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Nº 765
3/12/2007

Rajoy, sin crédito ni entre los suyos

El Tribunal Constitucional tenía que optar entre complacer al PP y seguidamente autodestruirse o frenar de una vez por todas la obsesión genovesa de hacerse con los restos de la más alta magistratura judicial del Estado. Al motivo de tal ofensiva por parte de Rajoy y de sus acólitos? Recortar el Estatuto de Cataluña allí donde más duela y generar antes de las elecciones de marzo una especie de pandemónium nacional con la esperanza de sacar rédito electoral suficiente y regresar así a La Moncloa.

Pero a los conservadores de nuevo les ha salido mal la jugada. Rajoy ha vuelto a dar su talla de estadista de pitiminí. Nuevo error garrafal. Acumulación de desatinos. Euforia contenida aún en Ferraz, optimismo que sin embargo va in crescendo. El PSOE prepara con cuidado –pero a bombo y platillo– su programa electoral. Exhibición de poderío, con sabios extranjeros y nombres españoles tanto ilustres como prometedores en la redacción del programa electoral. El aroma de la victoria se esparce irrefrenablemente.

Nadie –en el estado mayor socialista–echa las campanas al vuelo por prudencia. Y porque hay cosas que pueden provocar mal fario. No obstante, Fernando Moraleda –el secretario de Estado de Comunicación– se atrevió durante su comparecencia en los desayunos del Fórum Europa, el jueves 29 de noviembre, a vaticinar un triunfo por encima de la encuesta del CIS o similares. Lo hizo con la debida cautela, pero lo hizo con argumentos escasamente cuestionables.

Lo cierto es que el líder del PP se derrumba políticamente a ojos vista. "Mariano Rajoy –sostiene Manuel Martín Ferrand en ABC– está tan solo en su fortín de la calle Génova como lo estaba en la imaginación de Daniel Defoe Robinson Crusoe en su isla del delta del Orinoco".

El veterano comentarista aboga por GaI lardón como segundo de Rajoy en la candidatura de las generales. Martín Ferrand cree que con Gallardón "será más fácil el deseable relevo de José Luis Rodríguez Zapatero", aunque no parece muy convencido de que se cumpla su deseo hasta el punto de que se refiere al alcalde de Madrid como "el sucesor óptimo".

Aumenta el marasmo en la derecha. Rajoy quiso cortar sus vínculos con la AVT de Alcaraz y terminó acogiéndose a una fórmula salomónica –que no contenta ni a unos ni a otros– que le ha servido a él de bien poco. No estuvo en la manifestación, pero sí fue la plana mayor del PP. Acudió, asimismo, la extrema derecha en casi todas sus variantes, lo que puso otra vez al PP a los pies de los caballos más ultras.

Y, además, la concentración fue un fiasco en cuanto a participación. Rajoy ha desaprovechado toda esta legislatura para dar un puñetazo en la mesa y liquidar la herencia del aznarismo. No ha podido ni ha querido. O, dicho de otro modo, este hombre es incapaz de dirigir un proyecto político propio. Su impotencia al respecto es demasiado evidente. Ni siquiera entre muchos de los suyos tiene crédito el candidato.

El 31 de enero el programa del PSOE se formalizará oficialmente. El número de los que aportan sugerencias e ideas a los borradores del programa pasa de los dos mil. Se trata de una movida con ribetes majestuosos. No ha de extrañar que los más entusiastas hasta hagan la ola. Ése es el riesgo. Que los socialistas y sus simpatizantes salten al terreno de juego confiados en exceso. Pero ya querría Rajoy hallarse en la situación de Zapatero. Lo nunca visto. A tres meses largos de los comicios ya ha confirmado a Solbes como vicepresidente económico y ha nombrado a Bono presidente del Congreso. ¿Vaya con el bambi!•

Enric Sopena

 
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