terreno, la presidente de la Comunidad de Madrid ha demostrado que de analfabeta nada, que se sabe hasta la letra pequeña: ejemplos no faltan desde el tamayazo que la convirtió en heredera de los predios de Gallardón hasta su lucha con este último por el liderazgo de un PP que no ve claro que Rajoy sirva para algo, y en política ese algo es siempre el poder. La lideresa del PP. En esa lucha contra Gallardón, la “Espe” de antes vuelve por sus viejos fueros “analfabéticos” y aporta neologismos al idioma: a principios del pasado noviembre, después de presidir el comité regional de su partido, soltó las pretensiones que pondrá sobre la mesa en abril, adornándolas con una perla: dice esta buena mujer que en el PP la consideran “la lideresa nacional”; debió nacer algo más tarde de lo que dice su biografía, en la época en que ya los estudiantes no leían; o no leía Aguirre cuando los demás leíamos lo suficiente para evitar estupideces lingüísticas. Como es lógico, y desde que los reyes empleaban a bufones, en todo poder hay un ala de cultura, y a este sector Aguirre le aplica su viejo analfabetismo, empezando por su consejero de Cultura, Santiago Fisas, que también aterrizó por casualidad; y estaba dispuesto a irse en la segunda legislatura, pero la presidenta convenció al antiguo empresario sumando a la consejería el apartado de Turismo, que ya me dirán qué tiene que ver, salvo el guiño al viejo ministerio de Información y Turismo del malhadado Fraga Iribarne cuando aún no había pasado por las pilas bautismales de la democracia; y siguiendo por su consejera de Educación, Lucía Figar, de quien dicen que su mayor mérito es haber amadrinado a una nieta de Aznar, y que lo primero que hizo fue rechazar el coche blindado de su antecesor y comprar uno nuevo y también blindadito, no fuera a ser que el otro le hubiera dejado chinches del Opus Dei. Cultura no, afines sí. Pocas semanas, si no días, después del tamayazo, cuando Aguirre se hizo con las riendas del poder, decidió acabar con los Teatros del Canal, otra de las faraonadas de Gallardón; tras sus declaraciones, hasta la gente de su partido se le echaron encima y consiguieron que a regañadientes retirara su voluntad iconoclasta; está convencida Aguirre de que las gentes de cine y teatro –que le organizaron manifestaciones y protestas en su etapa de ministra– forman un rebaño de progresía, un atajo de perezosos y vagos que sólo quieren vivir de la subvención, y para que vivan de eso ya tiene Esperanza sus “artistas” y sus folclóricas; por ejemplo, Denaes (Asociación para la Defensa de la Nación Española), entre cuyos fines está “el cultivo del patriotismo y la afirmación de España como nación” y que tiene como mérito haberse querellado contra Pepe Rubianes por aquellas palabras del actor catalán mandando a España a freír espárragos (Rubianes utilizó expresiones algo más fuertes); pese a que la querella fue archivada por los jueces, Denaes y Aguirre parecen haberlo considerado mérito, porque del epígrafe de Consejería de Presidencia e Interior, sin convocatoria pública alguna, se le adjudicaron en noviembre 100.000 euros; Denaes, con patronos como Vidal Cuadras, Jon Juaristi o Amando de Miguel, está presidida por un diputado del PP en el Parlamento vasco, Santiago Abascal: es decir, dinero madrileño para una asociación de partido que, por si fuera pequeña la incongruencia, tiene su sede en Santander; en fin, esa subvención lo tiene todo para darle a Aguirre por lo menos un notable en la asignatura de intriga política, apartado yo me lo guiso y yo me lo como mientras barro para casa: destinatarios, gentes del PP; sin convocatoria pública, con sede en Santander. Los Teatros del Canal, en el disparadero. En el doble frente de combate que Aguirre tiene abierto, contra la cultura y contra Ruiz-Gallardón, los Teatros del Canal han sido piedra de toque: a regañadientes permitió que siguieran unas obras que debían estar terminadas en 2006; y mientras disculpaban los retrasos en la pasada rueda de prensa del Festival de Otoño, Fisas y Aguirre anunciaron que “el gran complejo público al servicio del teatro y la danza” (según el programa de candidatura a la presidencia de la Comunidad) serían “de gestión privada” dijo Fisas, y de “gestión indirecta, que la titularidad sea pública, pero que lo gestione la empresa privada” explicó Aguirre. Como si no se supiera en qué consiste eso; un ejemplo del faraonismo de Gallardón, el Teatro Auditorio del Escorial –el Salzburgo de Madrid, según pretensiones del ahora alcalde madrileño–, tiene gestión privada, a cargo del productor Enrique Cornejo, que ya ha declarado que para sacarlo adelante necesitaría más ayuda pública. No hay salida: a los bufones hay que pagarlos. Los 50 millones de presupuesto inicial para construir en 35.529 metros cuadrados, dos teatros y un centro de danza con once salas, no arredraron a Aguirre cuando estaba en campaña; una vez presidenta, tras su intento de paralizarlos, sumó otros 40 millones y una fecha de inauguración: el 2006; pero el pasado octubre explotaba la bomba en forma de burofax; en él, Ildefonso de Miguel, gerente del canal de Isabel II –dependiente del gobierno de Aguirre– rescindía los contratos de Juan Navarro Baldeweg, arquitecto de prestigio internacional –según la propia Esperanza, en el catálogo de la muestra In-Side: nueva arquitectura en España (2006)– cuyo proyecto había ganado el año 2000 el concurso internacional convocado por Gallardón, entonces presidente de la Comunidad. Agresión y desvergüenza contra Navarro Baldeweg. Navarro Baldeweg no sólo ha rebatido las acusaciones más que dudosas que cargan sobre sus espaldas la demora y el retraso, sino que a los pocos días de hacerse pública la noticia, casi un millar de arquitectos, profesores y artistas españoles, –Eduardo Arroyo, Nuria Espert, Mario Gas, Martín Chirino, Gerardo Vera, Rafael Moneo, Álvaro Siza–, directores de Escuelas de Arquitectura, colegios de Arquitectos, etc., expresaban su repulsa al despido y a las alegaciones de los Teatros del Canal; un manifiesto firmado por cientos de arquitectos y personalidades de la cultura y el apoyo de figuras de talla mundial como el escultor Richard Serra, de arquitectos como Richard Gluckan o Pierre-Alain Croset, se enfrentaba al ataque contra Navarro Baldeweg; las palabras más finas han sido “agresión profesional y moral” y “desvergüenza” para calificar la operación de derribo del arquitecto. ¿Qué hay debajo de la operación? Para Oriol Bohigas, es un ejemplo de una inmoralidad que propicia “proyectos banalmente teatralizados con costes desproporcionados […] Es una vergüenza ver cómo la arquitectura se utiliza fuera de su ámbito cultural y social en los procesos especulativos de los promotores y de las intenciones electoralistas de los partidos políticos”; para Patxi Mangado, premio FAD de arquitectura, es la “evidencia de una intolerable utilización de la arquitectura y de los arquitectos con fines espurios. Y para encubrir la propia incapacidad de gestión de lo público por parte de algunos políticos y administradores”. Las mañas y segundas intenciones –por alguna fisura terminarán saliendo a la luz– de Aguirre han dado lugar a un hecho insólito: ¿cuándo se ha visto una manifestación de arquitectos? El 8 de noviembre dos concentraciones en Madrid (frente a los Teatros del Canal) y Barcelona (frente al Liceo) apoyaban al arquitecto, pese a que, 24 horas antes, Aguirre trataba de rectificar y tendía una difusa mano a Navarro Baldeweg para que continuase “siempre que lo haga con un plazo, un presupuesto y una ejecución de obras cerrados”. Juega Aguirre con las palabras, sobre todo cuando la otra parte demuestra que los retrasos no son achacables al arquitecto, que hay un sistema perverso de adjudicaciones de obras menores; y jugó también con la perversión cuando afirmó que Navarro Baldeweg había solicitado una entrevista con la presidenta “para arreglar la situación”, cuando fue su sobrino Gabriel Allende, también arquitecto, quien dio el primer paso para tratar de suavizar la situación; como se ve, “analfabeta” para la artimaña no es. Mano tendida hace casi un mes, y que, cuando cierro este artículo, Navarro Baldeweg aún no ha aceptado; son muchas las “reservas” que mantiene ante esta situación, porque el analfabetismo cultural y la maniobra política, en el peor sentido de la palabra, de la “lideresa”, pueden llevar a los Teatros del Canal a un callejón sin salida por dos vías: por la desvergüenza contra la obra arquitectónica y por la inmoralidad que para la cultura supone, aunque Aguirre no crea en ella, el paso de lo público a manos privadas. |
| © El Punto Prensa, S.A. c/ Ferrocarril, 37 duplicado - 28045 Madrid. Tfno: 34 91 516 08 14/15/08 E-mail: siglo@elsiglo-eu.com |