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| Nº 765 - 3 de diciembre de 2007 |
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Políticos y periodistas
por Santiago Carrillo Yo no sabría vivir sin los periódicos, los noticiarios de la radio y los telediarios, lo confieso. Quizá se trata de la servidumbre de quien se ha visto interesado por la política toda su vida. Pero confieso que cada vez entiendo menos algunas cosas. Quizá sea la vejez, que ya le hace a uno más torpe, menos ágil. O bien puede suceder, igualmente, que el cambio profundo del papel que juegan los medios de comunicación en la sociedad moderna, resulte, en ocasiones, desconcertante, tanto para viejos como para jóvenes. Una de las cosas que me desconciertan es la diferenciación entre los políticos y los periodistas, en la que los medios de comunicación suelen insistir. Al parecer, los políticos son los responsables de cuantas situaciones negativas se producen a diario. Y los periodistas están ahí para corregirles y llamarles al orden. Así que si no hubiera periodistas que haciendo uso de la libertad de expresión vigilan estrechamente a los políticos, todo estaría patas arriba. Algunos medios de comunicación, sobre todo radios y televisiones, muestran su independencia o su neutralidad en emisiones en las que un montón de gente se disputa agriamente, ofreciendo un auténtico guirigay en el que nadie convence al oponente y aún menos al espectador que no esté convencido previamente. Ese tipo de emisiones sirve finalmente para dar la impresión de que no hay quien entienda a los políticos, puesto que entre ellos mismos son incapaces de entenderse, y que la política es cosa de la que las personas sensatas deben alejarse, dedicándose a ver fútbol y otros de-portes, servidos cada vez con más abundancia. Todo lo cual es otra forma de hacer política, una política que consiste en aconsejar a los ciudadanos que dejen este arte en manos de unos cuantos desconocidos, que nadie elige ni controla pero que poseen el poder económico, desde el cual, administrando sus negocios, toman con absoluta irresponsabilidad las decisiones políticas más decisivas para la vida de los Estados. Por las circunstancias de mi vida yo he sido y aún en mi retiro sigo siéndolo, lo que se llama –a menudo peyorativamente– un político. Pero además he sido y sigo siendo un periodista. Y cada día veo menos diferencias entre una y otra dedicación, no sólo en mi caso personal, sino de manera general. ¿Cuántos diputados o concejales llevan años y lustros oficiando de políticos y hasta cuantos ex ministros en el mismo caso, que pese a ello siguen siendo desconocidos, sin que sus ideas o acciones personales hayan influido jamás en los ciudadanos? Y, en cambio, hay infinidad de periodistas, muchos de ellos famosos, que con sus escritos o su labor de locutores han influido e influyen más en la política y son de hecho más políticos en activo que aquellos que ostentaron un cargo público. Y, aún más, un político puede ser un gobernante eficiente, autor de las medidas más progresistas, pero como la gente es olvidadiza, si los medios de comunicación no popularizan sus obras, al final, a la hora de hacer balance, no se sabe bien si hizo o no hizo algo que valiese la pena tener en cuenta a la hora de depositar el voto en las urnas. Estos días –y es un ejemplo clarísimo de lo que digo– el Sr. Rajoy, con más rostro que fundamento, está ofreciendo un consenso al PSOE. Y, ¡que pocos son los medios de comunicación que reflejaban la falacia de este ofrecimiento! Rajoy ha roto el consenso constitucional con su peligrosa propuesta de reforma de la ley fundamental; ha roto las prácticas parlamentarias democráticas –cosa que no hizo en su tiempo Manuel Fraga– con su política de obstrucción sistemática a todos los aspectos de la política del Gobierno; ha insultado con un léxico barriobajero al presidente Rodríguez Zapatero, ha lanzado a sus huestes a la calle para impugnar la política antiterrorista del Gobierno, precisamente en el momento en el que gracias a esta política el terrorismo ha bajado hasta el cuarto lugar en las preocupaciones de los españoles y un largo etcétera... Mientras tanto, ciertos medios de comunicación falsean la realidad acusando por igual a Rajoy y a Zapatero ¡por no ser capaces de entenderse! ¿Quién hubiera podido hacerlo con el Rajoy insultante y perdonavidas que hemos conocido en la oposición? Los medios de comunicación, más que los partidos, son hoy los que forman la opinión pública. Y sirven antes que a otra cosa a los intereses de sus propietarios. Y, en bastantes casos, sus propietarios no tienen nada que ver con España y residen en Roma o en las antípodas de nuestro país. Más de una vez he escrito que ese es uno de los hándicap de la democracia actual, que pone a veces la política de los Estados en manos de intereses lejanos. Pero, ¿cómo evitarlo con el tipo de globalización que padecemos? • |
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