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‘Número dos’ por Madrid El PSOE ya tiene candidato para la
presidencia del Gobierno y número uno en la lista de diputados por Madrid, José
Luis Rodríguez Zapatero. Obviamente no ha sido una sorpresa. Sí lo ha sido, sin
embargo la selección del número dos por esta provincia, un puesto mágico; es el
que se sienta a la diestra de Dios padre, como Rodrigo Rato de la mano de Aznar
y como quiere Alberto Ruiz-Gallardón con Mariano Rajoy. Felipe González en su
última legislatura trató de hacer milagros acompañándose de Baltasar Garzón,
que le dio la puntilla.
La elección de Solbes es significativa aunque a veces ser número uno por Toledo tiene también su importancia, sobre todo si el candidato se llama Pepe Bono y está destinado a presidir el Congreso. Teresa Fernández de la Vega, que pudo evitar estrellarse en la Alcaldía de Madrid a pesar de la insistencia del jefe, ha sido destinada ahora a combatir en territorio comanche, número uno por Valencia mientras el comando Rubalcaba aterrizará en Cádiz, por donde había combatido el añorado Perales. En el mitin de proclamación de Zapatero éste dio nombes. Destacó la “entrega, exigencia y rigor” de la vicepresidenta y citó a Alfredo Pérez Rubalcaba; a Jesús Caldera, a Bernat Soria y a José Blanco pero con quien se desparramó en elogios fue con el vicepresidente económico: “Tienen envidia en estos países –aseguró– de cómo ha ido la economía y cómo va a ir la economía española y nuestras cuentas públicas. ¿Y sabéis cómo han ido tan bién? Porque tenemos a un vicepresidente económico como Pedro Solbes. Pedro Solbes, creo que todos lo compartimos, nació para esto y es claro que todos queremos que siga en esto." En realidad aquello era, más que un elogio, el ofrecimiento ante miles de testigos de prolongar su contrato laboral por otros cuatro años, una Oferta Pública de Adquisición (OPA) muy amistosa, o si quieren ustedes una proposición de matrimonio ante el respetable. Solbes dio el sí, quiero en el Foro del diario ABC del pasado lunes y puso condiciones en los días sucesivos. Lo tomó como una reparación pública por las afrentas igualmente públicas recibidas. Esta vez quería que su contrato fuera con luz y taquígrafos para evitar la repetición del vía crucis: no intervino en el programa económico que elaboró Miguel Sebastián; la potente oficina que éste organizó en Moncloa se solapaba con sus responsabilidades y en algún caso, como el de la OPA sobre Endesa, actuó en sentido contrario a lo que él opinaba; se enteró por la prensa de compromisos de relevancia económica adoptados por ciertos ministros, etc. El independiente Solbes ocupará el escaño mágico; su gente elaborará el programa económico en el que no participa Sebastián (véase nuestra portada); se rebajará el nivel de la oficina de La Moncloa y ha exigido coordinar efectivamente el área económica del Gobierno y que se tenga en cuenta su opinión en la selección de ministros del área. La cuestión es si podrá coordinarlos. Los ministros, especialistas en colocar vallas al campo, marcan su territorio como los perros. La dificultad se agudiza cuando quien debe coordinar el gabinete es escasamente propenso a tan tediosa tarea y prefiere solazarse en las grandes abstracciones. Para superar este escollo, que ha afectado en mayor o menos grado a todos los presidentes de la democracia, se inventaron los vicepresidentes. Sin embargo, hasta el momento, el invento ha mostrado sus limitaciones. En la época de Suárez, Enrique Fuentes Quintana tuvo que abandonar el cargo ante la imposibilidad de coordinar a sus ministros, y Fernando Abril, que gozaba de las preferencias presidenciales, cayó victima del mal de altura que le hizo creer que podía suplantar al jefe . En la época de González, Alfonso Guerra se situó como “oyente” mientras que el superministro Boyer nunca consiguió elevarse a la condición vicepresidencial y Serra obtuvo el grado pero no el mando de tropa. Zapatero cuenta con dos vicepresidentes. Pedro Solbes no ha conseguido coordinar a los ministros del ramo mientras Teresa no ha intentado someter a nadie a su disciplina, aunque coordina exhaustivamente a los subsecretarios por cuya Comisión pasan todos los asuntos que llegaran al Consejo de Ministros. La clave está en que los ministros ostentan una tradición secular, administran presupuestos más amplios y disfrutan de ciertas competencias administrativas de las que no disponen los vices, que tienen que atenerse al favor del presidente y a su mano izquierda. |
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