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Nº 765
3/12/2007

Kosovo: lo inevitable y lo mejor

La independencia de Kosovo parece inevitable, quizás no es la mejor solución pero sí la única que queda. Desde hace unos ocho años se han ido excluyendo otras por las que se trataba de evitar una independencia que hoy sigue rodeada de interrogantes, y de poner término a la desmembración a plazos deYugoslavia. La cuenta atrás que se venía anunciando se habría consolidado sin posible retorno con las elecciones del 17 de noviembre. Tras las votaciones, con un índice de participación que no llegó a superar el 45 por ciento, el triunfador Hashim Thaci ha manifestado que el Partido Democrático de Kosovo (PDK) declarará la independencia después del 10 de diciembre; la fecha límite en que kosovares y serbios deberían haber logrado un acuerdo que, salvo milagros de última hora, resulta prácticamente inalcanzable. Unos y otros no han dejado de insistir en sus posiciones, la independencia total o una amplia autonomía, de imposible convergencia pese a la labor mediadora de la troika comunitaria, de Rusia y de los Estados Unidos. Una mediación tan sólo aparente porque los actores internacionales se aplicaban a su trabajo pero al mismo tiempo manifestaban sus simpatías. Decían que mediaban entre las partes pero proclamaban abiertamente sus preferencias en contra o a favor de la independencia.

Todos los partidos de Kosovo están obsesionados con la independencia, y aseguran que sus problemas se arreglarán con la soberanía. De momento no ha dejado de señalarse que la mitad de la población, unos dos millones en total, carece de trabajo y que la mayor parte de los hogares se sostiene gracias a las remesas en dinero enviadas desde el exterior. Y tampoco han faltado las advertencias sobrelas notorias inclinaciones violentas de serbios y kosovares, desarrolladas durante años de enfrentamientos y que de nuevo podrían estallar, contando con milicias bien entrenadas y amplia disponibilidad de armas. Por enésima vez la Unión Europea ha pedido que no haya una declaración unilateral de independencia, sino que ésta se haga de manera consensuada con Washington y Bruselas. Pero no van a faltar razones e impulsos para que los partidos kosovares tomen su propio camino, aceptado en realidad por las grandes potencias con excepción de Rusia, y que acabará siendo subsanado de manera comprensiva por la mayoría de los socios comunitarios. Los arreglos académicos propuestos en el llamado plan Ahtisaari, una soberanía limitada y vigilada internacionalmente, probablemente quedarán rebasados por la dinámica de la euforia independentista y los ajustes de cuentas con la historia.

Europa se sigue concentrando y fragmentando a un tiempo, parece que de manera simultánea se asiste en ella a la formación de conceptos e instituciones supranacionales pero que coinciden con el clamor de las antiguas provincias, principados, marcas, ducados, etc., para deshacerse de los marcos nacionales y de los Estados que los marginaban, en búsqueda de algo superior que les devuelva la vida propia y los derechos arrebatados. Innecesario enumerar los casos, habidos y por haber, dormidos o en ebullición, cuyas pretensiones dispondrían cada vez de más oídos y vientos favorables. El ámbito de la Unión Europea, de las Naciones Unidas o de la OTAN y la OSCE no habría contribuído a acallarlas y satisfacerlas, más bien todo lo contrario. Y en ese panorama el miedo de más de un país a los precedentes, los ejemplos y las repeticiones, porque ningún país puede declararse por corn pleto ajeno a lo que el otro padece ninguno puede estimarse libre de lo odiosos forúnculos separatistas, trata de aliviarse demostrando que su caso nada tiene que ver con el otro. Así Ulster no es Cataluña, Kosovo no e! Flandes, Kurdistán no es el País Vasco, Chechenia no es Hong Kong, y ur larguísimo etcétera de consuelos muy pírricos y probablemente limitados.

Parafraseando el Manifiesto Comunista, "un fantasma recorre Europa, nosotros le llamamos nacionalismo". Pero el problema está planteado y Kosovo lo radicalizaría. Huyamos de las comparaciones pero no de considerar que Kosovo no es un problema en sí mismo, sino que pertenece a ese panorama en expansión de tensiones étnicas y nacionalistas no siempre bien resueltas, con un sustancial y duradero impacto en diversas naciones europeas. La ilusión de la independencia de Kosovo puede generar su partición, posiblemente violenta, con desplazamientos de población, limpieza étnica y efecto llamada, como poco en los Balcanes, Chipre, Eslovaquia, etc., todos con sustanciales minorías. La tensión albanesa ya es manifiesta en el sur de los Balcanes y si se avanza en la rectificación de fronteras según las líneas étnicas puede generarse una espiral de reclamaciones que nunca acaban. Quiere esto decir que la cuestión de Kosovo obviamente alimenta otras cuestiones, que a su vez la alimentaron, por lo que si su tratamiento una vez más escapa a los controles internacionales y, como parece, no se logra el consenso entre Belgrado y Pristina, es muy probable que suframos de nuevo los efectos de la explosiva fragmentación deYugoslavia. Como si se hubieran olvidado sus elevadísimos costes. Hablaremos a partir del 10 de diciembre.•

Ignacio Rupérez

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