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| Nº 765 - 3 de diciembre de 2007 |
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Pronto llegará la televisión
por Miguel Ángel Aguilar Como decía aquella canción del festival de Benidorm "pronto llegará la televisión y yo cantaré y tu me verás". Y llegó cuando reinaba Carolo con sus primeras instalaciones en el paseo de la Habana de Madrid. Su primer director fue aquel gallego Victoriano Fernández Asís, que ocupó la secretaría del ministro de la Guerra con la República Santiago Casares Quiroga –a quien borraron las autoridades del Movimiento del Registro Civil de La Coruña– y que supo, sin romperlo ni mancharlo, reaparecer años más tarde, en pleno franquismo, encabezando el recién nacido Ente. Ahora que estrenamos la transubstanciación del Ente en la nueva Corporación de RTVE, puede resultar esclarecedor una breve excursión a los orígenes. Cuenta uno de los pioneros, Luis Ángel de la Viuda, cómo el reducido equipo de los comienzos quedaba agotado después de las dos horas diarias de emisión. Entonces, don Victoriano, para recuperar la moral de la tropa abría las puertas de su despacho y organizaba una amable tertulia con sus colaboradores. Cada tarde el director amenizaba la reunión con anécdotas y sucedidos que siempre eran muy celebrados por los presentes. En una ocasión don Victoriano advirtió con sorpresa la nueva actitud de uno de los contertulios. Enseguida le interpeló para decirle aquello de "Gutiérrez, dígame usted por qué no se ríe" a lo que el mencionado respondió de inmediato: "Señor director, es que yo ya soy fijo". Ser fijo en Radio Televisión Española ha sido una pretensión casi universal de los españoles de muchas épocas, educados como estaban desde pequeños en la ventaja de sentar plaza, de tener un empelo fijo, al abrigo de lo que pudiera pasar. Otra cosa distinta es que los fijos tuvieran siempre una asignación laboral conocida. Cuando esa circunstancia no se daba, los afectados en número creciente se quedaban "haciendo pasillos" como se decía en la peculiar jerga de la casa. Pero el primer deber de los que "hacían pasillos", después de cobrar con toda puntualidad, era el de mostrarse damnificados, como víctimas del mal trato recibido por parte de unos jerarcas que les mantenían en semejante situación de ocio remunerado. Es lo que tiene la condición de fijo, que enseguida genera disgusto y pérdida de memoria del favor recibido. En la plantilla de aquella RTVE podían advertirse los distintos estratos que se habían ido superponiendo conforme se sucedían los directores generales siempre empeñados en agregar a los suyos. Los primeros recomendados fueron de doña Carmen Polo y a partir de ahí se fueron añadiendo parásitos que interferían la labor, en ocasiones admirable, de magníficos profesionales. Pero la actitud de los partidos de turno en la oposición que siempre hacían encarnizadas denuncias de la manipulación gubernamental del medio mientras daban los gritos de rigor sobre la impecable actitud de todos los trabajadores de RTVE resultaba inverosímil. Ni María Antonia Iglesias ni Alfredo Urdaci, por citar dos de los últimos casos, pese a estar dotados de grandes facultades, hubieran sido capaces de llevar a cabo las manipulaciones que se les atribuían si no hubieran contado con las ayudas de quienes anidaban en la plantilla. Ahora, después del ERE (Expediente de Regulación de Empleo) al que se han acogido muchos de los mejores con la consiguiente descapitalización humana, se inicia la nueva etapa con deudas saldadas de la denominada Corporación de RTVE. Se prepara el "Mandato-marco" que se quiere aprobar en el Parlamento en diciembre y después, al constituirse la próxima legislatura vendrá el "Contrato Programa". ¿Sucederá como con la BBC, cuyos conflictos son siempre con el Gobierno y nunca con la oposición?. Atentos. • |
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