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| Nº 765 - 3 de diciembre de 2007 |
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Iberoamérica: lo que está en juego
por Juan Antonio Barrio He preferido esperar a que se disipe –no del todo– los efectos inmediatos del famoso incidente de la Cumbre Iberoamericana para hacer un comentario sobre lo que en mi opinión está detrás de ese incidente y, sobre todo, está en juego respecto a la evolución política y socioeconómica en Iberoamérica. Acabada felizmente la era de las dictaduras y de gobiernos de muy escasa respetabilidad, por muy "formalmente" electos que fueran, se ha abierto un nuevo tiempo. El apoyo de EE UU, tanto a dictaduras como a gobiernos democráticos, sí, pero poco o nada preocupados por las desigualdades, ha dejado momentáneamente fuera de juego o bastante descolocado a este país para la nueva etapa. No quiere decir que EE UU no esté vigilante en la defensa de sus intereses en la zona e intentando aprovechar cualquier oportunidad para recuperar posiciones, pero de momento se tiene que contestar con escasos resultados: el apoyo de Uribe en Colombia es el más firme, pero, incluso en México Calderón parece algo mas reivindicativo que Fox. Siendo esta la situación, ¿cuáles son los otros dos "polos de atracción" en la política iberoamericana? Uno es, sin duda, Chávez. Que Chávez quiera establecer un liderazgo en la zona con su "proyecto bolivariano" no es ningún secreto. En mi opinión el incidente tiene más que ver con la puesta en cuestión de ese modelo que con cualquier otra cosa, incluso que con el referéndum del 2 de diciembre en su país que, muy probablemente, va a ganar. El estilo de Chávez es muy aparatoso pero suele tener siempre una intención detrás. Y, sin embargo, es muy cuidadoso en sus relaciones con EE UU: puntualmente les vende su pe-tróleo y para más contradicción proclama su malestar por un dólar débil, cuando en lo que a él respecta le bastaría con liberalizar el cambio bolívar/dólar para que el tipo de cambio se aproxime al del mercado negro en la calle. En cuanto a la ayuda de Chávez a otros países es del tipo de petróleo barato y subvenciones directas más o menos finalistas. ¿Y qué es lo que pone en cuestión este modelo? Pues, fundamentalmente, no EE UU, sino un modelo basado en reformas sociales reales que luchen contra la desigualdad y la pobreza extrema. En ese sentido, hasta ahora se acusaba a este tipo de cumbres de escasos resultados prácticos. Pero, poco a poco, la situación ha ido cambiando. La creación de un secretariado permanente, y, por qué no decirlo, la labor del Gobierno español, algo ha tenido que ver. En ese sentido, los resultados de la última Cumbre han sido bastante más concretos y marcan el camino a seguir. Por ejemplo, garantizar el acceso a agua potable a 4,5 millones de personas, con una aportación de 1.500 millones de euros. O la aprobación de la nueva iniciativa iberoamericana "Pablo Neruda" para la movilidad de estudiantes de maestría y doctorado encaminada a favorecer la formación de jóvenes investigadores y técnicos, o la propuesta específica de un programa destinado a la lucha contra la desnutrición infantil crónica para niños menores de cinco años. O la firma, ya por doce países, de un convenio de Seguridad Social que permite la cobertura por la Seguridad Social independientemente de los países en los que trabajen las personas. En definitiva, se trata de luchar de forma real y concreta contra la desigualdad y ese contenido debe estar por encima de la discusión sobre si es mejor emplear la expresión cohesión social o justicia social. Y las empresas españolas, ¿qué tienen que ver con este modelo? Pues sí, claro que tienen que ver, aunque hay algunos problemas. El primero es que la exigencia por su parte de seguridad jurídica, que es lógica, debería ir compensada por la asunción por parte de las empresas de los principios de la Responsabilidad Social Empresarial. Recientemente José María Benegas, en estas mismas páginas (EL SIGLO, n° 763) contaba el caso de la entrada de Telefónica en Lima y los múltiples despidos nada más llegar. Hay otros casos similares. Quizás el Gobierno, a través de mecanismos adecuados, podría incitar a las empresas a asumir compromisos voluntarios –pero muy necesarios– en este sentido. El segundo es que las empresas parecen haber orientado sus preferencias en los tiempos mas recientes, algunas hacia países del Este de Europa, India y China más que a Iberoamérica. Puede ser un grave error y podría contribuir a perder una batalla importante. Hay que tener en cuenta la evolución de países también emergentes, o que deben serlo, como Ecuador y Bolivia y apostar por ellos. Ambos tienen procesos constituyentes, ambos pueden inclinarse por uno u otro modelo. En mi modesta opinión deberíamos apostar por un reformismo fuerte, con soluciones concretas implicando la Ayuda Oficial al Desarrollo, y también a las empresas, respetando la autonomía de cada país y el derecho a decidir democráticamente entre diversas opciones, sin exabruptos ni improperios. Para ello, como ha dicho el presidente de Ecuador, Rafael Correa, "el mercado debe ser un buen siervo y no el amo".• |
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